Se llevó a cabo la reunión de la Organización de Cooperación de Shanghái del 31 de agosto al 1 de septiembre de este año. Es el mayor evento diplomático del año en China, y reunió a líderes mundiales como el presidente de Rusia, Vladimir Putin, el primer ministro de la India, Narendra Modi, y el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdoğan.
Se trata de un evento muy relevante por el posicionamiento que están tomando estos líderes mundiales ante las embestidas unilaterales, amenazantes y aislacionistas de EE. UU. y de Donald Trump. No participaron Estados, ni Japón ni la Unión Europea. Este encuentro se aleja, intencionalmente, de la influencia del orden internacional impulsado por Occidente. De todas formas, se trató de un encuentro multilateral que nos ayuda a visualizar los nuevos juegos en el equilibrio del poder global.
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En efecto, Trump se ha ido alejando, paulatinamente, de esos momentos emblemáticos que tanto le gustan presumir. Europa y Ucrania ya están comenzando a trabajar por su propia cuenta para garantizar su seguridad. India se acerca a China, y las dos naciones comparten fotos con Rusia y Corea del Norte. Trump está al margen por que su política exterior rechaza el liderazgo de su nación en los asuntos mundiales.
El líder chino, Xi Jinping, aprovechó para un ataque velado contra Estados Unidos este lunes al criticar sus “prácticas intimidatorias”. “Las reglas de unos pocos países no deben imponerse a otros”, declaró Xi Jinping ante más de veinte líderes mundiales reunidos en una cumbre de dos días.
La cumbre fue orquestada para destacar el liderazgo global de China y su estrecha y duradera alianza con Rusia. Es cierto, es una alianza vigente y que está más bien inspirada en aislar a Estados Unidos. Lo que ocurre es que ambos vecinos buscan reequilibrar su poder mundial y proponen arreglos multilaterales, todo lo contrario de Estados Unidos y sus aliados. China y Rusia también sufren el embate de sanciones económicas y de los aranceles, y encuentran en el multilateralismo con el sur global, una oportunidad para paliar esos dilemas económicos.
En la cumbre, Xi Jinping prometió 280 millones de dólares en subvenciones a los estados miembros de la OCS este año, y 1.400 millones de dólares adicionales en préstamos a un consorcio bancario de la misma organización durante los próximos tres años.
Previamente, los líderes de China e India se habían reunido para consolidar sus relaciones diplomáticas. En ambos casos, se trató de una reacción frente a las sanciones comerciales impuestas por Donald Trump. Este encuentro fue histórico y, en particular, marca un distanciamiento entre la India y Estados Unidos, algo no previsto en meses pasados.
En el contexto de la cumbre, Xi Jinping presentó una nueva Iniciativa de Gobernanza Global que sirven como un esbozo general de su visión de un orden internacional renovado. “Espero trabajar con todos los países por un sistema de gobernanza global más justo y equitativo”, declaró Xi Jinping, comprometiéndose a aumentar la representación y la voz de los países en desarrollo y a practicar el multilateralismo, para promover al Sur Global. Sus palabras fueron claras: “Debemos seguir derribando muros, no erigiéndolos; buscar la integración, no la disociación”, añadió.
China está tratando de contrarrestar un orden mundial liderado por Estados Unidos, y se opone a las alianzas como la OTAN que, desde la mirada china, existen para imponer un sistema basado en normas de Occidente. Esto coincide con los intereses geopolíticos de Rusia.
También propone reestructurar el poder en la ONU y otros organismos que considera injustamente dominados por EE. UU. y Europa. Esto coincide con los intereses de India, Brasil y Sudáfrica, países que junto a China y Rusia crearon el bloque de los BRICS en 2009. Todo esto, pone en predicamento la alianza occidental que ha decaído en sus ímpetus multilateralistas.