Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Un frente amplio para restablecer la República

Convocatoria a un Frente Amplio para una Nueva República ante el autoritarismo de la 4T

Roberto Borja

Economista y politólogo. Ha sido profesor e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México, Universidad Autónoma Metropolitana y de la Universidad Autónoma de Puebla. Director del suplemento Cambio de Rumbo del STUNAM y miembro del Consejo Consultivo de Save Democracy.

 
 
 
 

Miércoles, Octubre 29, 2025

Bajo la presidencia de Claudia Sheinbaum se ha consolidado la restauración de la vieja República autoritaria que inició su antecesor Andrés Manuel López Obrador. Ahora ha quedado claro que esa vieja República (con la restauración del presidencialismo imperial o despótico), es el obstáculo principal para la conquista de la democracia plena en México.

Fue precisamente esa vieja república la que devoró al incipiente proceso de democratización que apenas y pudo lograr el ideal del sufragio efectivo y la alternancia de partidos en el gobierno, pero que, al no llevar a cabo la reforma social y democrática del Estado, incubó a un movimiento de reacción política investido con los ideales populares que, primero eliminó los contrapesos y los órganos autónomos, para después restaurar las viejas estructuras institucionales del Estado autoritario.

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No satisfecha con eso, la llamada cuarta transformación, con la increíble complicidad de la vieja izquierda, no se ha detenido en la restauración del viejo orden autoritario, sino que ya ha planteado que quiere ir más allá, hacia el establecimiento de un control absoluto, político y militar, de la sociedad y de las personas, amparada en su mayoría electoral.

El segundo piso de la cuarta transformación casi ha terminado de construir el esqueleto institucional de la autocracia. Solo falta la nueva ley electoral que, lo sabemos, estará encaminada a minimizar los riesgos para la reproducción de su poder. Con ella todo estará dispuesto para el desarrollo de su musculatura por medio de su ejercicio creciente y que puede desembocar en una dictadura formal.

La nueva autocracia ha sido el resultado de un montaje de opereta, mediante la fantasía de oponer a liberales contra conservadores, con una ideología vacía de contenido a la que llaman humanismo mexicano y que no conduce a nada sólido puesto que carece de objetivos, a no ser los del mantenimiento del poder mediante las finanzas del Estado, pero con metas de crecimiento nulo. Y a ello le llaman el nuevo modelo de economía moral.

Y ¿Para qué tanto poder? Para mantener a toda costa el TLC y el esquema macroeconómico consolidado desde Zedillo. Las acciones marginales que permitieron aminorar la pobreza en algunos puntos porcentuales se derivaron de la propia filosofía del tratado, como las reformas a la justicia laboral, y otras que inicialmente fueron propuestas por académicos y emprendedores, como el aumento al salario mínimo.

Tales acciones complementaron a las políticas asistenciales de reparto monetario, lo que se tradujo en el único logro que pudieron propagandizar y que nadie pudo negar: aumentar el ingreso en el bolsillo de muchos y fortalecer el mercado interno a partir del aumento del consumo. Quizá otro acierto simbólico, pero igualmente con costos reales enormes, fueron los proyectos del sureste.

Movimiento de regeneración le llamaron, pero todo lo que prometieron no lo han cumplido e incluso intensificaron lo peor: violencia, inseguridad, impunidad, corrupción, en medio del cinismo creciente en el irrespeto de la ley de arriba hacia abajo. El fracaso moral es descomunal.

Desde que empezaron los tiempos de la sucesión presidencial, el gobierno violó la ley con las campañas anticipadas y después, con el ejercicio arrebatador del poder, cambiando la Constitución a su antojo, y culminando con las elecciones ridículas y fraudulentas del Poder Judicial, las reformas para reforzar la seguridad con mando militar, la legislación contra la libertad de expresión y la reforma electoral que se avecina.

Ya es un secreto a voces el grado de penetración del crimen en todos los niveles del Estado (que Porfirio Muñoz Ledo denunció como contubernio) y su dominio directo de varias zonas del territorio nacional. Y para ello no se necesitan pruebas documentales pues existe la evidencia de su poderío político, militar, financiero, cultural, además del territorial.

