Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Apuntes sobre un crimen de alta política

Una cosa es cierta: se golpeó a la estructura más alta del morenismo de la capital mexicana

Juan Manuel Celis Aguirre

Es líder del Movimiento Antorchista en Puebla, cuya membresía suma a 300 mil poblanos. Es ingeniero de profesión, líder social durante 50 años, fue diputado federal y es un gran promotor del arte y, sobre todo, de la música. Es un excelente guitarrista y pianista.

Martes, Junio 3, 2025

La mañana del martes 20 de mayo fueron asesinados Ximena Guzmán y José Muñoz, dos altos funcionarios del gobierno de la Ciudad de México. Ambos, desde hace años, muy cercanos a la actual jefa de Gobierno, Clara Brugada, y evidentemente miembros de la élite de la Cuarta Transformación.

Ella fue secretaria particular de Clara Brugada desde septiembre de 2023, tenía bajo su responsabilidad la agenda diaria y coordinaba sus citas; mientras que él era el asesor de confianza, analizaba información clave y redactaba sus discursos. Los dos realizaban tareas de alta responsabilidad.

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Se trató de un crimen, como se ha dicho, cometido en hora pico de la mañana, cuando iniciaba la “conferencia del pueblo” de la presidenta Claudia Sheinbaum, cometido sobre calzada de Tlalpan, una de las avenidas más importantes de la capital en donde a esas horas transitan cientos de miles de personas y que, según los primeros reportes, fue planeado de forma precisa por un grupo de sicarios profesionales.

El asesino de los dos funcionarios de Morena había planeado el crimen y su escape con mucha anticipación, conocía la agenda diaria de los dos morenistas, sabía a qué hora exacta de la mañana Ximena llegaba en su carro a esperar a José y, de hecho, el 14 de mayo las cámaras de vigilancia identificaron que el mismo asesino estuvo en la zona para cometer el crimen, pero no lo hizo porque no llegó José a la cita con Ximena.

El sicario usó un arma “nueva”, es decir, que no había sido usada en otros crímenes. El sicario disparó un arma 9 milímetros con silenciador durante varias veces y todas las balas llegaron al blanco. No falló ni una vez. Seis balas asesinaron a Ximena y cuatro a José. El sicario y su grupo usaron, por lo que se sabe, tres vehículos que habían robado para el escape. Lo que indica que lo tenían todo, absolutamente, bien planeado.

México entero se enteró del crimen porque, a los 40 minutos, el anuncio lo hizo la presidenta Claudia Sheinbaum en sus redes sociales y en su “Conferencia del pueblo” y afirmó, ahí mismo, que habrá justicia. Sí, la misma justicia que esperan miles de familias mexicanas que han tenido que enterrar a sus hijos, padres, madres, hermanos, en un México dominado por el crimen organizado y el político.

Se han hecho muchos análisis sobre el homicidio de los dos altos funcionarios del gobierno de la Ciudad de México, ambos gente muy cercana a la jefa de Gobierno Clara Brugada que, como todo mundo sabe, fue impuesta para el cargo por el expresidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

Pero una cosa es cierta: se golpeó a la estructura más alta del morenismo de la capital mexicana, a dos personas clave del gobierno, que fueron elegidas de manera precisa para enviar un mensaje contra el grupo político de la Jefa de Gobierno. Es claro que el grupo criminal tiene conexiones de alto nivel en ese gobierno para saber todo con mucha precisión: agendas precisas de los funcionarios, los lugares en donde viven, cómo se van a su trabajo, qué hacen en el gobierno y su peso en el mismo, así como todo lo que hacen minuto a minuto durante el día. Por eso, muchos analistas de la prensa mexicana sostienen que los autores del crimen son un grupo del mismo partido que los asesinados.

Este doble homicidio insiste y le repite al gobierno de Claudia Sheinbaum y al secretario de seguridad, Omar García Harfuch, que la política de Morena para ofrecer seguridad a los mexicanos es un fracaso completo, en la que nadie puede confiar, porque siguen los mismos pasos de Andrés Manuel López Obrador: mucho discurso y pocos hechos.

Como todos sabemos, durante la presidencia de López Obrador fueron asesinadas cerca de 200 mil personas, muchas por el crimen y muchas por cuestiones políticas; es decir, asesinatos cometidos contra líderes de organizaciones sociales, contra activistas de relevancia y contra gente que cometió el crimen de no pensar igual que el morenismo. Lo mismo sucede ahora en el gobierno de Claudia Sheinbaum, solo cambiaron los nombres de los gobernantes, pero los hechos son los mismos.

¿Por qué? Porque en México siguen gobernando los políticos que le sirven a la clase empresarial, antes bajo el sello del PRI o el PAN y ahora bajo la camisa de Morena. Este partido y sus líderes sólo obedecen sumisamente a los empresarios del país, porque son sus chalanes, sus trabajadores, quienes les cuidan sus intereses y, todo lo que sucede, desde las acciones más sencillas y simples, hasta las más trascendentales, solo son un reflejo de los intereses de los grupos empresariales que viven para explotar la fuerza de trabajo de los mexicanos.

Esto implica que la violencia criminal y la violencia política son parte de un problema del sistema democrático del país que encabeza Morena, bajo las órdenes del empresariado. ¿Queremos que se acabe esa violencia, que cada día nos sume en un ambiente de terror? Solo hay una salida: cambiar de manera radical la política de México y ese cambio solo lo hará el pueblo pobre, con un partido que lo represente y derrote a los partidos burgueses.

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