Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La crítica a la 4T, ¿desde dónde?

Una crítica necesaria se desvirtúa cuando se arrastran prejuicios y racismo

Lorenzo Diaz Cruz

Doctor en Física (Universidad de Michigan). Premio Estatal Puebla de Ciencia y Tecnología (2009); ganador de la Medalla de la DPyC-SMF en 2023 por su trayectoria en Física de Altas Energías. Miembro del SNI, Nivel lll. Estudios en temas de educación en el Seminario CIDE-Yale de Alto Nivel (2016). 

Domingo, Julio 13, 2025

Es común que aparezcan en las redes sociales casos de incidentes en los que conviven los extremos del México actual. Es frecuente que en esos incidentes se confronten personas de diferentes orígenes sociales: por un lado, se tiene a un representante del México privilegiado, aunque a veces no lo sea tanto, que decide poner en su lugar a un representante del otro México, que se atrevió a interrumpir su paseo por el Olimpo.

El primero, típico representante de los llamados whitexicans, reacciona ofendido por la acción del otro, alguien que trata de aplicar alguna ley, ya sea un incidente de tránsito, un trámite,  incluso la aclaración o protesta de una persona común.  Puede ser que esa intervención sea justificada, o no, ese no es el punto, los abusos de autoridades son otro asunto.

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Lo que llama la atención es la forma como la persona más blanca, o menos morena, le restriega en la cara al otro, que no son iguales, que es una ofensa que lo haya mirado, que  le hable, todo porque le pidieron que moviera su coche, que respetara la fila, que pagara su multa. Eso de las leyes parece que no aplica para su alteza serenísima, quien parece quejarse amargamente implorando: “¿Que no hay autoridades que pongan en su lugar a la plebe?”.

Abundan las “lady  racista”, clasista, broncuda, etc.,  aunque cabe decir que esa actitud permea en toda la sociedad mexicana. Ahí tenemos al México del norte quejándose que no puede avanzar por culpa de ese sur moreno, de bajo nivel educativo, que sin embargo provee el petróleo y la electricidad que mueve su industria. También tenemos a la Ciudad de México que mira para abajo a toda la provincia, o incluso dentro de un estado, Pedrones contra Cuévano, o en una misma ciudad, los de Polanco vs. los de Tepito, los del centro contra los del bordo o las afueras. 

Esa actitud se proyecta también, o incluso explica, las preferencias políticas de esos sectores, y para ello basta ver alguna de las entrevistas de Hernán Gómez a las señoras que marcharon con la Marea Rosa, organizada por sectores de la oposición y/o sociedad civil. En las palabras de esas personas se revela que una parte de la afrenta que les provocó la 4T, se debe al acto de ese México moreno, que decidió abandonar el redil que le ofrecía el patroncito. “¡Como se atreven esos indios patarrajada a votar por unos cuatreros sin alcurnia!”.

Cómo le ha costado a México igualar a todos ante la ley. No hemos logrado construir una identidad a la altura del siglo XXI, que incluya a los muchos pueblos que en este mismo territorio habitamos. En nuestro país sobreviven estructuras que datan de la Colonia, cuando las mismas iglesias construyeron barreras para que los indios no se mezclaran con la gente de “razón”. Y para un pueblo mestizo que fue haciéndose mayoría, era una cuestión de sobrevivencia tratar de parecerse más a los de arriba, y para eso debía casarse con alguien que ayudara a “mejorar la raza”, o aberraciones por el estilo.

Alguien bien intencionado, puede centrase en las fallas de la 4T, que pueden ser muchas o pocas, según la óptica de cada cual. Ese derecho a pensar diferente lo tenemos todos, razón de que haya democracia y diferentes partidos. Aunque muchas veces esa intención de criticar racionalmente se pierde cuando tratan de explicar el voto de las mayorías por la 4T, entonces se alega que esa mayoría es ignorante, que son manipulados, comprados por los programas sociales, etc. Al parecer no pueden aceptar que cada quien vota de acuerdo a sus intereses, para defender lo que les beneficia. Y si en muchos sexenios les daban muy poco, con bajos salarios, además, pues es natural que prefieran a quien les regala algo más, que también es sabio los salarios mínimos. 

