La reciente decisión del gobierno de Puebla, el cual "gastará 62 millones 756 mil pesos en construir un edificio para perros y otros 21 millones 893 mil pesos en uno para gatos," [1] no es sólo un caso más de despilfarro institucional en obras innecesarias, sino que devela las prioridades ideológicas de una administración. Esta obra pone en relieve lo que el gobierno de Puebla considera verdaderamente importante, no el bienestar social de sus gobernados, sino la construcción de una imagen política que privilegia una agenda personal por encima de necesidades básicas.
Ninguna persona de bien defiende el maltrato animal, pero existe una diferencia abismal entre proteger a los animales y subordinar sistemáticamente necesidades humanas fundamentales a un teatro de virtudes mal entendidas.
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"La operación de las instalaciones será de 900 mil pesos a la semana," [2] este gasto expone la forma en que se banaliza la función gubernamental al poner por encima de las necesidades más elementales de los ciudadanos, una imagen "progre" hueca y banal. Esta inversión de prioridades constituye una manifestación clara de lo que se denomina ecofascismo, "el fascismo disfrazado de ecologismo, donde se propone que el verdadero virus es el ser humano, contrario a los que proponen desde el campo popular que el verdadero virus es el capitalismo." [3]
En el caso poblano, el ecofascismo opera de manera sutil pero efectiva, subordina las necesidades humanas primordiales a una supuesta protección animal que funciona ideológicamente como una coartada de superioridad moral. Es en realidad la manifestación más radical del ecofascismo. "Es un dejar morir y un hacer morir”. Una necropolítica como señala el camerunés Achille Mbembe." [4] El gobierno poblano ha tomado esa decisión implícitamente: los gatos y los perros merecen edificios millonarios mientras los enfermos humanos esperan medicamentos básicos o tienen que cerrar vialidades para poder recibir una diálisis.
Cada peso destinado a este proyecto es un peso que no llegará a un enfermo humano, a un anciano abandonado, a un niño en situación de vulnerabilidad. Los seres humanos poseen una dignidad intrínseca en sí mismos, por eso se habla de la inalienabilidad de los derechos humanos, los animales, aunque merecen protección, no son seres creadores, ni históricos, ni políticos, cualidades exclusivas de los seres humanos, pretender lo contrario es ecofascismo. Invertir esta jerarquización no es "progresismo", es regresión moral disfrazada de virtud.
Necesidades reales vs. convicciones personales
Mientras se construyen edificios para perros y gatos, el sistema de salud poblano enfrenta déficits estructurales, hospitales sin equipamiento básico (el ISSSTEP con deficiencias crónicas), maestros con salarios surreales, infraestructura vial deteriorada y una inseguridad pública que alcanza niveles que hacen sospechar en complicidad, en eso deberían enfocarse los esfuerzos necesarios, pero al parecer ahí no se satisfacen las convicciones personales de quienes gobiernan.
Esta manifestación del ecofascismo es producto de una lógica donde la agenda ideológica personal sustituye al interés público. Es más gratificante para el ego político inaugurar edificios para perros y gatos que aplicar inversiones menos vistosas pero fundamentales: medicamentos oncológicos, equipamiento de diálisis, mantenimiento de ambulancias y un largo etcétera. La imposición de valores personales genera más satisfacción que la gestión silenciosa de los servicios básicos.
La administración pública se convierte así en un vehículo para la realización de las convicciones personales de quien gobierna. Esta lógica crea una dinámica perversa en donde los políticos compiten por demostrar sensibilidad según sus propios criterios morales, subordinando el bienestar colectivo a su proyecto de construcción identitaria.
La sospecha del beneficio oculto
Pero surge una pregunta incómoda más allá del ecofascismo evidente: ¿es realmente el bienestar animal el verdadero motivo de esta inversión? La experiencia histórica de la administración pública mexicana sugiere que los proyectos de infraestructura ofrecen oportunidades únicas para la generación de beneficios paralelos que poco tienen que ver con los objetivos declarados.
Los procesos de licitación, las especificaciones técnicas, la supervisión de obras y las modificaciones presupuestales constituyen eslabones donde los márgenes de maniobra son considerables. La construcción de edificios permite ganancias, comisiones, sobrecostos y una cadena de beneficiarios que poco tienen que ver con perros o gatos. Conste que es sólo una pregunta.
No es necesario afirmar categóricamente la existencia de irregularidades para reconocer que el patrón nacional se ha repetido históricamente en todos los gobiernos, incluidos los de la 4T. Mientras tanto, las obras verdaderamente necesarias, las que no generan las mismas oportunidades de beneficio paralelo, permanecen postergadas.
¿Realmente se beneficia a los animales?
Irónicamente, esta inversión de prioridades ni siquiera beneficia realmente a los animales. Un gobierno que funciona buscando el bienestar social de sus ciudadanos, tiene mayor capacidad real de proteger a los animales de manera sostenible. Garantizar el cumplimiento de las leyes contra el maltrato, implementar programas efectivos y masivos de esterilización, combatir el tráfico y la explotación de especies, fomentar la educación sobre tenencia responsable, más otras medidas urgentes y necesarias, es a la larga más efectivo y menos costoso que los proyectos arquitectónicos para caninos y felinos.
La cuestión no es "amar" u "odiar" a los animales. Se trata de recuperar una jerarquía ética donde proteger a los animales no implique abandonar a los seres humanos. Una administración incapaz de garantizar medicamentos básicos a sus enfermos carece de legitimidad moral para construir edificios millonarios para perros y gatos. El ecofascismo, disfrazado de progresismo es en realidad una regresión hacia un primitivismo moral que debería alarmarnos a todos.
Referencias
[1] "Gobierno de Puebla gastará 21.8 millones en un edificio para 200 gatos", e-consulta.com, 21 de julio de 2025.
[2]Ibídem.
[3] Gonzalo Macías, "Los que sobran, ecofascismo, necropolítica… y el miedo", Rebelión.
[4]Ibídem