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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La derechización populista en Puebla

Como puede verse, en general la vieja izquierda, y la izquierda sin adjetivos, no está en Morena

Ociel Mora

Es vicepresidente de Perspectivas Interdisciplinarias, A. C. (www.pired.org), organización civil con trabajo académico y de desarrollo económico de grupos vulnerables; y promotora de acciones vinculadas con la cultura comunitaria indígena y popular. Su línea de interés es la Huasteca y la Sierra Norte de Puebla.

Miércoles, Abril 30, 2025

Por alguna de esas razones que no se acaban de entender, el gobernador Alejandro Armenta Mier ha tomado distancia de los viejos grupos fundadores de la izquierda poblana. Puede tratarse de descuido, desdén o cálculo. Pero distanciamiento al fin. Un indicador no sólo son las políticas, también es el grupo de personas que, por decisión suya, lo acompañan en los puestos de primer nivel. En la percepción de quienes conocen del tema, ninguno de ellos es considerado medianamente representante de aquellos anhelos precursores.

Con vieja izquierda me refiero a las personas y grupos fundadores que le dieron identidad y base social a la política partidista electoral en los años setenta y ochenta, hasta desembocar en el triunfo en la gubernatura; previamente lo obtuvo en el Senado de la República. Gracias a los votos de esa izquierda, no determinantes, pero sí decisivos, pues sin Morena y la imantación popular del expresidente Andrés Manuel López Obrador, Armenta Mier difícilmente habría alcanzado la hazaña de su vida

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La democratización electoral empieza con el reconocimiento oficial de los partidos de oposición, en específico del Partido Comunista Mexicano (PCM), en los setenta, con la llamada Reforma Electoral de Jesús Reyes Héroles y José López Portillo (1977), periodo en el que ser de izquierda era motivo de muerte, desaparición y clandestinidad. No desapareció la inercia de muerte, pero los votos se volvieron tan poderosos como las balas enemigas. Fue como el país y Puebla salieron de la voluntad caprichosa de un solo hombre para entrar en un proceso regido por leyes y consensos sociales.

De allí proviene y se nutre Morena, ahora en el papel de partido cuasi único, del extinto Partido de la Revolución Democrática (PRD), del Partido Socialista Unificado de México (PSUM), del Partido Mexicano Socialista (PMS), de las entrañas del mismo PCM, del Partido del Trabajo (PT), e incluso es heredero del Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), del gran Heberto Castillo, originario de la Sierra Norte, pero del lado de Veracruz.

Incluso no se puede ignorar esa entelequia oficialista de Patiño que por décadas, con el PRI, desempeñó el papel que ahora tienen los partidos Verde y el PT. Me refiero al llamado Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM). Cuauhtémoc Cárdenas encontró en él el primer refugio para ser candidato presidencial de oposición, a sabiendas de que no ganaría. A su modo también fueron grandes contribuciones democráticas las luchas sociales universitarias y de campesinos, en un entorno de partido único y de intolerancia a toda forma de disidencia.

Todas esas siglas y grupos fueron el nutriente que terminaron abriéndole el cauce al triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones federales de 2018, y en Puebla, un año después con Miguel Barbosa. A diferencia de Armenta, Barbosa suscitó esperanza en el electorado de que por primera vez habría en Puebla un gobierno echado a la izquierda, con acciones y personas actuando en esa dirección. En los hechos haría la gran diferencia con su predecesor, el panista Rafael Moreno Valle. Sobre todo entre los grupos vinculados con movimientos sociales. Pues el PAN a través de Moreno Valle los había perseguido y metido a la cárcel. Apenas transcurrido un año, el primer gobernante de izquierda emprendió una cacería de antiguos correligionarios. Abelardo Cuéllar Delgado fue prominente por eso.

Ambos personajes (López Obrador y Barbosa Huerta) llegaron izando la bandera y las proclamas de la izquierda, en su diversidad y heterogeneidad, pero sobre todo muy próxima al viejo nacionalismo revolucionario priista. Cosa que preocupaba pero no espantaba. El hechizo esperanzador de los viejos luchadores sociales con corazón de izquierda se rompió cuando López Obrador, ya siendo presidente, en Morelos denunció la presencia de una “izquierda conservadora”, en referencia a los reclamos de la población por la muerte de Samir Flores, un popular defensor del medio ambiente.

