A lo largo de los últimos 25 años la relación entre México y Estados Unidos en materia de seguridad ha sido de claroscuros. Algunos años bien, otros no tan bien y algunos peor; sin embargo, las diferencias siempre se han podido superar ya que como vecinos no podemos vivir en el conflicto de manera permanente.
Los factores que han contribuido en estos altibajos en la relación van desde una falla en la comunicación diplomática, como pasó con el entonces embajador de Estados Unidos en México Carlos Pascual y el presidente Felipe Calderón, hasta aquellos vinculados directamente con la seguridad, como sucedió en el sexenio del expresidente López Obrador, que restringió el número de agentes de la DEA adscritos a la Embajada de Estados Unidos en México en represalia por la detención del general Salvador Cienfuegos en Los Ángeles, California el 15 de octubre de 2020.
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Lo sucedido el pasado lunes en Palacio Nacional, cuando la presidenta de la República desconoció el proyecto “Portero” que un día antes dio a conocer la DEA como un Acuerdo entre México y dicha agencia, es uno más de los momentos de tensión que seguramente será superado en el corto plazo ya que por encima de esta diferencia está el tan esperado Acuerdo de seguridad entre los gobiernos de México y Estados Unidos, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores y el Departamento de Estado, respectivamente, al que curiosamente solo le falta la firma.
Un dato que no puede pasar inadvertido es que el Acuerdo al que se refiere la DEA tiene como única plataforma un curso de capacitación impartido en los Estados Unidos en el que participan cuatro servidores públicos, algo que no es la primera vez que sucede, pero ahora no llenó los parámetros exigidos por el gobierno mexicano, ya que se sintió relegado a un segundo e incluso tercer plano.
Algo así sucedió con la fallida operación “Rápido y Furioso” en 2009, cuando el Acuerdo entre México y la ATF (Agencia para el control del Alcohol, Tabaco y Armas de fuego) fue presuntamente signado en un curso-seminario sobre tráfico de armas de fuego realizado en Phoenix, Arizona, al que asistieron un grupo de mandos medios de la entonces Policía Federal y la Procuraduría General de la República, pero como esos datos sí servían a los intereses de la autodenominada Cuarta Transformación, el gobierno del expresidente López Obrador lo dio por bueno y lo utilizó para perseguir políticamente a diversos funcionarios del gobierno federal de aquel entonces, entre ellos al autor de estas líneas, solo por haber servido a un gobierno que consideraba adversario.
Sin embargo, ante la falta de pruebas, esas que hoy el gobierno federal exige cada vez que algún integrante de los grupos del crimen organizado negocia con autoridades de los Estados Unidos, la acusación por la supuesta omisión por “Rápido y Furioso” ha sido solventada y de paso superada por eventos de mayor impacto mediático.
No está por demás recordar que antes de ser bautizada como “Rápido y Furioso”, la operación se llamaba “Jacob Chambers” en alusión a uno de los más prolíficos “compradores testaferros” vinculados al tráfico de armas entre Estados Unidos y México; sin embargo durante las investigaciones los agentes de ATF se dieron cuenta que una de las películas favoritas de los contrabandistas de armas era “Rápido y Furioso” e incluso emulaban lo que hacían los actores de la saga cuando abordaban sus vehículos.
Pero volviendo al comunicado de la DEA, retomado junto con la primera plana del periódico “Reforma” del 19 de agosto de 2025 por parte de la Embajada de Estados Unidos en México, su importancia radica en que podría ser la punta de lanza o el primer golpe de ariete de lo que vendrá en los próximos años en materia de combate a las drogas sintéticas, sobre todo cuando algunos de los “entregados”, que no extraditados, hace algunos días y en febrero de este año comiencen a hablar y no quede de otra más que colaborar con dicha agencia, que es la única que por ley le corresponde combatir las amenazas y riesgos asociados con las drogas dentro y fuera de los Estados Unidos, por encima del FBI e incluso la CIA.
Para evitar este tipo de desencuentros en el futuro lo mejor será no envolverse en la bandera sino cubrirse la piel con algo que la haga menos sensible o más dura, porque “Acuerdos” como el del lunes pasado vendrán más, muchos más.