Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El nuevo anticomunismo

La renovada retórica anticomunista como pretexto para el colonialismo de siempre

Ivanhoe García Islas

Compositor, poeta y educador en artes y humanidades. Licenciado en Música (BUAP), Maestro en Ejecución Musical (CMPM) y estudios de Maestría en Estética y Arte. Analista social desde una perspectiva que combina la sensibilidad artística y el pensamiento crítico.

Viernes, Noviembre 14, 2025

La proclamación de Donald Trump que declaró la primera semana de noviembre como "Semana Anticomunista" recurre a la gastada retórica sobre los “horrores del comunismo” mientras omite deliberadamente el saldo criminal del sistema que defiende. Trump afirma que "ningún sistema de gobierno puede reemplazar la voluntad y la conciencia de un pueblo libre" [1], precisamente el mismo argumento que Washington despliega cada vez que orquesta operaciones para derrocar a gobiernos que no se alinean a su voluntad ni a sus intereses.

Mientras firma esta proclama, su administración despliega buques de guerra cerca de costas venezolanas y anuncia operaciones militares en África occidental para garantizar el acceso a recursos minerales estratégicos.

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La proclamación de Trump atribuye, sin otorgar ninguna prueba, más de cien millones de muertes al comunismo sin mencionar las cifras catastróficas del capitalismo. Las guerras coloniales y neocoloniales del siglo XX dejaron decenas de millones de muertos; la guerra de Vietnam costó más de tres millones de vidas, las intervenciones en Medio Oriente desde 1990 han causado directa e indirectamente la muerte de más de un millón de personas, el genocidio en Guatemala respaldado por Estados Unidos asesinó a más de doscientos mil indígenas, la Operación Cóndor en América Latina dejó setenta mil muertos y cuatrocientos mil presos políticos.

Estados Unidos sigue siendo el único país que ha lanzado bombas atómicas contra población civil, incinerando instantáneamente a más de doscientas mil personas en Hiroshima y Nagasaki.

Las dos guerras mundiales que devastaron Europa y ocasionaron, ahí sí, más de cien millones de muertos fueron conflictos iniciados entre potencias capitalistas e imperiales disputándose mercados, colonias y hegemonía. El colonialismo europeo en África, Asia y América causó genocidios masivos cuyas víctimas se cuentan por decenas de millones. El capitalismo contemporáneo es heredero directo de esa estructura colonial.

La proclamación alerta contra "nuevas voces que ahora repiten viejas mentiras, vistiéndolas con el lenguaje de 'justicia social' y 'socialismo democrático'" [2].  El documento presupone que los pueblos bajo sistemas comunistas nunca eligieron sus propias formas de gobierno, bajo esta lógica sólo el modelo estadounidense constituye una elección legítima, cualquier alternativa resulta necesariamente una imposición maligna.

Estados Unidos mantiene la población carcelaria más numerosa del planeta tanto en términos absolutos como per cápita, con más de dos millones de personas encarceladas, muchas en prisiones privadas que lucran con trabajo forzado y fondos estatales. El país más endeudado de la historia mundial, con una deuda superior a treinta y cinco billones de dólares, proclama defender la prosperidad mientras millones de ciudadanos carecen de acceso a servicios de salud básicos.

La Semana Anticomunista apela a valores universales mientras justifica estructuras de dominación donde los centros hegemónicos determinan qué formas de organización política resultan legítimas y qué gobiernos merecen existir.

El genocidio en Gaza representa la expresión contemporánea más cruda de la violencia capitalista, más de sesenta y siete mil palestinos han sido asesinados en dos años, la mayoría mujeres y niños, el cinismo es tal que se muestra un genocidio casi en tiempo real y los victimarios son presentados como victimas que ejercen su derecho a defenderse. Israel opera como enclave colonial sostenido por miles de millones de dólares estadounidenses anuales, Palestina es un laboratorio de tecnologías de control y exterminio que luego se exportan globalmente, mientras los gobiernos que lo financian hablan de derechos humanos.

La retórica anticomunista oculta la violencia inherente al capitalismo, hambrunas causadas por especulación financiera, crisis climática como consecuencia de la acumulación ilimitada, invasiones coloniales por recursos naturales, endeudamiento forzado de las naciones que perpetúa la dependencia colonial y la expoliación brutal en cuerpos y territorios. La proclamación de Trump pretende manufacturar el consentimiento del pueblo norteamericanos para futuras intervenciones militares bajo el gastado pretexto humanitario.

El fascismo avanza globalmente con discursos que combinan ultranacionalismo, militarismo y demonización del otro, Orbán en Hungría, Milei en Argentina, Meloni en Italia, la extrema derecha en Francia, Alemania y México comparten esta retórica anticomunista que criminaliza cualquier oposición al orden neoliberal. Históricamente el anticomunismo ha funcionado como puerta de entrada al fascismo, justificando la supresión de derechos laborales, la persecución de movimientos sociales, la militarización de la vida cotidiana. Trump recicla la propaganda de la Guerra Fría mientras construye las condiciones materiales para la represión interna y la agresión externa.

Declarar una semana anticomunista mientras se intensifica la presencia militar norteamericana en múltiples regiones es la preparación ideológica para guerras coloniales disfrazadas de liberación. Quienes conservamos memoria histórica sabemos que esta retórica precede a las bombas, y que el fascismo que avanza globalmente encuentra en el anticomunismo su coartada moral más conveniente.

Referencias
[1], [2] Trump, D. J. (7 de noviembre de 2025). Proclamación Presidencial: Semana Anticomunista. Washington, D.C.: La Casa Blanca.

 

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