El debate entre candidatos presidenciales decepcionó. No he escuchado ni leído a nadie que le haya gustado. Fue como un conjunto de ideas en pedacitos, que nadie ha logrado armar bien. Lo que no quiere decir que no tenga sentido hacer debates entre candidatos, aunque sean aburridos.
Claudia Sheinbaum siguió con un formato muy rígido: la continuadora de López Obrador. No tiene opción. Quizá no quiera tenerla, y más que una táctica para mantener el apoyo de Palacio Nacional y de Morena, su visión de la 4T sea propia y auténtica. Ya se verá, si gana la presidencia.
Más artículos del autor
A Xóchitl le faltó darles más fuerza a las razones de la alianza. Razones que son lo que está en juego en esta elección. Son la defensa de la democracia constitucional, de la autonomía de los poderes legislativo y judicial, del funcionamiento de los organismos constitucionales autónomos.
En vez de enfatizar esas razones, hizo acusaciones y presentó datos que pueden ser dudosos para muchos.
Máynez tuvo la posición más cómoda. No tiene mucho que perder, y sí mucho que ganar: pasar de ser un joven político prácticamente desconocido a uno que conocerá casi todo el país. No fue atacado (“ni lo vieron, ni lo oyeron”). Y pudo dedicarse a lo que muchos esperan de un debate: presentar propuestas.
Lo que casi no se ha mencionado es si el hecho de ser el único varón en la contienda presidencial lo va a favorecer. Si hay un voto machista en el país para el que votar por una mujer es impensable. Si existe es pequeño, u oculto, o las dos cosas.
Que no haya sido cuestión el género de los candidatos, al menos no cuestión pública, habla bien de la sociedad mexicana. Las contendientes con posibilidades son mujeres, y han sido criticadas por diversas razones, no por ser mujeres. Hay madurez en la sociedad mexicana en este tema.
Lo mismo en lo que se refiere a los ancestros. Nadie los elige, y el hecho de que una de las candidatas tenga antepasados judíos, una minoría en México, tampoco ha sido tema. Claudia Sheinbaum ha sido vista como una mexicana más, aunque no provenga de la religión mayoría en nuestro país. Otro rasgo de madurez.
Por su parte, los tres candidatos a gobernador de Puebla resultaron ganadores en el debate. Su desempeño claro, bien estructurado. Mostraron evidencias de su preparación para el mismo y de su experiencia política. Los tres tuvieron algún tropiezo.
Alejandro Armenta en su reiterado interés en presentar a Eduardo Rivera como candidato del PRI. Como si estar con el PRI fuera lo peor. Pero el círculo rojo en Puebla identifica al propio Armenta como un político con un ADN priista prácticamente puro. Que esté ahora en Morena simplemente lo confirma.
Eduardo Rivera en su mención al rey de España. No venía al caso. Recuerda en algo una presunta característica del Yunque: que esta organización añora la época de la Contrarreforma española, cuando los reyes de ese país eran los adalides del catolicismo. Rasgo presunto, y muy probablemente falso, pero la referencia al monarca hispano la trae a la memoria.
Fernando Morales resolvió una duda sobre la participación de Movimiento Ciudadano en esta elección: que está para quitarle votos a la oposición. Dejó claro su distanciamiento con Rivera, candidato de la coalición PRI-PAN-PRD, y su cercanía con el candidato de la alianza morenista, Armenta.
Fuera de esto, y en un aspecto más de fondo, parecería que la elección poblana tiene poco que ver con la federal. No se ve la polarización promovida desde el Palacio Nacional, ni la expresión de lo que está en juego según la alianza opositora: la defensa de las instituciones frente a los intentos de autocracia.
No es fácil imaginarse a Alejandro Armenta haciendo suya la narrativa de liberales contra conservadores, propia del jefe del Ejecutivo. Al candidato de Morena a la gubernatura se le asocia a Mario Marín, pero algunos de los que lo conocen lo asocian más a Melquiades Morales, ejemplo de conciliación y lo más ajeno a la polarización que hemos tenido en el estado.
Rivera no mencionó ni a Xóchitl Gálvez ni a las razones por las que él es ahora un candidato de una alianza en la que está su enemigo de toda su historia previa, el PRI. Las razones que le dan sentido a esa alianza son claras y trascendentes, pero el candidato no las mencionó.
El formato de los debates debe mejorar, pero al menos nos acercan a los candidatos.
Las opiniones vertidas en este espacio son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no representan necesariamente la línea editorial de e-consulta.