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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Vargas Llosa: Une bête à écrire

Yo quiero subrayar cómo llegué a sus textos y cómo me impactó su personalidad intelectual

Fidencio Aguilar Víquez

Es Doctor en Filosofía por la Universidad Panamericana. Autor de numerosos artículos especializados y periodísticos, así como de varios libros. Actualmente colabora en el Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV).

Miércoles, Abril 16, 2025

La muerte de Vargas Llosa, como la de otros grandes y buenos artistas de la escritura, suscita la lectura y relectura de sus obras, que suele ser la forma en que su legado cobra nueva vigencia. Muere el hombre, pero persiste la obra. Desde La ciudad y los perros (que el autor había titulado inicialmente La morada del héroe), rescatada por Carlos Barral en los años sesenta, hasta Le dedico mi silencio (la última que publicó en vida), se traza un hilo conductor y una evolución en el talante y talento del autor peruano.

Disciplina y preparación, tanto física como intelectual, sumadas a inspiración y creatividad, formaron en el Nobel una unidad que le dio consistencia y contundencia a su escritura. Su opción por las letras, primero en la Universidad de San Marcos y luego en la Complutense, donde realizó su doctorado, da cuenta de su férrea voluntad. Esta disciplina se reflejaba también en su rutina cotidiana: ejercicio físico, seguido de dos horas de lectura de diarios y revistas antes de comenzar a escribir.

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Algunos de sus biógrafos señalan que su pasión por la escritura estaba por encima de otras, como las mujeres o los viajes. Cuando vivía en París, un editor que descansaba en su casa contó que, mientras escuchaba los silencios y las pulsiones de la máquina de escribir, oyó una voz femenina. Siguió escuchando las teclas y, después de un rato, la voz del escritor: “¿Qué haces? ¡Vístete que te vas a enfriar!” Luego, un portazo. Y enseguida, de nuevo, el tecleo incesante. Incluso en sus viajes de descanso, Vargas Llosa desaparecía durante un par de horas: iba a cumplir con su trabajo diario (1).

Se han escrito y escribirán muchos textos sobre él, con razón, tratándose de un autor tan famoso, relevante y polémico. Yo quiero subrayar cómo llegué a sus textos y cómo me impactó su personalidad intelectual. Me gustó mucho un ensayo suyo sobre Albert Camus y el absurdo, que creo fue lo primero que leí de él. Desde luego, su intervención en los coloquios convocados por Octavio Paz, donde calificó a México como “la dictadura perfecta”, es insoslayable: sintetizó con precisión lo que era el régimen político de entonces. Esto fue a principios de los noventa.

Mi reencuentro con sus textos vino con la publicación de la edición especial del IV Centenario de Don Quijote de la Mancha (2004): “Una novela para el siglo XXI” (2). El tema de la libertad, ahí tratado, resulta profundamente sugerente y expresa lo que Vargas Llosa piensa de la novela: nos permite vivir vidas que no viviríamos, desear otra forma de vida, imaginar mundos mejores. Y ese deseo puede derivar en cambio social positivo.  

En La verdad de las mentiras, afirma: “a la vez que aplacan transitoriamente la insatisfacción humana, las ficciones también la azuzan, espoleando los deseos y la imaginación” (3). Desde ahí, el deseo de libertad cobra cuerpo. “Salir de sí mismo, ser otro, aunque sea ilusoriamente, es una manera de ser menos esclavo y de experimentar los riesgos de la libertad” (4). En ese ámbito puede también descubrirse la “verdadera historia”, la que los historiadores no saben o no pueden contar. ¡Y mucho menos la que narran los oficialismos!

Este libro, además, me dio una verdadera lección de literatura contemporánea. No sólo amplió mi horizonte de mundos —algunos ya entrevistos—, sino que me llevó a leer novelas referidas en él y a descubrir autores valiosos.

Leí El corazón de las tinieblas de Conrad, Dublineses de Joyce, El lobo estepario de Hesse (que ya había leído), Trópico de cáncer de Miller (y luego otros del mismo autor), Auto de fe de Canetti (y casi toda su obra traducida al castellano), El reino de este mundo de Carpentier… En fin, un banquete literario, con libros ya conocidos y otros nuevos, como El cuaderno dorado de Lessing y Sostiene Pereira de Tabucchi.

