La conmemoración del 57º aniversario de la masacre de Tlatelolco partió, como cada año, desde la Plaza de las Tres Culturas hacia el Zócalo capitalino de la Ciudad de México. Convocada por el Comité 68 Pro Libertades Democráticas, reunió a unas 10 mil personas, entre ellas unos 350 integrantes del Bloque Negro, según datos oficiales.
La movilización transcurrió en orden hasta que, al avanzar por Eje Central, donde un grupo de encapuchados se separó y realizó actos violentos: quema de materiales, uso de bombas molotov, robo en catorce joyerías y establecimientos, daños al Centro Cultural Universitario Tlatelolco y agresiones a elementos policiacos. No es la primera vez que actúan así, pero sí la ocasión con mayor cantidad de ilícitos, robos millonarios y violencia anárquica. A juzgar por las declaraciones de las autoridades, tampoco será la última, pues se sigue privilegiando el discurso de “abrazos” frente a la acción legal, en detrimento de la policía capitalina que fungió como blanco de agresiones.
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La Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) desplegó unos 500 elementos —antiguos granaderos— para resguardar la marcha, pero fueron rebasados por los 350 miembros del Bloque Negro. Se reforzó entonces el operativo hasta alcanzar 1,500 efectivos, muchos sin la capacitación ni el equipo adecuado. El saldo fue de 94 policías lesionados —tres graves— 29 civiles atendidos y solo una persona detenida por robo. Mil quinientos elementos desplegados y un solo detenido: un balance desalentador que afecta la moral y el espíritu de cuerpo de la SSC.
El 6 de octubre, cerca de 500 policías en activo, jubilados y familiares protestaron contra sus mandos por decisiones erróneas que pusieron en riesgo sus vidas. Denunciaron deficiente planeación, falta de equipo y protocolos ineficaces, además de exigir que no se les reprima por expresar su inconformidad. Un agente resumió el sentir general: la policía debe actuar conforme a la ley, no a intereses políticos.
Anarquistas y Bloque Negro
Estos grupos radicales —inicialmente anarquistas que realizaban actos simbólicos contra el neoliberalismo, la globalización y el maltrato animal— fueron en su momento alentados por el PRD, hoy Morena, y solían aprovechar manifestaciones sociales para introducir su propia agenda violenta.
El 1 de diciembre de 2012, durante la toma de posesión de Enrique Peña Nieto, el Bloque Negro hizo su primera aparición. Las protestas convocaron a colectivos como #YoSoy132, la CNTE y feministas, con un saldo de 100 heridos y 100 detenidos que fueron liberados por decisiones políticas impulsadas por la oposición de entonces hoy en el poder. Aquellos sucesos pueden considerarse el origen de este tipo de agrupaciones.
A diferencia de los movimientos estudiantiles o sociales con demandas concretas, el Bloque Negro actual no enarboló consignas políticas ni reivindicó las causas del 68. Su acción fue puramente destructiva: vandalismo, ataques a cuerpos de seguridad y agresiones indiscriminadas. Las viejas proclamas antineoliberales carecen de sentido bajo un gobierno de izquierda con el que supuestamente comulgan. Surge entonces la pregunta: ¿por qué el desbocamiento criminal?
Actuación policial
Nadie desea repetir la tragedia de 1968 ni reprimir manifestaciones pacíficas, como ha reiterado la presidenta Sheinbaum. Sin embargo, lo ocurrido el 2 de octubre no fue una protesta pacífica: fue un ataque al corazón de la ciudad y al orden público. Y eso no debe volver a suceder.
Las protestas policiales posteriores evidencian fallas graves en inteligencia, planeación y ejecución. No se previó que el Bloque Negro actuara con tal grado de organización y violencia, lo que resultó en casi un centenar de lesionados, entre policías, reporteros y ciudadanos. Aun con reconocimientos públicos, los elementos sienten frustración al operar con manos atadas y sin ejercer el uso legítimo y proporcional de la fuerza. Este escenario debilita su función institucional: proteger a la ciudadanía y a sí mismos.
Se espera que las al menos 15 carpetas de investigación abiertas por actos violentos atribuidos al Bloque Negro tengan pronto avances reales. Solo así se podrá castigar a los responsables y enviar un mensaje claro de que la impunidad no es tolerable.
Nunca más otro 68
En 1968, el Ejército mexicano reprimió a estudiantes que exigían libertades democráticas, en el contexto de los Juegos Olímpicos. Hoy, en cambio, no hubo presencia militar: solo intervino la SSC, por lo que no hay paralelismo posible entre ambos hechos.
Los integrantes del Bloque Negro no tienen afinidad con los jóvenes del 68 del IPN y la UNAM, cuyo movimiento se conectaba con el espíritu libertario del mayo francés. De ahí la importancia de que los organizadores de la marcha se deslinden de esos actos vandálicos.
México enfrenta hoy preocupaciones legítimas sobre el debilitamiento democrático y los ataques a las libertades, en especial la de expresión. Pero el Bloque Negro no reivindicó ninguna de esas causas. Por ello, atribuir los hechos a la “derecha” o a “grupos conservadores” es muy arriesgado. Si esa hipótesis fuera cierta, las fiscalías federal y capitalina cuentan con los medios legales para investigar y presentar pruebas. No obstante, difícilmente habrá avances si solo existe un detenido.
Posdata. Destaca el paro de labores en diversas unidades de la UNAM tras el homicidio de Jesús Israel en el CCH Sur. Estudiantes y docentes exigen seguridad ante la violencia creciente, incluso la propagada en redes sociales. Las amenazas digitales han generado un clima de incertidumbre que converge simbólicamente con los sucesos del 2 de octubre: ambos expresan un malestar profundo ante la violencia y la impunidad que persisten en el país.