El mes de pausa de imposición del 25 por ciento a los productos provenientes de México y Canadá ha concluido y, hasta donde podemos ver, con matices de último momento (Bloomberg, Excelsior). La política proteccionista impulsada por el presidente Donald Trump arranca ante la "insatisfacción" de los logros de México para aniquilar la producción de fentanilo, que, al final del día, era el entregable para fin de mes y no sucedió.
Ante la presión en la llamada telefónica del 3 de febrero (e – consulta), México entregó el pasado 27 de febrero a los 29 "sacrificables", que no es poca cosa, pero no fue suficiente. De hecho, muy posiblemente nada sería suficiente, argumento que adquiere validez en el contexto en el que Canadá corrió la misma suerte sin tener acuerdos pactados e incumplidos relacionados con el crimen organizado.
En todo caso, Trump espera algo más del gobierno mexicano. Probablemente una señal más contundente de su rompimiento con el crimen organizado, como por ejemplo la entrega no solo de narcotraficantes sino sus contrapartes en el gobierno, por ejemplo, el expresidente López Obrador, Mario Delgado, o el gobernador Rubén Rocha Moya. Sin embargo, el canto de cualquiera de ellos en el exterior para reducir su condena sería catastrófico para la presidente y su partido, por lo que tal escenario no está en el tablero de negociación de la presidente y su jefe.
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En este contexto, el camino entonces, seguramente que va a solucionar las tensiones comerciales entre México y Estados Unidos será una marcha en el zócalo. Sí, seguramente eso será la solución.
Por otra parte, una propuesta no descabellada ante la casi imposible apertura del presidente Trump proseguir firmando decretos sin precedentes, sea una estrategia un poco más inteligente, en la que no apele a argumentos sino a hechos.
Esto es, ante la ineficacia de proponer argumentos convincentes, objetivos y verificables, como por ejemplo el cálculo del daño que provocará a la propia economía norteamericana la imposición de aranceles al acero y aluminio (e consulta), lo único que hará al mandatario norteamericano moderar su dinámica de negociación será aquella que solo el evalúe como conveniente. Por ejemplo, la posibilidad de que pierda la mayoría en el Congreso de su país.
Lo anterior pudiera ser logrado mediante la imposición de aranceles recíprocos focalizados. Es decir, la imposición de aranceles específicos a productos cuyos estados exportadores tienen un sensible impacto en su economía estatal y al mismo tiempo tiene escaños en el congreso que podrían pasar del color rojo al azul, es decir, de republicanos a demócratas, regresando entonces el equilibrio de poderes en el vecino país.
Aquí le propongo una tabla para su reflexión: El gráfico muestra los diez estados de los Estados Unidos cuyo comercio internacional es principalmente con México. Asimismo, incluye el porcentaje de exportaciones de cada estado destinadas a México respecto del total de sus exportaciones, los principales productos exportados a México y el número de demócratas y republicanos por estado en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos.
Estados de EE.UU. con mayor comercio con México
Fuentes:
Secretaría de Economía de México
Statista
Cámara de Representantes
Los diez estados con mayores exportaciones a México con posibilidades de cambiar de rojo a azul, es decir, de republicanos a demócratas en términos de sus representantes en el Congreso derivado de la incomodidad de sus electores por las consecuencias de los decretos de su presidente sí podría mover el tablero, dando por consecuencia un posible cambio de juego logrando la mesura, no por gusto, sino por necesidad de negociar con el Congreso al perder la mayoría republicana.
En muchos de los casos, estados con un relativo alto porcentaje de exportaciones a México cuyos productos representados incluyo en la tabla y al mismo tiempo tienen un jugoso mercado de representantes susceptibles de cambio de color de rojo a azul son la clave para una estrategia arancelaria recíproca.
No estoy seguro, pero creo que una manifestación en el Zócalo en donde, no solamente se gaste una fortuna en compra de voluntades para llenar el recinto, sino que al final del día ningún resultado concreto se podría esperar como resultado de la muestra de músculo de la 4T. Si la negociación de la acumulación de miles de vidas perdidas en Ucrania probó no mover un milímetro las determinaciones –incluso llegando a la humillación pública de un primer mandatario– ¿una reunión en el zócalo lo hará?
Casi le puedo asegurar que logrará una carcajada y un baile característico trumpista bien conocido al término de una nueva victoria.