La República tiene que ser restablecida y renovada. Una nueva República que deje atrás el autoritarismo y el desprecio por la ley. Existen muchas de las condiciones objetivas y subjetivas para triunfar en el mediano plazo, por lo menos en cuanto hace a la derrota formal de la 4T, como un primer paso para el inicio de su construcción en 2030.

Los escenarios para la 4T no son tan alentadores como podrían verse si solo se toma en cuenta lo inmediato. Los mejores niveles de ingreso en el bolsillo de muchas familias permitieron dispensar los malos y pésimos resultados en otras áreas de las políticas públicas, sobre todo en salud y en seguridad, por no decir en educación, infraestructura y muchas otras.

Las contradicciones entre los grupos han dejado ver no sólo que existen, sino que siguen obedeciendo al jefe político de la 4T y no a la presidencia. Por su parte, el legislativo se ve más que nunca subordinado al ejecutivo y/o a la jefatura del movimiento, sin valor propio. La gestión del Senado causa vergüenza nacional e internacional y los diputados se reducen a su papel de simples levanta dedos.

En el desempeño de la 4T en los estados varios gobernadores están produciendo resultados sumamente negativos y decepcionantes para sus seguidores y aparecen como corruptos, autoritarios, incapaces e inoperantes.

Por último, las perspectivas de crecimiento económico prácticamente cero y de estancamiento, pondrán a prueba las finanzas del Estado y, con ellas, los cimientos mismos del edificio del poder despótico, supuestamente de la mayoría.

Para desmontar las instituciones de la autocracia y revertir el creciente autoritarismo será necesario una Nueva República, fundada en la ciudadanía libre y en la eliminación del presidencialismo imperial, piedra angular de la vieja república.

La Nueva República ya vive en esa ciudadanía libre que se expresó en las protestas cívicas de la llamada marea rosa, en las aspiraciones de justicia de las madres buscadoras, en las manifestaciones de las mujeres que exigen de un nuevo mundo abierto a su presencia y su vida plena sin miedo o discriminación, en los jóvenes que reclaman la sustentabilidad y mejora del planeta para hacerlo más habitable. Pero, sobre todo, la Nueva República ya vive en la aspiración de la sociedad para liberarse de los controles del gobierno y para hacer que el gobierno funcione para todos, como iguales con los mismos derechos, y no se convierta en la causa del enfrentamiento ni de la división entre los mexicanos.

La Nueva República ya vive en la aspiración para hacer de México un país de ciudadanos libres y no de súbditos o siervos de la nación. En otras palabras, la Nueva República ya vive porque tiene claro el programa a realizar: la democracia, el Estado de derecho, la reforma social, el crecimiento y el desarrollo sostenible y sustentable, económico, social y cultural, como resultados de la propia acción de la sociedad y ya no tutelados por un Estado que, como camisa de fuerza, impide la libre expresión de sus capacidades y aspiraciones, principalmente el presidencialismo y las leyes e instituciones de control corporativo y político que impiden el surgimiento y desarrollo de una ciudadanía libre.

No se necesita un proyecto alternativo de nación. Lo que se necesita es una Nueva República Democrática como la patria de todos. Y para ello será necesario construir un frente amplio de partidos políticos y organizaciones ciudadanas y ciudadanos libres, mediante la elección en primarias, de las mejores mujeres y hombres para integrar el gobierno de la Nueva República, a partir de la capacidad y el prestigio de las personas y no de las cuotas de cada partido por encima de la coalición.

Por supuesto que muchas cosas pueden y deberán hacerse antes del 2030, sobre todo eliminar la falsa mayoría en la Cámara de Diputados y organizar la resistencia ciudadana al autoritarismo político. Pero para darle fuerza a esa resistencia y dotarla de la certeza de la posibilidad de su triunfo, el objetivo de la Nueva República es el que creemos que está al alcance de todas y todos y al que orientaremos nuestros esfuerzos.

 

 

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