Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Fátima Maite y el bullying en México

No debe sorprendernos: México ocupa el segundo lugar del ranking mundial de acoso escolar

Jorge Calles Santillana

Académico jubilado, interesado en la política y su socialización a través de los medios y las conversaciones públicas. Estudioso de las representaciones forjadas en la intersección de medios de comunicación, redes sociales, audiencias y prosumidores. Deportivamente, azul: Cruz Azul, Dodgers y Cowboys.

Martes, Febrero 18, 2025

UNO. Fátima Maite cayó desde un tercer piso de la secundaria diurna 236, en Iztapalapa, el pasado día 4 de febrero, como resultado de un posible empujón. Tres días después, su padre presentó una denuncia ante la Fiscalía de la Ciudad de México.  El hecho, que al parecer podría ser uno de los múltiples casos de bullying que se registran anualmente en México, ha adquirido notoriedad pública porque, entre otras causas, la embajada de Corea del Sur en México ha solicitado la intervención de las autoridades debido a que su afición por el K-Pop podría ser una de las razones que pudo haber suscitado el ataque a Fátima.  E

En redes, adolescentes de todas las edades y rumbos del país, que se identifican como fans de los artistas del K-Pop, han elevado sus protestas y manifestado su solidaridad con Fátima y su familia. Otras comunidades de jóvenes, igualmente identificados con diferentes corrientes artísticas y musicales, han rechazado el bullying, expresado su apoyo abiertamente a Fátima y exigido a las autoridades que se generen políticas públicas que aseguren el respeto hacia todo tipo de preferencias culturales.

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Mario Delgado, secretario de Educación, se reunió este fin de semana con los padres de la joven, en un intento por mostrar el interés de las autoridades del gobierno federal por atender el suceso y resolverlo con apego a la ley.  Delgado informó que la Fiscalía ha abierto un proceso de investigación y que en cuanto se tenga claridad sobre lo sucedido se procederá con pertinencia jurídica. Él mismo informó que la madre de Fátima le hizo saber que su hija había estado siendo molestada por varios compañeros desde hacía algunos meses, por lo que ella y su esposo presentaron una queja ante la dirección de la escuela.  

Días después, el director de la secundaria y otras autoridades escolares solicitaron a quienes hostigaban a Fátima que detuvieran sus agresiones. A pesar de eso, Fátima continuó siendo objeto de críticas, al grado que decidió no regresar a la escuela tan pronto como las vacaciones de fin de año llegaron a su fin. Lo hizo hasta finales del mes de enero. A los pocos días, ocurrió el percance que ha despertado el encono de la opinión pública.

El secretario descartó, ayer por la tarde, que un video en el que se aprecia a una joven caer desde lo alto en una escuela corresponda al caso de Fátima. Según él, el mismo director de la escuela ha afirmado que las instalaciones en las que ese hecho ocurre no son las de la secundaria a su cargo. Por su parte, Citlalli Hernández Mora, titular de la Secretaría de las Mujeres, lamentó el suceso, se solidarizó con la familia de Fátima y señaló que, de la mano de la Secretaría de Educación, están trabajando para elaborar protocolos en contra del maltrato en las escuelas, así como de la violencia sexual.  

Lamentablemente, debido a que rara vez se convierte en tema prioritario de la agenda pública, la violencia adolescente en México pasa desapercibida y termina por no ser abordada como asunto relevante en las instancias desde las cuales debería identificarse y prevenirse. Así, el caso de Fátima pasará a engrosar los sucesos emblemáticos que propician que, de vez en cuando, el bullying irrumpa en la conversación pública para ser condenada y, posteriormente, olvidada hasta en tanto un nuevo caso inicie otro proceso de ruido-silencio alrededor del problema.

En los últimos años, en Teotihuacán, en Tlaxcala, en Hidalgo y aquí, en Puebla se han registrado algunos de estos hechos violentos cuyas circunstancias y consecuencias los hacen irrumpir en la esfera mediática.  Éstos culminaron con pérdidas de vidas, muertes cerebrales, daños irreversibles en alguno de los sentidos de los jóvenes, además de suicidios, sin que se hayan encendido alarmas en el sistema educativo y se haya emprendido la necesitada cruzada que el bullying requiere para ser contenido.

