Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El dolor que se hace canción

La pertinencia de hablar sobre Violeta Parra y su legado artístico

Ivanhoe García Islas

Compositor, poeta y educador en artes y humanidades. Licenciado en Música (BUAP), Maestro en Ejecución Musical (CMPM) y estudios de Maestría en Estética y Arte. Analista social desde una perspectiva que combina la sensibilidad artística y el pensamiento crítico.

Martes, Agosto 5, 2025

Hablar sobre Violeta Parra (1917-1967) siempre ha sido algo muy especial e íntimo para mí. Nunca he escrito sobre ella; ya se ha dicho mucho y bien, pero por ser ella tan trascendente en mi formación humana y artística lo haré en primera persona. Tal vez buscaría el pretexto de su aniversario luctuoso o de nacimiento para escribir sobre ella, pero han sido la circunstancia y la coincidencia las que me hacen rememorarla.

Una muy querida amiga mía me contó hace unos cuantos días que había estado escuchando algunas de sus canciones; particularmente me habló de la canción "Casamiento de Negros"[1]. Coincidió que ese mismo día yo también la había estado escuchando. Violeta Parra es una cantautora a la que escucho por temporadas, que a veces dejo descansar, pero a la que irremediablemente vuelvo cuando no encuentro en mis exploraciones musicales ni el contenido ni la sustancia.

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Conocí a Violeta Parra cuando tenía 17 años gracias a mi amigo Jorge Alejandro Flores, “el muchacho”, también músico y excompañero del Conservatorio de Música del Estado de Puebla, en una ocasión en su casa, en donde compartíamos algo más que música. Cuando la escuché recuerdo con claridad cómo mi pensamiento y mis sentidos enteros se concentraron en lo hipnótico de la percusión y en su voz que cantaba: "Mi pecho se halla de luto por la muerte del amor, en los jardines cultivan las flores de la traición" [2].

Esta primera audición de Violeta Parra me impactó profundamente. Ella sonaba diferente a todo lo que había escuchado antes. Esa voz parecía salir de un lugar muy hondo, y a pesar de tener una formación musical más o menos decente para mi edad, jamás había escuchado esa forma de decir algo; eso me hizo entender que la música podía ser otra cosa, que podía ser un testimonio directo de la realidad y sin ser panfleto, esto no era algo nuevo, pero sí para mí.

En Violeta Parra, la forma musical es el contenido y la sustancia; la percusión en "Santiago penando estás" no es sólo un acompañamiento, es el corazón de la ciudad de Santiago latiendo enfermo, es un preludio de la tragedia de una ciudad sobre la que se impondría el neoliberalismo a sangre y fuego una década después. En Violeta Parra la música no ilustra a la letra; como en la retórica musical barroca, la música es la letra hecha sonido.

Es verdad que mucha gente conoce a la Violeta Parra de "Gracias a la vida" [3], esa que se volvió himno y postal, pero poca gente conoce a la Violeta que en el mismo disco (Las últimas composiciones, 1966), en las mismas sesiones, gritaba "Maldigo del alto cielo"[4]. Conocen a la Violeta Parra que agradecía por todo, pero no conocen a la que se dio un balazo en el pecho cuando ya no cabía más dolor en él y cantaba por amor sin ninguna deconstrucción posmoderna, pero sí desde la libertad de quien grita su dolor sin ningún tipo de corrección política ni vergüenza.

Esta diferencia me parece fundamental; la Violeta Parra que todo mundo celebra es la de la gratitud, la del himno humanista, la que se puede escuchar o tocar en cualquier lado. Pero la otra Violeta, la de la maldición y el desgarramiento, esa es incómoda y es incómoda porque no ofrece consuelo, sino que muestra el dolor más descarnado sin ninguna reserva; y, sin embargo, para mí esa es la Violeta Parra más importante, la que enseña que se puede hacer arte desde el lugar más oscuro del alma, que no hay que adornar de más el dolor para que sea arte.

Ella se describía como "un pájaro silvestre que trata de cantar"[5], nunca satisfecha consigo misma. Fue una creadora que se atrevía a todo, a "dialogar con una aguja, una guitarra, un pincel o papel maché" [6], y no lo hacía por dispersión o por capricho, sino por una necesidad profunda de abarcar toda la experiencia humana. En 1964 expuso en el Louvre, -la primera artista latinoamericana en hacerlo-; sin embargo, su grandeza no residía en la aprobación de París sino en su capacidad de encontrar y expresar el alma profunda de Latinoamérica y volverla universal.

Esta naturalidad en el proceso creativo me parece una de sus características más admirables. No había en ella nada de la pose del artista torturado o del genio incomprendido; simplemente hacía lo que tenía que hacer, con la sencillez de quien labra la tierra o se dispone a sus tareas diarias. El arte como parte natural de la vida, no como algo separado o elevado, y sin embargo la experiencia con su música es algo que eleva el dolor humano al nivel de la dignidad que muchas veces le fue negada.

Esa capacidad de transformar el sufrimiento en belleza, sin quitarle su filo, es lo que más admiro de Violeta Parra, pero no sólo eso, también es la belleza pura de sus melodías, esa simpleza que a la vez es maestría en la elaboración de la forma musical; no sobra ni falta nada.

El disco Las Últimas Composiciones es quizá uno de los testamentos artísticos más bellos y honestos que se hayan hecho. Es un disco que duele, que no da respiro, que expone la desesperación y el dolor de su autora y en el que a la vez no pide ayuda, no la necesita y se entrega a la tragedia con toda la libertad y la dignidad que son posibles.

Nunca estará fuera de lugar hablar de Violeta Parra. En esta época en que todo se suaviza, en que todo se adapta para no ofender a nadie, la figura de Violeta se vuelve más necesaria que nunca. Invito a quien me lea y no la conozca, a escucharla, a leerla, a mirarla. Hermana menor del gran poeta chileno Nicanor Parra, quizá ella misma mayor en poesía. En lo personal, la más grande artista latinoamericana.

Referencias
[1] Parra, Violeta. "Casamiento de Negros". En Toda Violeta Parra. EMI Odeon, 1961.
[2] Parra, Violeta. “Santiago penando estás”. En Canciones Reencontradas en París. Arion, 1971.
[3] [4] Parra, Violeta. “Gracias a la vida” y “Maldigo del alto cielo” En Las últimas composiciones. RCA Victor, 1966.
[5] [6] Parra ,Violeta. "Materiales de mi canto" en Materiales de mi canto, Editorial Alquimia, 2017.

 

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