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Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Ash y la luz que no se ve

Adopten porque allá afuera hay muchas y muchos “Ash” esperando a alguien que les mire

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Jueves, Agosto 7, 2025

Hace unos meses me operaron de la vesícula. Ahora me alimento de manera racionada y dieta estricta. El mismo día de la operación cumplí años. No sé explicarlo a cabalidad porque sigo en ese proceso, pero desde entonces he sentido que mucho ha cambiado en mí; no soy la misma, pero sí me reconozco.

Quizá esa bolsita llena de piedritas preciosas cultivadas -extirpada por las manos mágicas del doctor Álvaro López Loredo-, fue el pretexto para que yo entendiera y sintiera en mi más profundo ser, que era momento de dosificar y dirigir mi energía a lo verdaderamente importante de mi vida, a detener la vorágine del remolino de mis pensamientos en mí mente, y acceder a lo efectivamente significativo de mi vida.

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Y justo cuando estoy en ese camino, llegó Ash, una perrita joven y ciega que ahora es parte de mi familia. Se sumó a mis otros dos perrhijos para formar una nueva tropa. Para mí los animales representan todo que los seres humanos carecen y que, pudiendo, no practican, o quizá no pueden u olvidan demasiado rápido: amor incondicional, gratitud, ternura, no juzgan, no lastiman, no fingen. Son tal cual son.

Ash no ve, pero siente. No distingue colores ni sombras, pero reconoce una caricia y se regocija con una voz cercana que transmite amor. Camina despacio, pero firme con la certeza de que alguien la guía; se siente segura porque alguien la cuida. Ahí entendí algo: la verdadera ceguera no es la de los ojos, es la del corazón que no quiere confiar, que no sabe amar.

Creo que para recomponernos —y todos en algún momento tenemos que hacerlo y a mí ya me tocó mi turno— hay que mirar lo sencillo, lo que no pide nada a cambio, lo que no tiene precio sino valor. Hay que ir a lo más básico de la vida y aprender de la naturaleza, y entender que el núcleo de lo verdaderamente humano es dar sin esperar nada, es ahí donde nos reconocemos.

Adopten, no compren. Porque allá afuera hay muchas y muchos “Ash” esperando a alguien que les mire con los ojos que sí importan: los del alma. Y cuando eso pasa, la vida vuelve a brillar… aunque no se vea.

 

Nota bene: A ti, hijodeputa, que cuando Ash empezó a quedar ciega la echaste a la calle -literal-, te repito y me lleno la boca al decirte que eres un hijo de puta, con perdón de las putas. Pero Gracias, con mayúscula, porque aquí cabemos todos.

(Doctor López Loredo: ¡Me dejó usted media vesícula!)

alefonse@hotmail.com

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