Parte del discurso de la 4T pone énfasis en los pobres, lo cual desde muchos puntos de vista nos parece más que justificado, sobre todo por la situación económica de la mayoría de la población en nuestro país.
Dedicar recursos y la fuerza del estado para ayudar a esa mayoría es algo loable incluso por una cuestión de equilibrio social. Así, la frase “por el bien de todos, primero los pobres” nos convence como un ideal noble y justiciero.
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Sin embargo, cuando se plantea un segundo piso para la misma 4T, cabe preguntarse cuál es la aspiración o nivel que espera obtener esa población que ha recibido alguna ayuda primaria. Es de suponerse que si estás en la clase baja y notas que tu nivel de vida está mejorando, lo más natural es que aspires a ser de clase media, y si eres de esta última también aspiras a subir un peldaño más en la escala social.
En un discurso con ciertos tintes religiosos, el expresidente AMLO parecía otorgar unas virtudes inherentes a la pobreza, como honestidad, pureza, sabiduría. Así, según ese discurso, parecía malvado tratar de contaminar ese mundo ideal con preocupaciones materialistas y aspiracionistas, sentimientos pequeño-burgueses que podrían contaminar el alma pura de los mexicanos de abajo.
Lo anterior puede tomarse a chunga, pero cuando se miran los porcentajes de votos con los cuales ganó la presidenta Sheinbaum a sus rivales, habría que tomarlo más en serio, ya sea para entender la lógica de los mexicanes, o incluso como estrategia de supervivencia política para la escuálida oposición que no logra conectar con el electorado.
Por otra parte, cuando vemos los malabares que hace la 4T para justificar su nivel de vida, incluidas sus ostentosas vacaciones en Europa o el lejano Oriente, parece necesario poner algunos puntos sobre las ies. Para empezar ya el hecho de dirigir un partido, o ser parte de la élite política, implica manejar recursos muy por encima del promedio del mexicano. No nos olvidemos que vivir en una casa con servicios, calles pavimentadas, comer tres veces al día, o tener un Tsuru, son lujos que están lejos del promedio nacional.
Muchos de los problemas actuales de la 4T, más los que se les acumulen en el futuro, se podrían matizar si se cambia ese discurso con honestidad y pragmatismo, y se acepta que en el partido Morena van a convivir mexicanos con diversos niveles de ingreso, que comparten ideales de justicia e igualdad para beneficio de la mayoría de los mexicanos. De hecho, lo mismo debería valer para todos los partidos políticos del país.
Uno de los mayores errores de AMLO fue, en mi opinión, haberse distanciado de la clase media, más en el discurso que en hechos concretos. De hecho, si vemos la biografía de la presidenta Sheinbaum, podemos ver que ella representa justamente esa clase media, que aprecia y respeta la educación como vía de movilidad social. Algo que debería valer para todos los ciudadanos del país, para que valga la celebre frase del generalísimo Morelos: “Que la esclavitud se proscriba para siempre y lo mismo la distinción de castas. Quedando todos iguales, y sólo distinguirá a un americano de otro el vicio y la virtud.”
Por otra parte, en las reacciones de buena parte de la comentocracia, así como el sector más conservador de las clases medias, hay una mezcla de todo. Por una parte, está muy bien que se exija congruencia, sobre todo por la forma tan maniquea como se les descalificó (“la oposición está moralmente derrotada”, etc), pues encontrar errores en los adversarios es parte de la lucha política.
Por otra parte también se asoma una ideología clasista y racista, un discurso que asume que los privilegios de una buena vida no deberían tocarle a los de abajo. Recuerdo a una señora poblana que casi echaba espuma por la boca cuando se mencionaban las playas que se instalaban en el Zócalo, para beneficio de las clases marginadas, aquellas que difícilmente tendrían oportunidad de disfrutar unas vacaciones en la playa. La señora afirmaba categórica que esa gente no merecía que les regalaran eso.
A los extremos de ambos lados habría que leerles el discurso del profesor español dirigido a los alumnos en paro, que le habían prohibido usar el elevador, antes exclusivo de los profesores: “No habéis entendido nada, ¡que haya elevadores para todos!”