Hace unos días, el recién arribado embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, publicó en su cuenta de X una solicitud de recomendaciones para él y su esposa Alina, para visitar lugares de interés en la CDMX. Apuntó que era su segundo fin de semana en el país, y querían hacer algo, a partir de las sugerencias de sus más de 300 mil seguidores en esa red.
Este post tuvo cerca de 5 mil likes, 636 repost y 2,400 respuestas y consejos para la pareja diplomática estadounidense. También este mismo mensaje lo publicó en inglés, pero notoriamente con menor éxito que el redactado en español. Unos días más tarde agradeció las sugerencias y recomendaciones recibidas por el mismo medio.
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Desde agosto de 2019 cuando arribó a nuestro país el embajador Christopher Landau, la diplomacia se extendió más allá de los protocolos y formalidades tradicionales. Landau fue un viajero frecuente junto con su esposa Caroline Bruce, quien se declaraba ferviente admiradora de las tradiciones mexicanas. Se inauguraba un intenso activismo en redes para dar cuenta de las maravillas que descubrieron a lo largo y ancho del país. Era una forma novedosa y actual de interactuar con los mexicanos.
Vino posteriormente el periodo (2021-2025) del inefable embajador Ken Salazar con apellido hispano que a pesar de sus vínculos sanguíneos y emplear símbolos como el sombrero permanente, solo sería recordado por sus paseos en las nubes. Terminó ignorado por AMLO, - post extracción de El Mayo Zambada- quizá por todos y hasta por el propio Joe Biden, con su Partido Demócrata perfilado a su inexorable derrota electoral.
La estrategia de comunicación del embajador Landau, ha sido replicada por representantes diplomáticos de otros países, en un afán de empatizar con los mexicanos y reconocer nuestra rica geografía, arqueología y cultura. Esto no merece ninguna clase de críticas, por el contrario, debe elogiarse este esfuerzo que busca promover una relación más extensa con los mexicanos, sin que un paseo por una zona arqueológica, derive en represalias legales del INAH.
Sin embargo, sí merece, al menos, una reflexión particular sobre el timing de su difusión, ya que se dio, justo un par de días después del homicidio de dos colaboradores cercanos a Clara Brugada, jefa de gobierno de la CDMX.
Los capitalinos y el país entero nos encontrábamos aturdidos, desdibujados por el mensaje implícito y la actuación profesional de los perpetrantes – sin detenidos- con lo que el miedo se apoderó de la gente y se propaló inmediatamente. Si eso les ocurre a personas del círculo rojo de Brugada, se comentaba, ¿qué podemos esperar los ciudadanos ordinarios?
No bastaba ya con la cifra de ejecuciones, muertes diarias y acumuladas de los últimos años a las que espantosamente nos hemos acostumbrado. Muchos persistentemente nos negamos a aceptar esta supuesta “normalidad”.
Esto se pasó de la raya… y ¡Ronald Johnson nos convocó a proponerle lugares para pasear por nuestro apacible y sutil México-Tenochtitlan!
Algunos hicieron caso omiso a esta conmoción y como si nada pasara, recomendaron visitar monumentos, museos y restaurantes, todos dignos de presenciar, sin duda.
Otros, con afanes político- revanchistas y un tanto desorientados y a la deriva -como buque escuela- le propusieron visitar Sinaloa, Guerrero, Michoacán, Tamaulipas o Guanajuato, para que se percatara de propia mano de la violencia y la inseguridad del país. No faltaron quienes aprovecharon para rogarle que, a partir de su peregrinaje, encabezara una cacería de “narco-políticos” que tienen asolado al país, sin siquiera atisbar las consecuencias futuras de ello. Se extiende la desesperación y desazón, pero...
De este grupo, algunos fueron un poco más allá y lo conminaron a viajar por auto y sufrir las inclemencias del encarpetado de nuestras autopistas nacionales y con un dejo de infortunio, dijeron, se “toparía” con algunos bandidos de Río Frío modernos, con patrullas clonadas de la Guardia Nacional -que no solo abundan en esa latitud, debe precisarse- y que le han endilgado mala fama, desde tiempos de Manuel Payno.
Un tercer segmento -haciendo eco del temor y temblor mencionado-, le sugirió simplemente, abstenerse de salir en estos momentos, aún y cuando tenga experiencia y capacidades para moverse en terrenos pantanosos y minados, se desplace en una camioneta blindada con el más alto nivel disponible y cuente con un equipo de seguridad robusto y amplio.
También, le advirtieron, con la debida cautela, que el monumental Centro Histórico y otras partes de la ciudad estarían vedadas, debido a las movilizaciones y plantones de la CNTE que parece llegaron para quedarse un rato o… hasta que lleguen a acuerdos previo a la jornada electoral judicial del primero de junio. Ni hablar de la toma del AICM - que no del exitosísimo AIFA- y las casetas de las principales autopistas que comunican a la CDMX con el resto del país. México-Tenochtitlan no es tan seguro como se piensa, afirmaban.
Debemos alabar que le diplomacia estadounidense amplíe sus capacidades de comunicación y sean testimonio de tanto por lo que los mexicanos nos sentimos orgullosos. En este caso, el mensaje de Ronald Johnson, resultó un tanto anticlimático y discordante con la realidad y sobre todo con el desánimo y humor lóbrego, que prevalece en nuestra nación.
Las opiniones que recibió dan cuenta de ello y no estamos seguro que impacto tuvieron en la percepción que tiene sobre el país y de la misión que tiene enfrente, a unos días de su debut en tierras mexicanas.
Faltaría ver qué pasa, si en algún momento se despliegan movilizaciones en ciudades fronterizas mexicanas - y también de EE. UU.- de imponerse un impuesto de 3.5% a las remesas de los paisanos, convirtiendo al país en un lugar más difícil de transitar y por qué no, de disfrutar.
Pd. Sobre la elección judicial, no seré partícipe de la destrucción de la democracia, del equilibrio de poderes, de la República y del deterioro nacional que provocará. Ello va en contra de mi convicción personal, democrática y de mi pasada colaboración en órganos electorales.