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OPINIÓN

Harfuch y el fuego cruzado

Los misiles no solo vienen de Estados Unidos y resuenan en Palenque

David Córdova Tello

Licenciado en Relaciones Internacionales por la UNAM con maestría en Administración para la Seguridad y Defensa Nacional. Analista y consultor en seguridad, inteligencia y análisis político, especialista en análisis estratégico. Ha ocupado diversos cargos en instituciones como el CISEN, la Secretaría de Seguridad Pública y el INE.

Miércoles, Julio 16, 2025

Seguimos atrapados en una espiral imparable. La bola de nieve se desplaza, crece aceleradamente, lo que presagia una enorme avalancha de proporciones insospechadas, ya esbozada en la anterior colaboración.

Sin duda, estamos ante un parteaguas en la relación bilateral México–Estados Unidos. Nunca antes, a lo largo de la historia reciente —hablamos de décadas—, habíamos presenciado un encontronazo de tales magnitudes, aunque irónicamente nuestros gobernantes dicen llevarse muy bien y reconocerse mutuamente. Sin embargo, como sabemos, esto no es un asunto personal, sino de intereses.

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Lo que se perfila redefinirá por completo el marco de lo que hasta hace unos meses representaba una alianza comercial, política y cultural entre ambos países, funcional y forjada a lo largo de años y con mucho esfuerzo. Este no es un ejercicio de alarmismo: es un reconocimiento de hechos que superan cualquier análisis de riesgo previsto.

Cuesta trabajo aceptar este escenario, francamente adverso, en ambos lados de la frontera, y más aún en México, que —por obvia asimetría de poder— sería el más afectado. Se adhiere, además, la nueva narrativa estadounidense, que denuncia la actuación en territorio nacional de grupos de narcotraficantes reconvertidos en “terroristas”. Con ello, el país queda, metafóricamente, indefenso y alineado ante el paredón.

Estamos ante una especie de guerra de baja intensidad —empleando conceptos militares— en la que la diplomacia de Washington se regodea y ensancha en todos los frentes y la mexicana, es desplazada y al parecer inoperante. Frente a las declaraciones, las presiones, las investigaciones unilaterales y las misivas presidenciales, todo sugiere que se ha activado un nuevo modo de guerra, no declarada pero evidente, en la que se infligen heridas lacerantes, hirientes, profundas e inmovilizantes a nuestro país.

La célebre tesis de Carl von Clausewitz, redefinida por otros pensadores como Michel Foucault o Henry Kissinger, que catalogan a la “diplomacia como la continuación de la guerra por otros medios”, es una acepción que aplica cabalmente a esta realidad.

Siguiendo esta lógica —y con los mismos términos militares para describir lo que está ocurriendo—, Estados Unidos avanza con su blitzkrieg (guerra relámpago) empeñándose en destruir paulatinamente nuestra infraestructura de aeropuertos, carreteras, puertos navales, comunicaciones, reservas petroleras, etc., para dejarnos cada vez más paralizados e inoperantes.

Del lado mexicano no hay señales de estrategia ni de resistencia simbólica; vamos, ni siquiera se asoma un posible escenario de guerra de guerrillas o guerra popular prolongada —metafóricamente hablando— en respuesta a la asonada estadounidense y mucho menos, para alcanzar condiciones de un posible armisticio. Lo más que se ha logrado articular es una escaramuza —con rifles de palo como los “zapatistas”— contra la “gentrificación gringa” en la CDMX, que amenaza con quitarnos la inauguración del Mundial de Futbol. Eso… sí enchila.

En tanto, todas las armas del arsenal narrativo estadounidense se sincronizan empuñando todas sus baterías: infantería, artillería, fuerza aérea, naval y operaciones especiales, que se enfilan contra el enemigo favorito.

Los drones de Trump y sus llamados “halcones” tienen configuradas sus coordenadas en Palenque. A ellos se ha sumado ahora el cadete Jeffrey Lichtman, abogado de Ovidio Guzmán, quien se enrola y se enfunda gallardo en su uniforme camuflado, para no darnos tregua alguna.

Mientras esto ocurre en el parte de novedades del Comando Norte, paralelamente Omar García Harfuch abre, desde el frente del Comando Sur, hostilidades de alta escala contra el fentanilo y el huachicol. Las cifras sobre la cantidad de laboratorios, fentanilo y personas aseguradas son históricas, como lo son los miles de millones de litros de huachicol encontrados en Altamira, Veracruz, Coahuila y en Tabasco, asombrosamente, sin detenidos de relevancia.

La ola expansiva o “nuclear blast” de estas encomiables acciones, tiene su epicentro en Palenque, de nueva cuenta, donde nuestro expresidente redacta plácidamente obras de política ficción. La narrativa que construyó en su sexenio —como en La historia interminable, de Michael Ende— es arrastrada por "la Nada", absorbida por el vacío. Las afirmaciones reiteradas de que en México no se produce fentanilo o que el huachicol fue erradicado, ya no resisten el contraste con los hechos. Harfuch deja al descubierto la mentira conspicua de AMLO y lo ataca con fuego cruzado, voluntaria o involuntariamente.

El mito fundacional de la Cuarta Transformación —no mentir, no robar, no traicionar— se evapora. Su storytelling, alguna vez todo poderoso, se ha desfondado y se arrastra lastimeramente. Solo resta que el pueblo bueno comience a notarlo.

Desde Palacio Nacional, dicen algunos rumores, ya pidieron a Harfuch que le baje el volumen. Podría tener sentido: la presidenta defendió recientemente a Adán Augusto López en medio del escándalo que envuelve al fugado Hernán Bermúdez Requena, señalado como líder del grupo criminal “La Barredora”, encargado del narcotráfico, extorsión y huachicol, entre otras linduras, en Tabasco, la tierra natal de AMLO. Con la peculiaridad de que el personaje, también ostentaba un cargo nobiliario inferior: el de secretario de Seguridad Pública, cuando gobernaba el actual senador de la república. Ese tercer frente, por ahora, parece cerrado. Pero los otros dos siguen activos.

Ante las incursiones bélicas apuntadas, asombra y espanta a la vez, el pasmo del gabinete del gobierno mexicano: sin canciller, sin embajador, sin secretaria de Gobernación, sin fiscal, y la presidenta desvariando en soledad en ese magnífico palacio virreinal, para colmo de indigestos naturalistas.

Posdata: ¿Hablaron Trump y Gianni Infantino, presidente de la FIFA, sobre arrebatar a México la sede inaugural del Mundial durante su encuentro en Nueva York, en su particular show de protagonismo en la final del Mundial de Clubes, como si quisieran arrebatarle un pedazo de gloria al Chelsea? ¿Quedará el Estadio Azteca vestido y alborotado? Todo es posible… Canadá ya levantó la mano.

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