El 12 de septiembre de 2025 fue detenido en Asunción, Paraguay, a petición del gobierno mexicano, Hernán Bermúdez Requena, alias comandante H: exsecretario de Seguridad y Protección de Tabasco y, al mismo tiempo, líder del grupo criminal La Barredora, vinculado al Cártel Jalisco Nueva Generación.
La captura, resultado de una investigación conjunta entre autoridades paraguayas y mexicanas, reveló que Bermúdez intentó instalar una red criminal en Paraguay. Pese a ello, no se le abrió un procedimiento judicial en ese país.
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La detención constituye un logro mayúsculo que merece reconocimiento a los gobiernos de México y Paraguay. No debe perderse de vista que se trata de uno de los criminales más afamados de los últimos años- quizá el más relevante- por su vínculo personal y político incómodo: su cercanía con Adán Augusto López, exsecretario de Gobernación, actual senador y amigo íntimo del expresidente López Obrador, quien lo llamaba “mi hermano”. Los secretarios de ese ramo suelen ser poderosos a partir de considerarse uno de los personajes mejor informados del país, solo detrás del presidente de la República.
Por esa razón, la captura de Bermúdez resulta más explosiva que la reciente detención de 14 implicados en el escándalo del “huachicol fiscal” —entre ellos un vicealmirante sobrino del exsecretario de Marina—, caso que, aunque implica un desfalco histórico de más de 150 mil millones de pesos -que podrían aumentar- carece de la carga política y simbólica que entraña la presunta relación criminal entre Bermúdez y Adán Augusto.
El aseguramiento del comandante H y sobre todo el vuelo que lo trajo desde Paraguay ha concitado un cúmulo de especulaciones y comentarios, debido en gran parte, a una errática estrategia diplomática y de comunicación del gobierno mexicano, que abrió las puertas a todo tipo de especulaciones ante los vacíos de información.
La ruta accidentada
Bermúdez había renunciado a su cargo el 3 de enero de 2024 y permanecía prófugo, a salto de mata. Salió de México el 26 de enero de 2025, días antes de que se giraran órdenes de aprehensión en su contra en Tabasco (febrero) y a nivel federal (septiembre), por asociación delictuosa, extorsión y secuestro.
El 13 de septiembre, el gobierno paraguayo emitió un comunicado titulado “Golpe al crimen transnacional”, en el que informó que el arresto se realizó en cooperación estrecha con el CNI mexicano. También confirmaron que Bermúdez había ingresado clandestinamente desde Brasil y vivía en Paraguay de forma irregular.
Extradición o expulsión: el viraje sospechoso
Inicialmente, Paraguay informó que el detenido se había opuesto a la expulsión inmediata y se acogía a un proceso de extradición, solicitado formalmente por México. Esto significaba un juicio lento, de meses, con posibles apelaciones, que lo alargarían aún más.
Sin embargo, cinco días después, en un giro inesperado, el mismo gobierno optó por expulsarlo y entregarlo directamente a México, que se desistió de la extradición. Un procedimiento expedito, pero lleno de interrogantes:
- ¿Por qué, si se sabía de su estancia ilegal en Paraguay, no se pidió la expulsión desde el inicio?
- ¿Qué explica los cinco días de retraso en la definición del mecanismo?
- ¿Existió un interés en dilatar un caso con potencial de detonar la mayor bomba política en décadas?
La Embajada y la Cancillería mexicana brillaron por su ausencia. No hubo un comunicado oficial claro, sino una serie de fotos y videos filtrados a la prensa, lo que abrió la puerta a especulaciones.
El vuelo más largo
El 17 de septiembre, Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, anunció el traslado de Bermúdez en un avión de la FGR con matrícula XB-NWD. El arribo parecía inminente, ya que la aeronave cuenta con suficiente autonomía de vuelo para volar directamente de Paraguay a México. Se esperaba su arribo el mismo 17 o en la madrugada del 18 de septiembre.
Pero el vuelo se convirtió en una odisea: escalas en Bogotá y Tapachula, más de 29 horas de trayecto, según datos aportados por la aplicación Flightaware. Sin explicación oficial, la demora dio pie a versiones inverosímiles y de todo tipo: desde un supuesto intercambio del detenido, hasta negociaciones secretas con funcionarios para pactar impunidad y que el asunto no ascienda más.
No conocimos por ninguna autoridad que pasó en las 11 horas de escala en Bogotá y las 6 que se registraron en Tapachula y que difícilmente tendrían una razón técnica de la aeronave o del clima. Entonces, surgen algunas preguntas:
- ¿Qué ocurrió durante esas 17 horas?
- ¿Habló alguien con Bermúdez?
- ¿Con qué propósito?
Una hipótesis podría ser que se buscó retrasar su llegada para no opacar la visita oficial del primer ministro canadiense Mark Carney a México. De ser así, el efecto fue el contrario: el vacío de información alimentó teorías conspirativas y reforzó la percepción de que el proceso está manipulado para proteger a Adán Augusto.
La política exterior tampoco queda exenta de sospechas. Y como en toda la historia reciente de México, la sombra del Tío Sam siempre presente. Para algunos analistas esta iniciativa del gobierno mexicano es vista como consecuencia de las presiones y exigencias de Trump. Para otros, es una acción de Sheinbaum para desmarcarse de su antecesor y conseguir autonomía. Es posible que sean ambas, pero eso lo sabremos próximamente cuando se decida si Adán es expulsado del paraíso terrenal.
Posdata. Hoy, los casos del huachicol fiscal y de La Barredora parecen entrelazarse. Ambos exhiben un mismo patrón de permisividad y complicidades políticas de alto nivel con redes criminales. Dos caras de una corrupción sistémica que marcó al sexenio pasado.
Y como en la vieja sentencia, todos los caminos de esta putrefacción parecen llevarnos a… Roma. ¿Alguien pensó en otro lugar?