Las imágenes de pánico (el rostro más siniestro de la muerte) encontrados en un rancho en el estado de Jalisco, en el que se manifiestan el grado de deshumanización alcanzado entre ciertos grupos de personas, generalmente conectadas con bandas criminales, ha recibido la mayor condena social, superior a la experimentada durante la desaparición de los 43 estudiantes en Ayotzinapa.
En mucho por la insensibilidad inhumana manifiesta por el gobierno de Morena, vertida por boca de personas como el presidente del Senado, el señor Noroña; y de la misma presidenta de la República, la señora Claudia Sheinbaum. Dos poderes de la Unión que instigan en contra de un grupo de dolientes. Es de sospechar que el gobierno teme que la condena lo alcance, de allí su afán sincronizado por negarlo todo.
Más artículos del autor
Noroña desestimó el hallazgo y cargó contra los dolientes y críticos con los epítetos que lo caracterizan. No los bajó de miserables y canallas: “Hay allí 200 zapatos, y qué”. La presidenta, sin razón aparente, salió en defensa no de los que buscan consuelo y justicia, ni de la razón pública, a la que está obligada, sino de López Obrador. Para él pidió que lo dejen en paz. La deshumanización parece calar hondo también en la estructura de gobierno. En donde además se observa desinstitucionalización, pues dos poderes obran como facción, y no como lo que sus representantes protestaron cumplir y hacer cumplir. El grupo que ahora encabeza el gobierno fue el que desde la oposición, hace once años, urdió el mantra de “fue el Estado”, para avenirse simpatizantes para su nuevo partido, Morena, no para esclarecer el paradero de los muchachos. Como gobierno administran la desaparición, no la esclarecen.
Es de suponer –siguiendo a los expertos– que los grupos del crimen en el lugar del horror actúan o actuaron con la complacencia oficial (no hay otra manera de entenderlo razonadamente: el rancho se encuentra a 59 kilómetros de Guadalajara, la capital, a 6 de la presidencia municipal de Teuchitlán, y durante seis meses estuvo bajo resguardo de la Guardia Nacional; además, y apenas hace falta recordarlo, los gobiernos federal y estatal disponen de los recursos tecnológicos de comunicación más avanzados, para interceptar miles de conversaciones a la vez. Guadalajara es la segunda ciudad más grande del país; no son las montañas de Guerrero.
Las prendas de vestir y los testimonios –temerosos– de personas sobrevivientes que han empezado a conocerse a través de periódicos hacen inobjetable que, en efecto, se trata de un lugar de exterminio.
Salvo para el gobierno no lo es, que teme ser incriminado, y condenado por la opinión pública, por incompetencia o por connivencia, o por ambas. Las imágenes y la fuerza monstruosa de los relatos obligan a interrogarnos por el significado de la violencia. Tanto para los que la acometen como para quienes la normalizan o incluso justifican. En vastos territorios del país, en especial en el centro y sur, el crimen es considerado “el otro gobierno”, más cruel pero más eficiente en sus amenazas.
No olvidemos en este punto que en la izquierda mexicana abreva de una poderosa tradición que asocia la violencia con acciones libertarias y le otorga un carácter fecundo. Hasta hace poco, y todavía en muchas mentes, la Revolución es un proceso inminente, además de fecunda y libertadora. Se trata del revolucionario radical, en palabras de Hannah Arendt. Pancho Villa es el paradigma por antonomasia.
Es una corriente de pensamiento universitaria ortodoxa. Su principal base ideológica hacia los setenta fue Los condenados de la tierra, el libro de Frantz Fanon, el intelectual y activista argelino, considerado el padre de los estudios de descolonización. Ese libro fue traducido al español para el FCE por Julieta Campos, esposa de Enrique González Pedrero, padre putativo de López Obrador (él lo nombró presidente del PRI en Tabasco, cuando aquel fue gobernador).
Otro libro-manual que reivindica la violencia es El diario del Che en Bolivia, publicado a finales de los sesenta. En la sociología clásica se le identifica con el progreso y la modernidad. Al intentar eliminar la violencia, la burguesía –el Estado burgués– estaría deteniendo el cambio para conservar el status quo y los privilegios. La democracia en este concepto sería una especie de patraña negacionista de la transformación. Georges Sorel y Walter Benjamin, viejos pensadores, se encuentran en esa línea. Posteriormente vendría Weber y Arendt. Sorel cuestiona severamente que la violencia sea un residuo de la barbarie y que esta llamado a desaparecer bajo la influencia y el progreso (Reflexiones sobre la violencia). Benjamin tiene Hacia la crítica de la violencia.
La RAE define la violencia como cualidad de violento, punto. Es una definición dubitativa y tímida. El Banco Interamericano de Desarrollo, entre sus informes periódicos sobre los temas de la región, la define como un fenómeno complejo y de varias dimensiones, que obedece a factores psicológicos, biológicos, económicos, sociales y culturales. Cruza las fronteras entre individuo, familia, comunidad y sociedad. A su vez, la violencia tiene consecuencias que abarcan diversos ámbitos individuales, familiares, comunales y sociales. Su multidimensionalidad genera distintas manifestaciones y de distintos tipos. En un ambiente dominado por la violencia no hay desarrollo ni prosperidad. Por definición, la gobernabilidad, en la que unos mandan y los otros obedecen, se rompe de tajo.
Sin embargo, lo que importa en el contexto del ahorita es la deshumanización creciente como fenómeno social. Para la RAE se trata de “acción y efecto de deshumanizar”. Deshumanizar: “privar de caracteres humanos”. Desde la sociología tenemos que la deshumanización tiene que ver con un proceso mediante el cual una persona o grupo de personas pierden o son despojados de sus características humanas. Los procesos de deshumanización, de valoración ética habitualmente negativa, sigue, remiten inmediatamente a la noción de humanismo como contracara éticamente positiva. También se le identifica íntimamente con los procesos con los sistemas de dominación y poder y con la manipulación de la cultura de masas. El caso de la deshumanización alcanza un punto paradigmático en la novela 1984, de George Orwell. Sin embargo, la deshumanización parece estar presente en sociedades organizadas en regímenes capitalista que comunistas.
No es el Estado mexicano y sus gobiernos los que han descubierto el infierno, y revelado el Estado contrahecho que es el mexicano, sino un grupo de mujeres, de los sectores marginados, desamparadas, los que han venido a dar la voz de alarma. Nos aplicamos o nos hundimos todos. Son, ellas, los héroes del Nuevo Siglo.
Chayo News
En Puebla se registra un número de 45 por personas desaparecidas por mes, para el año de 2024. Lo que con sus variaciones hizo un total de 540 personas sobre los que se desconoce el paradero. El aumento con respecto al 2023 es de 96.4%. Se trata cifras oficiales difundidas por el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y no Localizadas. Sin embargo, los colectivos de búsqueda tienen otros datos (Con información de Desireé Hill).
***Dicen que el nombramiento de un nuevo rector en la Universidad Tecnológica de Xicotepec, en la Sierra Norte, acabará reconfigurando los viejos grupos de poder y dará lugar a nuevas organizaciones vinculadas con el futuro inmediato y mediato, toda vez que traen carrera de corto, mediano y largo plazo. ¿Será?