DOS. Según el Consejo Nacional de Población (CONAPO), en 2022 había en México cerca de cuarenta millones de jóvenes menores de dieciocho años, esto es, poco más de treinta por ciento de la población. Según la Encuesta Nacional de Discriminación (ENADIS) realizada por el INEGI, el 28 por ciento de los jóvenes de esas edades que asistían a escuelas en 2022 habían sido víctimas de algún tipo de acoso.

Otras fuentes presentan discrepancias. Bullying Sin Fronteras, una ONG asentada en Buenos Aires, apoyada por más de cincuenta mil colaboradores alrededor del mundo y que consiguió que la UNESCO declarara, en 2013, al 2 de mayo como el Día Internacional en Contra del Bullying o Acoso Escolar, sostiene que en 2023 siete de cada diez de los escolares sufrieron algún tipo de acoso, incluyendo el cibernético, en México. Sea cualquiera la cifra correcta hemos de admitir que el acoso es un problema nacional que requiere atención de manera urgente. Javier Miglino, presidente de Bullying Sin Fronteras, ha afirmado que el acoso es la epidemia del siglo XXI.

Una vez más, México destaca cuando se trata de estadísticas negativas. Nuestro país ocupa el primer lugar en acoso escolar, de los 34 que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), seguido por Colombia. Aun cuando el fenómeno es más grave en España, México aparece en el segundo lugar del ranking mundial de bullying. No deja de ser interesante que entre los doce países más afectados, siete son latinoamericanos (México, Argentina, Colombia. Costa Rica, Brasil, Perú y Chile). No hay en la lista otro país europeo, además de España. Estados Unidos, Kazajistán, Marruecos y Australia completan el catálogo.

No debe sorprendernos. Alta violencia e inseguridad social, falta de políticas claras frente al acoso, escasa capacitación entre el personal educativo y administrativo de las instituciones escolares, sistemas educativos con deficiencias estructurales, sociedad con profundas desigualdades sociales y permeadas por culturas de discriminación, violencia en los entornos familiares, la existencia de una cultura que normaliza el acoso y alta penetración de redes sociales son algunos de los factores que facilitan el bullying.  El perfil describe perfectamente la realidad mexicana.

Por otra parte, Corea del Sur y Japón son los países en los que se registran las tasas más bajas de acoso escolar: 1.1 y 3.7 por ciento respectivamente. ¿Por qué? ¿Qué diferencias estructurales existen entre estos países orientales y los latinoamericanos, especialmente el nuestro? Para empezar, las culturas de estos países están forjadas alrededor de los valores del respeto, la armonía y la disciplina y reciben especial atención en todos los niveles educativos.

Adicionalmente, el sistema educativo ha institucionalizado normas claras sobre el comportamiento escolar, según las cuales el acoso es severamente castigado. En su proceso formativo, los estudiantes son formados a través de lógicas de cooperación, más que de competencia. Los padres son involucrados en el proceso educativo y en la formación ética de sus hijos. Destaca, además, el enfoque socioemocional de la educación; los estudiantes son formados en actividades en los que la presencia de los otros es permanente y su importancia es resaltada.

Si el primer perfil nos ofrecía la fotografía de la realidad nuestra, este último da cuenta, también de manera casi perfecta, de todas nuestras carencias.  Pero no estaría de más tomarlo como un tipo ideal a ser reproducido. 

Preocupa, de esa manera, que el secretario de Educación tenga más interés en calificar la veracidad de un video, que en enfrentar el fenómeno, tomar el toro por los cuernos y convocar a la comunidad escolar mexicana, a las autoridades de todos los niveles, a expertos y a padres de familia a emprender una serie de proyectos que tiendan no solamente a frenar el abuso cada vez mayor en los recintos escolares, sino, de la mano, a impulsar la excelencia académica.

Preocupa también que la Secretaría de Mujeres enfatice la necesidad de protocolos, como si las malas conductas fueran resultado únicamente de la falta de directrices. Preocupa, pues, que los altos funcionarios del gobierno federal no tengan una perspectiva global e integral de los problemas que aquejan a la educación y que terminan por impedir que el sistema forme de ciudadanos solidarios, respetuosos y proactivos.

Esperemos que Fátima se recupere plenamente y que la agresión de la que posiblemente fue víctima termine por ser la gota que derramó el vaso, nos hizo cobrar conciencia y nos condujo a sacudir de raíz el sistema educativo todo.   

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