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OPINIÓN

El asesino como ícono: mitología de la crueldad

De Bonnie & Clyde a Jack el Destripador: por qué el crimen fascina al imaginario moderno

Nelson Loranca y Campos

Licenciado en Derecho por la IBERO Puebla, maestro en Derecho (USAM) y doctor en Derecho en Ciencias Penales y Juicios Orales (USA). Magistrado Federal por el 28 Circuito. Es académico y columnista.

Viernes, Agosto 15, 2025

Un vuelo de Air France de París a Londres en 1984 sería testigo de uno de los momentos más icónicos de la moda del lujo.

La actriz y cantante inglesa Jane Birkin se encontraba al lado de Jean-Louis Dumas, gerente de Hermès. En algún momento, se le cayeron las cosas de su bolso al suelo. —Deberías usar uno con bolsillos —dijo Dumas a la actriz. —Cuando Hermès haga uno con bolsillos, lo tendré —respondió ella. Y él replicó: —Hermès soy yo, y voy a hacértelo.

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A partir de ahí, Birkin hizo un par de sugerencias: —¿Por qué no diseñas un bolso más grande que el Kelly pero más pequeño que la maleta de Serge? Dumas le pidió que lo dibujara. Jane lo hizo con el dedo sobre la tapa de su propio bolso, y Dumas dijo: —Cuenta con él.

Así nació el Birkin, el bolso más icónico de la historia de la moda. Pero Jane Birkin no solo inspiró accesorios de lujo: durante doce años fue musa de Serge Gainsbourg, la superestrella del pop francés.

Años antes, en el otoño de 1967, Gainsbourg vivió un romance breve y apasionado con Brigitte Bardot, ícono eterno del cine y la moda. En su primera cita, el músico enmudeció, acaso por los nervios o el alcohol —del que era un devoto habitual—. Aquello fue un desastre. Sin embargo, al día siguiente, Bardot lo llamó: —Quiero que me escribas la canción de amor más hermosa que puedas imaginar.

Esa misma noche, Serge escribió Bonnie and Clyde.

Serge y Bardot, creada con Sora, agosto 2025.

La canción es una evocación lírica de la famosa pareja criminal estadounidense formada por Bonnie Parker y Clyde Barrow, quienes se estima mataron al menos a nueve personas. Las letras ofrecen una narración íntima y romántica de sus vidas, acciones y las implicaciones sociales de sus crímenes.

La historia de Bonnie y Clyde ha cautivado al público durante décadas. Ha sido retratada en numerosas películas, libros y canciones. En la escena musical, Jay-Z y Beyoncé, Eminem y Taylor Swift han creado piezas inspiradas en esta pareja criminal.

En el corazón de nuestra cultura, tan fascinada por el diseño como por la violencia ritualizada, hay una figura que regresa con persistencia inquietante: el asesino serial.

¿Por qué estas historias atraen tanto a las audiencias?

El criminólogo Scott Bonn, en su libro Por qué nos gustan los asesinos en serie: el curioso atractivo de los asesinos más salvajes del mundo, sostiene que el interés reside en la naturaleza incomprensible de estos crímenes. La necesidad de entender cómo alguien puede cometer actos tan horrendos contra completos desconocidos genera una fascinación morbosa en el espectador.

Según Bonn, la ficción ha contaminado la realidad: “la identidad socialmente construida de los asesinos en serie no distingue entre depredadores reales como Ed Kemper o Jeffrey Dahmer, y los ficticios como Hannibal Lecter o John Doe en la película Seven”.

Pero la figura del asesino múltiple no es nueva. La historia está repleta de episodios atroces: Giles de Rais, considerado el primer asesino serial documentado, fue declarado culpable del asesinato de más de 140 niños y ejecutado en 1440 en Nantes, Francia. También está Elizabeth Báthory, condesa húngara acusada de asesinar a más de 600 mujeres. Sin embargo, ninguno ha calado tan hondo en la cultura occidental como Jack el Destripador, quien sembró el terror en Whitechapel en 1888. Su identidad jamás se confirmó, y se convirtió en la primera gran obsesión criminal del mundo moderno y el asesino serial por naturaleza.

¿Qué lleva a una persona a cruzar la línea de la moral social para cometer atrocidades?

Diversas teorías intentan explicar la psique de estos criminales. Entre ellas destaca la de la psiquiatra Dorothy Otnow Lewis, quien a lo largo de su carrera entrevistó a asesinos de alto perfil: Mark David Chapman (asesino de John Lenon), Joel Rifkin (asesinó a 9 mujeres), Ted Bundy (el FBI le comprobó 36 homicidios de mujeres jóvenes), Arthur Shawcorss, (mató a 14 mujeres y 2 niños en Nueva York) y Billy Miligan diagnosticado con trastorno de identidad disociativo.

Ted Bundy, creada con Sora, agosto 2025

Lewis descarta que estos individuos nazcan siendo "monstruos". Rechaza la idea de la maldad pura y argumenta que muchos padecen trastornos disociativos. Su cerebro crea identidades alternativas para proteger a la personalidad original del trauma, permitiéndoles disociarse del dolor presente y del pasado. Desde esa perspectiva, muchos de ellos deberían ser considerados enfermos mentales graves, inaptos para recibir la pena de muerte.

Sostiene que cuando combinas una predisposición a la psicosis o algún tipo de disfunción cerebral sumado a un historial de abusos horribles prematuros y continuos obtienes una persona altamente peligrosa.

En los asesinos seriales se manifiesta una paradoja inquietante: cometen los crímenes más horrendos y ritualizados, pero a menudo llevan una vida aparentemente normal. Podrían ser el vecino de al lado. Y dado que eligen a víctimas desconocidas, cualquiera podría ser el próximo objetivo.

 

 

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