El tener la dirigencia estatal de un partido no es cualquier cosa. Se debe ostentar ese encargo con profesionalismo, dignidad y cumpliendo el periodo estatutario; máxime cuando a través de la plataforma priista se logró ganar una presidencia municipal, una diputación local y también una senaduría de la República.
Es el caso de Néstor Camarillo, quien el pasado 25 de agosto de este 2025 renunció al PRI, dejando la presidencia estatal en Puebla a la deriva y también abandonando la bancada del PRI en el Senado, con su posterior incorporación a la fracción de Movimiento Ciudadano, quienes eran cinco senadores en esa cámara y ahora son seis y los del PRI en contra sentido de catorce senadores ahora serán trece.
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Yo tuve ese mismo encargo en el PRD del año 2007-2011 y renuncié en el 2023 más de diez años después de encabezar en Puebla ese partido político, pero a diferencia de Néstor Camarillo yo no tenía ningún cargo ni encargo en el año de mi renuncia.
El PRD es el único partido al que he pertenecido hasta ahora y le viviré eternamente agradecido por todo lo que me dio en mi carrera política como lo señalé en mi carta de renuncia siendo ya solo un militante del PRD el 17 de julio de 2023; en ese momento con doce años de no formar parte de la dirección de ese partido político.
Entiendo totalmente el desacuerdo que tiene a la estrategia en la que se vio envuelto su instituto político, también las diferencias que tenía con la dirigencia nacional del PRI encabezada por el hombre, quien de agresor ahora se vende como agredido y me refiero al senador de la Republica Alejandro “Alito” Moreno Cárdenas.
Pero considero que Néstor Camarillo se equivocó y ahora es calificado como desleal por el nuevo presidente del PRI en Puebla Juan José Castro Justo. Además de ser visto de la misma manera por buena parte de la clase política en Puebla.
Considero que nunca se debe renunciar cuando se tiene el máximo encargo institucional (al menos en Puebla) de un instituto político, debió esperar a la renovación de ese encargo y una vez que realizara la entrega de esa encomienda sería un momento más adecuado para renunciar. Señalar con la frente en alto “misión cumplida”, salir por la puerta grande e ir después de ese momento, si así lo desea, a otros derroteros.
A Néstor Camarillo lo conozco, aunque nunca he dialogado con él, solo nos hemos saludado algunas veces; nos divide la brecha generacional, él pertenece a los jóvenes políticos poblanos y yo a los que tenemos juventud acumulada, quizás por ello me atrevo a hacer una crítica a su decisión: “Se equivocó…”, aunque le deseo que le vaya bien.