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OPINIÓN

¿Un Papa como Trump?

Una reflexión sobre preguntas que se planteara Fernando Savater previo a la elección del nuevo Papa

Víctor Reynoso

Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.

Lunes, Mayo 12, 2025

Vale la pena reflexionar sobre lo escrito por Fernando Savater en la víspera de la elección del nuevo Papa. El filósofo se planteó dos preguntas interesantes: “¿sería posible la elección de un Papa modelo Trump, narcisista, ignorante y caprichoso? ¿Un Papa que no supiera si él también debe cumplir los Diez Mandamientos, lo mismo que Trump no está seguro de si la Constitución le obliga también a él, que juró ante todo el país cumplirla y hacerla cumplir?”

La pregunta es pertinente, porque Trump ha dado muestra de excesos narcisistas, de ignorancia y caprichos que nadie esperaría en el presidente de uno de los países más importantes del mundo. Pero ahí está, y no es el único caso.

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Savater responde que no es posible que alguien como Trump llegara a Papa. Es una respuesta sensata. La elección recayó en 133 cardenales, con ideas y convicciones a veces muy distintas, incluso contradictorias. Pero se trata, en general, de personas bien informadas, razonables y responsables.

Pero ahí no acaban las preguntas de Savater.

“Imaginemos por un atroz momento que la Iglesia católica fuese una auténtica democracia. Y que votasen los 1,400 millones de católicos, inspirados por nuestros influencers mediáticos. ¿Imaginan el resultado? Saldría un Papa a cuyo lado el bueno de Trump parecería Immanuel Kant.”

No es una reflexión que se limite a la Iglesia católica. Es un principio que se remonta a autores como Platón y Aristóteles y, más recientemente, a otros como Schumpeter, Sartori y Brennan.

Estos tres últimos están de acuerdo con la democracia, y más precisamente con la democracia electoral. La consideran el mejor de los regímenes políticos viables. Pero no basan sus ideas en que las mayorías no se equivoquen. Es famosa la afirmación de Schumpeter: cuando cualquier ciudadano normal se aleja del ámbito de su especialidad, tiene opiniones que él mismo consideraría infantiles.

Nuestras opiniones sobre quién debiera ser el Papa pueden tener mucho de infantiles. ¿Qué sabemos de la complejidad del papado y de una iglesia que tiene más de 130 mil fieles? Si todos votáramos para elegir al obispo de Roma, la decisión podría ser un desastre. Un Trump.

Haga usted su propia investigación. Cuántos mexicanos saben cuántos diputados hay en el país y en su estado. O regidores en su municipio. O qué diferencia hay entre un ministro, un magistrado y un juez de distrito. O quién es más responsable de la impunidad en nuestro país, el Poder Judicial o las fiscalías y los Ministerios Públicos.

Algo de sensato tenía el sistema que dejaba en el presidente de la República y en los senadores la elección de los ministros de la Suprema Corte. Ellos tienen más posibilidades de estar bien informados y de ser responsables. Aunque ciertamente, algunos senadores carecen de estas cualidades y de otras varias.

El texto de Savater puede leerse en: Santo súbito, por Fernando Savater

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