Que esos programas ponen en riesgo la economía del país, que pueden venir devaluaciones, crisis, inestabilidad, no les mueve a los beneficiarios, pues han de pensar que esas situaciones siempre las hemos vivido, aún sin esos programas sociales.  Por supuesto que dichos programas pueden mejorar, otorgarse a quien realmente lo necesita, pedir más compromiso a los beneficiarios, sobre todo a los jóvenes.

Por otra parte, es difícil que todas las partes del espectro político acepten los datos duros, todos prefieren ignorar lo que no les conviene, y eso lo hacía hasta el mismo expresidente, que siempre tenía otros datos.  Por ejemplo, se dice que en México nos cobran demasiados impuestos, y bueno, eso depende de quién lo diga. Un profesor universitario siente en el alma que le quiten casi 30 por ciento del salario pues, aunque a Carlos Slim le quiten ese mismo porcentaje, lo que le queda a él sí le alcanza para pasar la quincena.  Todavía peor, de lo que nos queda del salario, la clase media todavía tenemos que pagar electricidad y gasolina caras, muchas casetas cuando viajamos por unas carreteras de cuarto mundo, llenas de piedras y charcos.

Sin embargo, cuando vamos a los datos y vemos que México cobra poco en impuestos comparado con otros países capitalistas. Para tener servicios de salud como en Dinamarca se deben cobrar impuestos como en Dinamarca, sobre todo a los más ricos.

Sería deseable que la crítica a la 4T se centrara en los datos, pero parece difícil esconder los prejuicios, que se asoman cuando la crítica se dirige a la gordura del hijo del presidente, o la vestimenta de la primera dama, el rostro con botox de la presidenta, o la naquez de Noroña.

Hay muchas actitudes que se deben erradicar de la cultura mexicana. Tengo conocidos de la universidad que en casi cincuenta años todavía no se han dado cuenta que sus chistes racistas son ofensivos para un sesenta o setenta por ciento de los mexicanos. Y lamentablemente esta actitud no es privativa de un solo sector, por ejemplo a mí me parecía ruin que AMLO ridiculizara  la figura de Agustín Carstens, el secretario de Hacienda del gobierno de Calderón, por su sobrepeso cuando la crítica debería centrarse en el manejo de la economía.

Por supuesto, hay mucho qué criticar y corregir en las acciones del actual gobierno, pero si no se hace una crítica objetiva, centrada en datos, seguiremos teniendo una 4T complaciente. Para decidir, el votante promedio se fijará más en la pensión de su abuelito que en el mal gusto de la presidenta para elegir su ropa. Por eso, cuando escuchamos afirmaciones de que la 4T nos está llevando al socialismo, causan hasta una cierta dosis de ternura.

En lo personal, me parece que el abandono a la educación superior, y en general la carencia de un programa transformador de la educación en México, es uno de los grandes fracasos de la 4T. En las universidades públicas seguimos por pura inercia los lineamientos de la SEP del periodo “neoliberal”, no hay una nueva filosofía, una mística que nos comprometieran o nos involucraran a todos para trabajar por el desarrollo de la ciencia y la tecnología de nuestro país. Mientras China o la India ya lograron poner una nave en la luna, aquí no tenemos trenes que siquiera viajen a unos 200 km/hr. Tampoco se sabe que pasó con la vacuna contra el COVID-19.

Uno de los grandes errores de AMLO y acompañantes más cercanos, fue desconfiar de la comunidad científica, artística y cultural, quien debió ser un aliado para lograr que hubiera una mejora sustantiva en las condiciones de vida de la población. Pero bueno, es más fácil tener cercano a alguien que te adule o incluso idolatre, sobre alguien que te diga siguiera algo como “no estoy seguro que tu propuesta sea lo mejor para México”.

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