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OPINIÓN

Santa Muerte, violencia y Trump

El culto abierto a la Santa Muerte, su conexión con el crimen y la guadaña de Trump

David Córdova Tello

Licenciado en Relaciones Internacionales por la UNAM con maestría en Administración para la Seguridad y Defensa Nacional. Analista y consultor en seguridad, inteligencia y análisis político, especialista en análisis estratégico. Ha ocupado diversos cargos en instituciones como el CISEN, la Secretaría de Seguridad Pública y el INE.

Martes, Mayo 6, 2025

Hace unos días apareció en redes sociales un video de una “peregrinación” a la Santa Muerte en algún lugar indeterminado de nuestro país, aunque algunas personas la ubicaron en la Ciudad de México.

El fenómeno en sí no es de data reciente, pero llama la atención que se realice a plena luz del día y a la vista de todos, como ocurre con muchas peregrinaciones católicas. De rituales secretos en décadas pasadas, pasamos a una mayor visibilidad de este rito pagano, que algunos calculan, profesan más de diez millones de personas.

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Este evento ignorado por muchos, revela más de lo que parece o suponemos, sobre todo en cuanto a las creencias y valores que guían a algunos mexicanos y su conexión con la marcada violencia e inseguridad que padece el país.

En la procesión, una decena de hombres y mujeres – incluidos menores de edad- cargaban imágenes de la Santa Muerte, ataviada con los colores usuales verde, rojo, blanco y negro. A su lado, como comparsas, aparecían efigies de San Judas Tadeo y Jesús Malverde – sincretismo religioso y cultural le llaman algunos sociólogos-.

El recorrido “litúrgico” transitaba en medio de un mercado sobre ruedas y era acompañado de un mariachi entonando las tradicionales mañanitas mexicanas, mientras un par de hombres que literalmente gateaban, cargaban a cuestas y horizontalmente, una figura de la Santa Muerte de proporciones humanas, quizá hacia un altar improvisado.

Al parecer el evento se vinculaba con el 1 de mayo, Día del Trabajo, ya que algunos de sus fieles, le ruegan para obtener trabajo o protección para los que lo tienen, incluidos miembros del narcotráfico y del crimen organizado. Nada que ver con la celebración del Día de Muertos; esto es otra cosa.

No extrañaría que el escenario tuviera como epicentro la CDMX, el mismo donde Enriqueta Romero, levantó en 2001 un altar en su domicilio en el barrio de Tepito. Ese acto se popularizó y contribuyó a expandir el culto por el país y posteriormente en Centroamérica y localidades de Estados Unidos, con población migrante que en su itacate, cargó también con sus creencias.

Todo esto sucede coincidentemente mientras el Vaticano se prepara para elegir al sucesor del papa Francisco. Subrayo lo anterior, ya que la mayoría de los mexicanos, de acuerdo con el censo de población y vivienda del INEGI de 2020, se declara católico (77.5% de las personas mayores de cinco años de edad). En 1950, el 98% de la población nacional se identificaba como católica.

Este dramático descenso de más de 20%, como sabemos, se atribuye al crecimiento de otras denominaciones cristianas -evangélicas y protestantes- y al aumento de personas que rinden culto a otras deidades -como la Santa Muerte o la Iglesia Luz del Mundo- o aquellas que no profesan ninguna religión.

El desgaste y pérdida de credibilidad del catolicismo es inocultable y algo tendrá que modificar el nuevo Papa, si quiere revertir esta circunstancia que le resta poder e influencia en México. El próximo sumo pontífice enfrentará el reto de reconectarse con millones que ya miran hacia otras deidades.

En paralelo, Donald Trump, acusa a su homóloga mexicana Claudia Sheinbaum, de temerle al narcotráfico e incrementa sus inéditas presiones. Ha llegado el mandatario estadounidense al extremo de ofrecer ayuda militar a México para que le autoricen realizar operaciones de precisión y de alto impacto, contra las principales organizaciones del narcotráfico, similares a las ejecutadas en Medio Oriente, contra objetivos yihadistas de Al Qaeda e ISIS.

En tanto, la violencia criminal es rutinaria en Sinaloa, Tabasco y otras latitudes, como Jalisco, Michoacán y Guanajuato. No hay día que pase sin enfrentamientos entre grupos, ejecuciones, fosas clandestinas y bloqueos de carreteras y caminos.

Este escenario no hace sino agregarle una mayor carga de surrealismo al paisaje. Al parecer los adoradores de la Santa Muerte no se han dado cuenta, -o a sabiendas de ello y no les importa en absoluto- de los recurrentes embates del presidente Trump, con globo terráqueo y guadaña en mano, cierne sobre el gobierno mexicano y los grupos criminales.

Las manifestaciones de fe a la Santa Muerte, como la señalada, van en un rumbo desafiante y son un claro ejemplo de que las realidades y narrativas gubernamentales y sociales circulan por trayectos diferentes.

Nos reflejan con claridad que la desatención de la Iglesia Católica y de la clase gobernante especialmente a los segmentos más vulnerables, ha encontrado un reducto que ha aprovechado con creces el narcotráfico y el crimen organizado para ampliar su base social.

Se trata de una subcultura, o cultura de la muerte, como algunos teólogos denominan, que se fortalece en México en la medida que aumentan la violencia, los homicidios, los desaparecidos, los campos de exterminio-entrenamiento y los enfrentamientos entre grupos que se exterminan entre ellos. Una subcultura fortalecida por el abandono. Donde el gobierno no llega y la Iglesia en ocasiones calla.

Si bien se aducen cuestiones de libertad de culto, de formas de expresión popular, de sincretismo cultural-histórico, e incluso de búsqueda de respuestas a la propia violencia, como aspectos positivos a destacar, resulta por lo menos irónico, que sus adeptos se aferren a una figura femenina, abstracta y esquelética para pedirle que los salve de la misma muerte que la representa.

Al final, pareciera que México sigue ofreciendo razones para que el trumpismo se radicalice y llegue a un punto de inflexión. Seguimos empeñados fehacientemente y hacemos todo lo posible para ofrecer estos rituales como evidencia de que hemos perdido el rumbo.

Pd. Por cierto, en Teuchitlán además de decenas de zapatos, mochilas, restos humanos e indicios de canibalismo, se encontraron altares a la Santa Muerte, por si alguien aún duda del alcance de esta devoción.

 

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