Algunos automovilistas se molestan. Es una camioneta que está estacionada obstruyendo una parte de un carril. En un Huauchinango donde las calles son por demás estrechas y sinuosas, eso causa más molestia que en algún otro lado. Pero sucede que esta camioneta pertenece a unos rescatistas.
Se ignora de qué dependencia sean, pero está involucrada Protección Civil Municipal, y entre sus maniobras está la siguiente: buscar en un arroyo que cruza ahí, precisamente donde se estacionó la camioneta. Sí, están buscando al niño Liam Tadeo, el menor que desde las lluvias que afectaron a la Sierra entera, no ha aparecido.
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Algunas personas se acercan curiosas a ver. Otras comentan. Otros más mueven la cabeza negativamente como para decir: “No lo van a encontrar ya”. Pero los rescatistas no cejan. Metidos en las aguas negras del arroyuelo, buscan con sus herramientas en algún recoveco, el cuerpo del menor. Por obviedad es pensar que el menor pudiera ya estar sin vida y eso es lamentable, pero mucho más lamentable es la incertidumbre. El no saber dónde está, en donde quedó. En una de esas hasta podría estar vivo. Nunca se sabe.
Podríamos imaginar el dolor de los familiares, de los padres. Se lamenta la pérdida de un adulto, pero a final de cuenta, como se dice comúnmente: “Ya vivió”. Pero un niño…
De cualquier manera, es por demás loable la lucha que un ser humano puede hacer a favor de otro ser humano. Más allá de si perciben un sueldo o no, esa lucha por encontrarlo de parte de los rescatistas, merece muchos aplausos.
El niño Liam Tadeo vivía en la colonia Piedras Pintadas, una colina que el 9 de octubre se vino abajo arrastrando varias viviendas, entre ellas al niño y su abuela. Un hermano suyo logró salvarse. Su abuela también, pero Liam no. Ella apareció en un arroyo metros abajo. Liam no. Sus padres, Giovanni y Abigail quieren verlo, como esté, quieren darle cristiana sepultura.
Pero a casi dos meses de la tragedia, el cuerpo no aparece. ¿Qué pasó con Liam? Es la pregunta que todos nos hacemos. Ya no hay ningún desaparecido, salvo él.
Liam quería ser microbusero, como su padre que había regresado de los Estados Unidos donde se había ido de mojado para manejar un microbús. Tenía seis años. Sigue sin aparecer.