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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Las elecciones en Reino Unido

El caso británico señala una vuelta de tuerca en contra del conservadurismo de manera clara

Jorge David Cortés Moreno

Profesor-investigador con posdoctorado en  Administración, Políticas Públicas y Gobierno  (New Mexico University), con estudios de Doctorado en Ciudad y Territorio (Universidad de Valladolid, España); maestro en  Comunicación Política y Gobernanza (George Washington University) y maestro en Ciencias Sociales (El Colegio Mexiquense). Ha sido docente y autor de artículos académicos y coautor de más de siete libros.  

Miércoles, Agosto 7, 2024

Hace algunas semanas hubo elecciones generales parlamentarias en Reino Unido para elegir al nuevo primer ministro. Los principales sondeos de opinión adelantaban la posible victoria del Partido Laborista, en consecuencia, la llegada de Keir Starmer, quien ha tenido una carrera como abogado en derechos humanos y con cargos partidistas. Poco menos de quince años consecutivos estuvo gobernando el partido conservador. El último primer ministro laborista fue Tony Blair, el cual había generado grandes expectativas con nuevas políticas progresistas; sin embargo, el contexto global le configuró un nuevo destino a su visión de gobierno.

De esta manera, estas elecciones generales del Reino Unido de 2024 que se llevaron a cabo el 4 de julio,​ tienen cuatro rasgos interesantes: las primeras en las que se requirió de “credencial para votar”, es decir, todos los votantes tenían la obligación legal de mostrar una identificación oficial que demostrara pertenecer legalmente al Reino Unido. Por otro lado, fueron las primeras elecciones generales desde la salida del Reino Unido de la Unión Europea (Brexit). Además, las primeras realizadas durante el reinado de Carlos III y finalmente, fueron las elecciones con un nivel de votación mayor del 60 por ciento o para decirlo de otra manera, no fueron a votar alrededor del 40 por ciento de los votantes esperados.

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De esta forma, los resultados señalaron que ganó el Partido Laborista (centro-izquierda) con Keir Starmer, derrumbando casi tres lustros de gobiernos conservadores, con Rishi Sunak en el gobernante Partido Conservador, que sufrió un revés impresionante. Por cierto, las encuestas y los estudios de prospectiva mostraban la posibilidad de triunfo de los laboristas a partir de la incapacidad política del gobierno para resolver las principales necesidades de sus habitantes. Las fórmulas de gobierno de los conservadores se agotaron desde hace tiempo y ya no respondían las llamadas de urgente atención de los pueblos del Reino Unido que viven peor que ayer, el costo de la vida a partir de la absurda decisión del Brexit ha traído una cascada de alteraciones al bienestar social.

Llama la atención que el Partido Conservador con Boris Johnson había aplastado en las urnas a sus rivales en 2019. En 2020 llegó el Brexit, y encima el COVID, con una enorme complicación para el país. Por otra parte, el mayor impulsor del Brexit, Nigel Farage del Partido Reformista, comenzó a proponer reducciones de impuestos y de la inmigración masiva, sin omitir su extraña propuesta de retirar a Reino Unido del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. En el contexto de 2024, las ideas de Farage han sido premiadas: su partido se convirtió en la tercera fuerza política más votada y recibió cinco escaños en el parlamento. Farage ya se vio: quiere ser primer ministro en las elecciones de 2029. Más allá de las declaraciones patrióticas, hay un indicador que ha llamado la atención de los especialistas en Londres: la participación electoral debe verse como un mensaje de los ciudadanos en el sentido que ya se fastidiaron de la política y que al menos el escenario público de las campañas de los candidatos no ofrecía algo interesante o disruptivo, sino la posibilidad de seguir con lo mismo o volver por el camino de los actores políticos que surgen de la gente,  caminan con la gente y para la gente, no para las corporaciones y las élites. El veredicto del fastidio es evidente y los que pagaron la parte más abultada de la factura son los conservadores con la peor derrota desde su fundación como partido político, dejándole al Partido Laborista y al ya primer ministro británico, Keir Starmer, un enorme reto.

Como muestra del disgusto social, está el caso de la ex primera ministra Liz Truss, quien apenas estuvo en el cargo por seis semanas, tras la presentación de un plan financiero que puso en picada a la libra esterlina. Truss renunció en 2022 como líder del Partido Conservador y ahora, perdió su curul. Todo en menos de un trienio. Las seis semanas que Truss estuvo en el cargo terminaron no solo con un terremoto financiero para la nación sino en una pérdida de la confianza hacia ella por parte de su partido.

De la misma forma, la pérdida del escaño por parte de Penny Mordaunt, líder de la Cámara de los Comunes, a quien se le consideraba segura lideresa del Partido Conservador y que fue vencida por la laborista Amanda Martin en Portsmouth North por 780 sufragios. El asunto es particularmente interesante si se considera que Mordaunt venció a Martin en 2019 por más de 15 mil votos. El caso británico confirma impecablemente el dicho mexicano de que en política, las derrotas no son eternas pero las victorias, tampoco.

Más allá de lo local, los electores del Reino Unido se preguntan qué pasará si llega a la Presidencia de los Estados Unidos   Donald Trump y su gobierno de centro-izquierda hoy, tenga que asumir decisiones complejas sobre crisis o conflictos internacionales, como le pasó a Tony Blair en su momento, dado que el nuevo primer ministro del gobierno es un abogado con amplia experiencia en derechos humanos y ha trabajado también para sindicatos y organizaciones en beneficios de los trabajadores. El argumento de los laboristas en ese pronunciamiento será sencillo, como partido en el poder estarían dispuestos a trabajar con aquella persona que eligiera libremente la sociedad estadounidense, pero eso aún no pasa y menos con la llegada de Kamala Harris al nuevo tablero de la elección presidencial en los Estados Unidos. El mundo sigue girando, y girando más hacia visiones políticas que buscan resolver las necesidades de la gente.

Así, el Reino Unido se va preparando para una complicada gestión interna y externa, delicada por el manejo de la situación en la Franja de Gaza y la fuerza geopolítica de otros actores cuya agenda multilateral es tan compleja y en algunos puntos, contraria a sus intereses. Los nuevos liderazgos nacionales de los países deberán prepararse mejor en todos los aspectos, veamos así cómo Francia en sus recientes elecciones giró contra la ultraderecha de Marine Le Pen mostrando que los electores galos son capaces de organizarse para votar a favor del menos malo cuando están en peligro los derechos fundamentales.

El caso británico señala una vuelta de tuerca en contra del conservadurismo de manera clara. Así, cabe preguntarse hacia dónde va la democracia en Europa, más allá del pensamiento general enmarcado en la Unión Europea. De eso se comentará más adelante.

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