La corrupción es algo más que solo lubricar una maquinaria para lograr un objetivo individual.
Todos los años, se paga más de 1 billón de dólares en sobornos en todo el mundo enriqueciendo a corruptos y robándole el futuro a las próximas generaciones.
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Al cierre del año 2023, México se mantuvo por cuarto año consecutivo con una calificación de 31 puntos sobre 100 en el Índice de Percepción de la Corrupción. Transparencia Internacional nos ubica en la posición 126 de 180 países evaluados.
Para septiembre del 2023, Puebla, según el Sistema Estatal Anticorrupción, salió bien evaluado pues nueve de cada diez personas dicen no haber experimentado actos de corrupción, según la Encuesta Ciudadana de Percepción sobre la Corrupción en el Estado de Puebla 2023 (ENCIPC) diciendo que de 38 mil personas que participaron en el estudio solo 3 mil 290 en 22 regiones del estado dieron mordidas por una cantidad promedio de mil 130 pesos, por lo que el costo de la corrupción es de 3 millones 717 mil 709 pesos mexicanos, cifras que son atípicas a la realidad internacional y nacional.
Esta misma encuesta arroja por un lado que solo uno de cada diez vivió corrupción, pero por el otro lado dentro de la misma encuesta dijo el 95 por ciento de los encuestados que “está bien la corrupción política mientras salpiquen”; el 93 por ciento dice que “está bien tranzar para avanzar”, 90 por ciento considera que “está bien simular facturas para no pagar al SAT”; 89 por ciento está a favor de dar mordidas para no ser infraccionado; es decir, que en Puebla tenemos normalizada y aceptada la cultura de la corrupción, lo que evidencia no que solo el 1 por ciento experimentó la corrupción sino que existen nueve de cada diez personas que cree que lo que hace no es corrupción y solo uno tiene claro lo que es la corrupción. Esta calificación para Puebla no es para nada alentadora ni positiva, es una alerta enorme para quienes vivimos aquí y mayor para quien nos gobierna.
Para atender un fenómeno social, lo primero que se tiene que hacer es reconocer que existe, luego reconocernos como individuos que normalizamos la corrupción, para entendernos que eso nos hace ser una colectividad corrupta. Una vez teniendo claro lo anterior podremos identificar orígenes, causas, fuentes, motivaciones, polígonos de mayor incidencia, para focalizar acciones y que estas sean contundentes que puedan romper con ese ciclo atípico en el que estamos transitando.
Invisibilizar el fenómeno pretendiendo creer que no existe corrupción, hará que se agrave y se termine saliendo de control, aclaro esta no es una problemática que inició hoy o hace seis años, esta es una realidad que tiene décadas de ir construyéndose, motivando que hasta los procesos productivos, administrativos tanto de empresas como de instancias públicas lo tienen interiorizado y presupuestado que suceda, existen normatividad y procesos en la administración desde hace muchas décadas que cuenta con puertas traseras que incentivan la corrupción y hacen imposible continuar los procesos si no son impulsados por acciones que favorecen a la corrupción.
La corrupción es un fenómeno mundial social, político y económico complejo que afecta a todos los países que causa pobreza, obstaculiza el desarrollo y hace huir a la inversión.
La corrupción socava instituciones democráticas, disminuye el ritmo del desarrollo económico y contribuye a la inestabilidad gubernamental.
La corrupción ataca la fundación de las instituciones democráticas porque distorsiona los procesos electorales, pervierte el Estado de Derecho, crea lodazales burocráticos donde la única forma de existir es mediante la utilización de sobornos.
El desarrollo económico se atrofia porque un alto nivel de corrupción desanima la inversión extranjera directa y pone freno a los pequeños negocios que no logran superar los costos iniciales exigidos.
La pequeña corrupción, aquella que no llega a los titulares de los periódicos, aquella que se comete en pesos y centavos, es la que más cuesta pues ocurre una y otra vez, invisible, imperceptible, se repite decenas de miles y de millones de veces
Lo anterior nos obliga en tener que pensar en que más que solo acciones hacia afuera o políticas públicas, tenemos que romper con esta cultura de la tranza y la corrupción, transitar en una cultura de la no corrupción y la transparencia, urge que en centros educativos, instituciones públicas, escuelas de padres, clubs sociales; se construyen activaciones que evidencien primero qué es la corrupción y por qué no es buena para después visibilizar cómo combatirla, sino vamos a seguir pensando que la corrupción es todo aquello que no hacemos nosotros y que no vemos nosotros, cuando tal vez es eso lo que somos y lo que hacemos. Urge que Puebla se permee una cultura que rompa con los absurdos pensamientos de “el que tranza no avanza”, “está bien la corrupción mientras salpique”, o ese tipo de expresiones que son indicativos de un profundo sentimientos y pensamiento corrupto que tenemos normalizado en la sociedad poblana.
La transparencia es fundamental para lograr derrocar a la corrupción, pero no es solo con esto cómo se va a lograr. Existen procesos multisectoriales que realmente provoquen la interiorización de una cultura contra la corrupción que rompa con estos círculos viciosos que tanto daño están causando a todo el pueblo.
Por todo lo anterior es necesaria la reingeniería en materia de combate a la corrupción, por lo mismo es necesario establecer la Agencia Estatal Anticorrupción del Estado de Puebla, que pueda alinear y armonizar los esfuerzos en el Estado para romper con este lamentable flagelo que solo lastima y hiere a todos, pero más a los pobres, a quienes dependen de programas sociales e impulsos públicos para caminar en la ruta de salir de la franja de los más vulnerables.
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