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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Cosas mágicas suceden…

Me declaro elle y gracias a estudiantes de la BUAP en paro, me devolvieron mi auténtica mentalidad

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Viernes, Marzo 28, 2025

‘Elle’ en francés es ‘ella’ -pronombre singular femenino tradicional-; y cuando ese “ella” se convierte en el ‘elle’ -pronombre neutro de género no binario- (singular de elles), cosas mágicas suceden…

Me sucedió y les platico. Desde bebé siempre fui una niña muy traviesa, y   prefería divertirme con mis hermanos y primos llenos de energía y vitalidad; porque inventábamos diabluras, éramos cascabeles colmados de risas y carcajadas, sin medir el peligro me consentían y cuidaban.

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Las niñas de mi edad eran quietas, bien portadas, modositas con vestidos elegantes, tobilleras de olán y zapatos nuevos; jugaban a las muñecas --las famosas Barbies--, a la comidita, a la casita, a hornear pastelitos miniatura en hornos de juguete que mágicamente funcionaban y otras lindezas. A mí me vestía así pero después de los eventos, me quitaba todo, me ponía shorts y playera y ¡a jugar con los niños! Nunca jugué a las muñecas, ni a la casita, ni a la cocinita, ni a las Barbies --las odiaba—.

Un evento que revoloteó el vecindario de la colonia La Paz, donde viví, fue cuando me regalaron una muñeca de mi tamaño. A la pinchi muñeca la mandaban al salón de belleza porque yo le jalaba los pelos y la despeinaba, y le cambiaban sus vestiditos porque yo la arrastraba y la ensuciaba.

Y un día, mi mamá me dijo que si no jugaba con la muñeca me iba a castigar, y me la dio. La cargué y sin saber qué hacer con ella, fui a la entrada de la casa y abrí la puerta pensando cómo deshacerme de ella.

Llegó una “niña de la calle” con quien jugaba en el jardín de afuera. Me miró y sonrió. Se acercó y con voz dulce dijo: “Está bonita tu muñeca”. Respondí: “¿Te gusta?” Dijo: “Sí”. Se la extendí y dije: “¡Te la regalo!”. Nunca he olvidado el brillo de sus de alegría y sorpresa, ¡no lo podía creer! La abrazó --como yo nunca lo hubiera hecho--, y se alejó dando brinquitos de contenta.

Entré a la casa y al llegar a la cocina a pedir un taco de sal. Mi mamá me preguntó por la muñeca. Le dije: “Se la regalé a mi amiga de la calle”. Y el ejército de sirvientes salieron corriendo a pescar a la niña que se la había llevado, mientras yo a gritos refutaba: “¡¡Yo se la di!!”

Ahora entiendo que siempre he sido “elle”. Amo ser mujer y mi mejor versión es ser madre, pero la mentalidad de mierda que se inculcaba, obedecieras o no, de que las niñas tienen que comportarse así; te tienes que casar, etc, sin poder hacer todo lo que te venga en gana, --como regalar tu pinchi muñeca-- me hubiera evitado cometer muchos errores que no estaban en mis convicciones e hice por sólo salir del paso: Hubiera cometido otros, pero hubieran sido auténticamente míos.

Ahora me declaro elle de nacimiento, y agradezco infinitamente a les elles, estudiantes de la BUAP en paro 2025, que me develaron y devolvieron mi auténtica mentalidad.

Hay que ser y hacer lo que te dicta el corazón, “lo que te gane la gana”. Ahí está tu auténtica naturaleza y condición humana, que te lleva a asumir las consecuencias hasta con alegría de tu legítimo actuar, y no irse arrepintiendo por la vida por haber seguido las reglas sociales que destruye tu naturaleza y tu condición humana, por igual, de mujeres que de hombres

Neta, soy elle.

alefonse@hotmail.com

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