Otro libro suyo que me gustó fue El lenguaje de la pasión, una colección de breves ensayos sobre nuestro tiempo (5). Ahí descubrí a Octavio Paz. A partir de esa lectura decidí que no podía continuar mi camino literario sin conocer a fondo al Nobel mexicano. Una mina me llevó a otra, y ambas me abrieron un nuevo horizonte en la literatura hispanoamericana, así como a autores mexicanos contemporáneos.

No me detuve en los ensayos. Pasé a las novelas. Conversación en La Catedral me introdujo en los entresijos de la política, en la bajeza del poder, en la degradación de una sociedad sometida. La fiesta del Chivo es otro retrato de esa perversión del poder. Hay otras menos extensas pero igual de intensas, como El paraíso en la otra esquina (una pintura del feminismo y el erotismo), Travesuras de la niña mala (un amor que lo transforma todo), o El sueño del celta (la oscuridad del alma y la conversión político-social). Y, por supuesto, Le dedico mi silencio, la última, donde se explora la búsqueda de un guitarrista mítico. Todas ellas permiten acceder al corazón humano.

El papa Francisco incluso cita una novela suya en Querida Amazonia. En el número 34, escribe: «Durante siglos, los pueblos amazónicos transmitieron su sabiduría cultural de modo oral, con mitos, leyendas, narraciones, como ocurría con [y aquí cita al peruano] “esos primitivos habladores que recorrían los bosques llevando historias de aldea en aldea, manteniendo viva a una comunidad a la que sin el cordón umbilical de esas historias, la distancia y la incomunicación hubieran fragmentado y disuelto”» (6).

Otros ensayos suyos iluminan nuestro tiempo. La llamada de la tribu presenta a los pensadores que influyeron en su liberalismo: Smith, Ortega y Gasset, von Hayek, Popper, Aron, Berlin y Revel. La civilización del espectáculo es una crítica feroz a la cultura contemporánea: mucha información, poca comprensión. Estoy por terminar El fuego de la imaginación y revisito Un bárbaro en París, donde está su discurso de ingreso a la Academia Francesa. Era, en efecto, une bête à écrire.

Leerlo deja una inquietud fecunda sobre el saber, la realidad y cómo podría transformarse desde una mejor imagen del ser humano. Como otros grandes pensadores y Nobel —Paz, Camus o Canetti—, Vargas Llosa se declaraba agnóstico. Yo creo, personalmente, que la fe religiosa es un don del cielo; pero si alguien, sin poseerla, deja algo tan valioso al morir, también es motivo de admiración. Puede enseñar a los creyentes a responsabilizarse de esta vida y de este mundo, y a hacerlos dignos de vivirse humanamente.

Observar su obra puede ayudarnos a responder aquella pregunta de Conversación en La Catedral: “¿En qué momento se jodió el Perú?”. Lo mismo podríamos preguntar de México. La respuesta parece estar en su obra: desde que el poder perdió la conciencia crítica y moral; desde que la gente decente dejó los asuntos públicos en manos de profesionales indecentes. Es decir, desde que se apagó la conciencia crítica y moral del poder.

Post-facio

Si Vargas Llosa hubiera vivido en la Angelópolis, habría escrito novelas con títulos elocuentes y sugerentes: El góber precioso y las botellas de cognac; y, acorde con 2025, El góber injurioso: retórica y praxis del poder. No faltaría alguna sobre la universidad: Las cuotas no se pagan, se cobran. O sobre las desapariciones: La fiscal ausente. Emplayados en la batea. La prensa tampoco escaparía: De trinos y de alpiste.

Notas
1) J. J. Armas Marcelo, Vargas Llosa. El vicio de escribir, De bolsillo, México 2010, pp. 34ss.
2) Mario Vargas Llosa, “Una novela para el siglo XXI” en Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Edición del IV Centenario, Real Academia Española, Asociación de Academias de la Lengua Española, México 2004, pp. XIII-XXVIII.
3) Mario Vargas Llosa, La verdad de las mentiras, Punto de lectura, Madrid 2007, p. 23.
4) Ib., p. 24.
5) Mario Vargas Llosa, El lenguaje de la pasión, Punto de lectura, Madrid 2002, pp. 300-308.
6) Francisco, exhortación apostólica Querida Amazonia, n. 34, nota 39. La obra citada de Vargas Llosa es El hablador, De bolsillo, Madrid 2015, prólogo.

 

 

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