Guste o no, el ahora gobernador Armenta Mier es beneficiario de ese largo y doloroso camino. Sacrificios, esperanza y anhelos de individuos, familias y pueblos, no pocas veces ahogados por la violencia oficial.

Mucha sangre derramada y muchas muertes infligidas por alzar la voz. Sólo en Huitzilan de Serdán, por citar un municipio perdido en la Sierra Norte, entre la década del setenta y mitad del ochenta, 106 militantes de la Unión Campesina Independiente (UCI), fueron asesinados, por demandar acceso a la tierra.

En ese contexto de acoso a movimientos sociales surge en las filas oficialistas del otrora indómito Revolucionario Institucional la organización Antorcha Campesina. Calificado desde entonces como “brazo armado” del PRI. Ella se encargó de desbrozar el camino al oficialismo y sofocar cualquier intento de disidencia social, política y electoral

Esos grupos fundadores de la vieja izquierda, que en su complejidad y atomización, ofrendaron cientos de vidas, tal vez miles, a través de familiares y compañeros caídos, no llegaron con Armenta Mier, ni hacen ni sienten suyo el triunfo de junio del año pasado. Esas personas y grupos han perdido hasta la esperanza de mejora y de cambio.

Un viejo militante, de aquellos años, me dice que no mira a nadie en el gabinete que sea medianamente representante de aquellas luchas. Son lo que él llama los “capos” de la Cuatro Te. Y los que con algún barniz de izquierda, real o ficticio, han logrado incrustarse en el aparato de gobierno, están reducidos a posiciones de tercera y cuarta categoría. Sin ninguna influencia en la toma de decisiones. Son una especie de escenografía portátil.

¿De dónde sacó que en el gobierno de Morena no hay representación de la vieja izquierda, ni de personas ni de acciones? Me parece que incluso puede haber en proceso una estrategia de invisibilización de unos y otras. Me explico.

Esos grupos generacionales herederos o vinculados con la vieja izquierda heterogénea, siguen activos. La mayoría dispersos en las organizaciones de la sociedad civil; en las comunidades culturales y artísticas; entre los defensores de los derechos humanos, del territorio, el medio ambiente y el agua; los hallamos como acompañantes de pueblos indígenas que demandan autonomía indígena plena, y no las acciones paternalistas que los reducen a súbditos de Su Majestad como en la Colonia; están en la universidad y la academia produciendo conocimiento crítico (son los menos, pero allí está el germen); y ahora en los grupos de madres buscadoras de personas desaparecidas.

Como puede verse, en general la vieja izquierda, y la izquierda sin adjetivos, no está en Morena. Y los que sí, es porque persiguen prerrogativas personales y de familia. Ajenos a toda identidad histórica. Puede haber alguna excepción, pero hasta ahora no la conozco.

El distanciamiento del nuevo gobierno con la vieja izquierda diseminada en los sectores mencionados arriba, lo vemos de manera palmaria en el sentido y el mensaje simbólico de los nombramientos correspondientes en cada caso.

Por ejemplo, en la Comisión Estatal de Derechos Humanos (CDH Puebla) fue elegida una persona que no tiene la experiencia ni la trayectoria ni la legitimidad, y por lo tanto carece del reconocimiento de asociaciones sociales con muchos años dedicados a proteger los derechos fundamentales de las personas.

En el área de Cultura se repite el mismo patrón de displicencia a creadores y artistas. No sobra decir que es el gremio más vigoroso e importante en materia de creación e influencia en opinión pública. Y así se puede seguir en todos los rubros. En la entidad, por ejemplo, entre los grupos de pueblos originarios, me consta, hay grandes intelectuales indígenas con la capacidad para diseñar e implementar políticas focalizadas en temas específicos, y honrar de veras la Reforma Indígena recién aprobada por el Congreso de la Unión.

Pero además, se trata de funcionarios a los que no se les puede ver. Ya porque consideran que se deben a quienes los eligió y no a los supremos votantes, por lo tanto, se dan el lujo de evitarse el fastidio de tratar con la población; ya porque temen no poder explicar los objetivos, programas y proyectos de sus respectivas dependencias, o ya porque el derecho a saber les parece un principio prescindible, ignorando y violentando principios constitucionales, como el “derecho de petición”. En ese plan están, por ejemplo, la Secretaría de Cultura, y de Bienestar. No obstante que, en el primer caso solicité la intervención de Comunicación Social del Estado, pero ni así, o tal vez por eso.

¿Hacia dónde apunta el nuevo gobierno? A mi ver, a una derechización populista.  

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