Martes, 19 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Ceci Monzón: tres años sin justicia ni olvido

Recordar a Ceci es exigir justicia y reconocer el miedo que sembró su feminicidio en todas

Anabel Abarca Pliego

Abogada especializada en derecho corporativo y analista política. Su expertise en derecho corporativo incluye asesoría estratégica a empresas, diseño de estructuras legales eficientes y mitigación de riesgos jurídicos. En el ámbito político, ha destacado como asesora en vinculación estratégica y planeación gubernamental.

 
 
 
 

Jueves, Mayo 22, 2025

Hace tres años estaba en la fiesta de cumpleaños de la hija de una amiga, donde se suponía que llegaría Ceci Monzón.
Ella y yo nunca fuimos particularmente cercanas; de hecho, recuerdo que en muchas ocasiones no coincidíamos en nuestros puntos de vista, y nuestras formas de ejercer el liderazgo eran muy distintas. Ella era aguerrida, frontal. Yo siempre he sido mucho más institucional.

Me costaba trabajo —aunque lo admiraba profundamente— que siempre decía las cosas tal como las pensaba. No siempre compartía sus formas, pero sí admiraba su capacidad de no quedarse callada.

Más artículos del autor

En los últimos tiempos, antes de que que se registrara su asesinato, me acerqué a ella por motivos personales. Poca gente lo sabe, pero Ceci se convirtió en un gran apoyo para mí. En ese momento yo iniciaba una relación con una persona que tenía un hijo, y buscaba consejos de alguien que fuera madre, para saber cómo lidiar con ciertas cosas.
Ella fue siempre amable, certera, solidaria y cariñosa. Nunca me dejó sola. Siempre me comprendió.

Ese día en la fiesta, recuerdo que una amiga abrió un grupo de WhatsApp y vio un mensaje que decía que habían matado a Cecilia. Nos quedamos congeladas. No lo podíamos creer. Corrí a revisar redes sociales y descubrí que era cierto. No había un solo medio local que no estuviera cubriendo la noticia.
Ceci era una persona sumamente visible y mediática. Era evidente que su asesinato iba a sacudir todas las redes. Políticos de todos los partidos, personajes de distintos niveles, estaban publicando mensajes de condolencias para su familia y exigiendo justicia.

En ese momento, una amiga y yo tuvimos que darle la noticia a la mamá de la niña —nuestra amiga—. Le dijimos que Cecilia no iba a poder llegar a la fiesta. No queríamos que se enterara por redes sociales y que fuera peor.
El show tuvo que continuar, no por indiferencia, sino porque había una niña de tres años que merecía celebrar su cumpleaños.
Sin embargo, al día siguiente, nos reunimos frente a la Fiscalía General del Estado de Puebla para exigir justicia. Y, para sorpresa de muchas, había poca gente, muy poca para el nivel de lo que Ceci representaba. Ahí entendí algo que después comprendí con más claridad: muchas mujeres tenían miedo de presentarse.

Un año después, reflexioné algo que hasta hoy me atrevo a escribir:

Siempre pensé que Ceci era intocable. Que al exigir, al gritar, al decir las cosas como eran, estaba protegida.
Y cuando entendí que no fue así, me sentí más vulnerable que nunca.
Si a ella le pasó, entonces todas nosotras éramos más vulnerables de lo porque sí somos en un país en donde no se respeta a las mujeres.
¿Por qué alguien tendría clemencia con nosotras si a ella, tan visible y valiente, la tocaron?

Sentí una impotencia brutal. Un dolor profundo.
A Ceci le arrebataron la vida. La pareja de su hijo, un hombre con poder en el estado de Puebla, se la quitó. Un hombre que incluso aspiraba a gobernar, Javier N.
Pero con su asesinato no solo le arrebataron la vida a ella, y a su hijo la posibilidad de crecer con su madre. También, nos arrebataron algo a miles de mujeres: la sensación, aunque fuera mínima, de seguridad en un país feminicida como México.

¿Qué nos garantiza seguridad a quienes no somos tan aguerridas como ella, si a las que alzan la voz las callan de la forma más cruel?

Han pasado tres años y seguimos sin justicia.
Porque el poder ha querido estar por encima de todo.
Porque el sistema de justicia en México opera para quienes tienen más poder.

Hoy reconozco profundamente a su hermana, Helena.
Sin ella, este feminicidio estaría archivado, enterrado en una carpeta más.
Espero que Helena sepa que, a pesar de todo, muchas admiramos a Ceci. Que, desde la distancia, la recordamos siempre. Que, aunque el poder quiera imponerse, su lucha vale.

Porque en este país feminicida, Ceci es el reflejo de lo que vivimos las mujeres mexicanas.
Su historia no es la única. El Estado mexicano ha intentado desestimar casos como el suyo una y otra vez, administrando el problema en lugar de enfrentarlo con responsabilidad.
Las omisiones y las acciones del Estado solo hacen que la historia de Ceci se sume a las miles y miles de mujeres asesinadas por el simple hecho de vivir en un país profundamente misógino y machista.

Ceci, después de tres años, seguimos exigiendo justicia.
Gracias por todo y por tanto.

 

X: @AnabelAbarcaP

Instagram: @AnabelAbarcaP
Correo: aabarcapliego@gmail.com

 

 

Vistas: 2119
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs