Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Un Grito de Independencia diferente

El gobernador Moreno Valle y el presidente Eduardo Rivera no se saludaron, ni siquiera se miraron

Miguel Ángel de la Rosa

Político, abogado y contador público certificado. Nacido en Puebla. Como periodista ha sido colaborador en radio, televisión y periódicos locales. Como político ha sido Presidente Estatal del PRD. Funcionario en los poderes ejecutivo y legislativo federal y estatal.

 
 
 
 

Martes, Septiembre 16, 2025

Tuve el gusto de ser invitado al Palacio Municipal de la ciudad de Puebla el 15 de septiembre de 2011 para asistir a la ceremonia del Grito de Independencia, y como siempre acostumbro en este festejo anual, me vestí a la usanza charra, deporte que practico (charrería) desde hace varios años por lo que soy “charro”.

En consecuencia, tengo atuendos reglamentarios como lo dicta la Federación Mexicana de Charrería y que clasifica el traje charro en cuatro categorías: el de faena, media gala, gala y el de gran gala.

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El de Faena: Puede ser un traje completo, pero austero o simplemente compuesto por pantalón, camisa, botas, corbatín de color oscuro y un sombrero jarano de cuatro pierdas y resistente. Adecuado para competiciones.

Media gala: Debe ser un traje completo, pero menos austero que el de faena compuesto por pantalón, camisa, botas, corbatín de color oscuro, chaleco o saco y un sombrero jarano de cuatro piedras y resistente. Es apto para montar.

Gala: Debe ser traje completo y puede ser de otro color que el negro, de paño fino, adornado con botones de plata y con las mismas condiciones que el anterior. Usado en ceremonias, desfiles, fiestas, ceremonias civiles, apto para montar.

Gran Gala: Totalmente negro desde el mismo sombrero, de prenda fina, botones de plata, pajarita blanca, negra o roja, botas de gamuza o charol, camisa blanca y canana del mismo color de los zapatos. Este traje solo se usa en ceremonias importantes y no es apto para montar. 

Como la ceremonia lo ameritaba fui vestido de gala. Y por mi vestimenta no tuve ningún problema para acceder hasta los primeros lugares para ser testigo del festejo en ese año 2011 donde se celebraba el inicio de la guerra de nuestra Independencia y fui felicitado por los demás asistentes por lo bien que se ve el porte mexicano.

Ese privilegiado lugar me permitió ver hasta los más mínimos detalles de ese acontecimiento. Primero llegó el presidente municipal, el panista Eduardo Rivera y su esposa Liliana Ortiz. Ambos me saludaron en forma afectuosa -no quiero presumir que son mis amigos., aunque siempre su trato ha sido cordial.

Lo que más me pareció extraño, es que casi a la hora pactada para dar el Grito, llegó el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas en compañía de su esposa Martha Erika Alonso y sin saludar a los anfitriones se dirigió al palco central para dar inicio a la ceremonia.

Habitualmente el anfitrión, que es el presidente municipal, espera en la entrada al invitado de honor, es este caso al gobernador del estado, y como es costumbre en Puebla capital y como dicta el protocolo en los municipios donde se instale el Poder Ejecutivo le corresponde a él realizar este acto festivo.

El gobernador Moreno Valle se dirigió hacia el palco principal y de inmediato inició la ceremonia sin que estuvieran los anfitriones Eduardo Rivera y su esposa a su lado. Clarito escuché cuando Liliana Ortiz le dijo al presidente municipal Eduardo Rivera ¿qué hacemos?, a lo que él contestó: “Caminemos al palco principal”; y se instalaron ambos al lado derecho del gobernador. Este momento se registró cuando ya había empezado la arenga.

Una vez que terminó, el gobernador y su esposa se dieron la media vuelta y salieron del recinto sin despedirse.

¡Vaya episodio para el anecdotario de nuestro estado! Los protagonistas del festejo no se saludaron y no se despidieron, es más, ni siquiera se miraron. El distanciamiento era obvio y las consecuencias fueron evidentes a lo largo de esos tres años, del 2011 al 2013.

Nunca hubo una buena relación entre el gobernador del estado y el presidente municipal de Puebla en ese periodo. Y fui testigo de las consecuencias de ese conflicto, no solo esta vez, sino que muchas otras veces.   

 

 

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