Los aranceles que ha impuesto el gobierno de Trump a todos los países del orbe, salvo algunas excepciones, forma parte de un plan estratégico diseñado para reindustrializar de nuevo a Estados Unidos y convertirlo en la mayor potencia de la historia de la humanidad en el siglo XXI.
Esto no es un secreto. Se trata de un plan que defiende dos de los más importantes miembros de su gabinete: su secretario del Tesoro, Scott Bessent, empresario, inversionista y profesor de la Universidad de Yale y su asesor financiero, Stephen Miran, especialista en negocios por la Universidad de Harvard.
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Para ambos personajes, las tarifas son solo parte de un proceso para cambiar estructuralmente el sistema económico internacional.
Estados Unidos ya lo había hecho en dos ocasiones anteriores. Después de la Segunda Guerra Mundial, la nación norteamericana creó el acuerdo de Breton Woods que consistió en financiar la reconstrucción de Europa y crear los pilares de un sistema internacional basado en el dólar. Con su infraestructura industrial en perfectas condiciones, Estados Unidos inundó el mundo con sus productos y comercio con sus aliados y los países neutrales dejando fuera a las naciones vasallas del bloque comunista. También se fomentó el desarrollo de economías nacionales y se dio cierto margen de maniobra a los países amigos para crear modelos de estado de bienestar.
Luego, en los años ochenta, con la inminente caída de la Unión Soviética, Ronald Reagan y Margaret Tatcher globalizaron el modelo neoliberal que consistía en que todas las naciones del mundo abrieran, paulatinamente, sus fronteras para el comercio internacional sin aranceles ni restricciones de tipo alguno. Los estados de bienestar se fueron desmantelando y las empresas nacionales tuvieron que competir, de la noche a la mañana, con las empresas estadounidenses mucho más eficientes y poderosas.
Esos dos momentos de la influencia estadounidense en la economía mundial se han superado con un saldo no tan favorable para esa nación, según el equipo de Trump. En primer lugar, la promoción del desarrollo industrial y el libre comercio propició el surgimiento de nuevas potencias económicas como China e India. Ambas son naciones que subsidian a sus empresas y complejos industriales, algo que los estadounidenses no hacen en casa.
En segundo lugar, la globalización neoliberal fue desmantelando la estructura industrial de Estados Unidos que emigró hacia países con mano de obra más barata. Esto es parte de lo que se conoce como la desindustrialización de Estados Unidos. De la noche a la mañana, cerraron fábricas e industrias y millones de obreros calificados se quedaron sin trabajo.
Para el pensamiento conservador y de corte realista, esto fue un craso error. Primero, porque los obreros calificados de Estados Unidos se vieron hundidos en el desempleo, el subempleo y la depresión emocional. Esos obreros votaron por Trump, quien les prometió regresarles sus fábricas y complejos industriales. Segundo, para el pensamiento conservador y realista, perder esas fábricas e industrias significaba que Estados Unidos perdiera también una ventaja comparativa respecto al mundo. En esas fábricas, ante una guerra, el país podría producir armas, aviones y carros de combate. Así ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la industria de tractores para el campo dejó de producirlos para construir centenas de tanques.
Por lo tanto, con la imposición de tarifas arancelarias, se espera que en el corto plazo regresen las fábricas e industrias a establecerse de nueva cuenta en Estados Unidos. O, por lo menos, las tarifas arancelarias podrían convertirse en mecanismos de negociación para alcanzar otro tipo de acuerdos de manera unilateral con los países involucrados.
Para la mayoría de los economistas, esta estrategia no dará resultados porque las demás naciones del mundo no se quedarán a la expectativa observando pasivamente la reindustrialización de Estados Unidos. Y esta reindustrialización tampoco ocurrirá en el corto plazo. Al menos requerirá un par de décadas que los votantes de Trump no podrán soportar.