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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Vida interna

Las competencias en un partido suelen ser más sórdidas que con rivales de otras organizaciones

Víctor Reynoso

Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.

Lunes, Marzo 11, 2024

El primer partido que en México ejerció el poder, el Partido Nacional Revolucionario (1929) se fundó con un objetivo muy preciso: poner orden a las disputas en la clase política mexicana. Las competencias y rivalidades dentro de un partido suelen ser más sórdidas que las que se dan con los rivales de otras organizaciones políticas.

Una preocupación muy actual. Primordialmente en Morena. Este partido se fundó con un claro principio de legitimidad: el carisma de López Obrador. Las decisiones importantes del partido han estado en torno a este líder. ¿Qué pasa si llega a salir de la escena política?

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Podría ser sustituido por otro liderazgo carismático. Fue el caso del PRD: AMLO sustituyó a Cuauhtémoc Cárdenas. Pero no se ve probable en el escenario actual. Por más cualidades que tengan los distintos dirigentes morenistas, nadie parece tener el perfil para sustituir el carisma del fundador.

Otros partidos han resuelto el problema con un liderazgo sexenal, como el PRI, cuando detentó el poder. O con el de los gobernadores, cuando quedó fuera de la presidencia. El PAN se centró en la institucionalidad escrita. Otros tienen algo que se parece más a “dueños” que a líderes, y así vienen funcionando, siempre como partidos pequeños, hábiles para las alianzas o para arropar liderazgos locales.

Pero no se ve ninguna de estas posibilidades en Morena. Ni un liderazgo sustituto, ni un “liderazgo institucional” ni reglas escritas que dejen satisfechos a los contendientes, ni “dueños” que tengan el control del partido.

En la primera parte de este sexenio, cuando los conflictos arrecieron en Morena, López Obrador amenazó con dejar ese partido. De inmediato los ánimos se calmaron. Pero no se ve fácil que el actual presidente continúe como líder del partido.

Ya ha dicho que no lo hará. Pero, aunque quisiera hacerlo, el desgaste personal y político lo limitarían notablemente. La edad parece ya pesarle. Y el balance de su sexenio está muy lejos de lo que prometió. Tiene todavía una aprobación superior al 50 por ciento (no muy distinta a la de Zedillo, Fox o Calderón). Pero hay desaprobación de muchas de sus políticas, como en seguridad, economía y salud.

Una solución es que la marca Morena se volviera valiosa en sí misma. No se ve fácil ¿Qué queda de Morena sin López Obrador? ¿Es realmente la 4T un proyecto? Cuestión para observar.

 

Las opiniones vertidas en este espacio son de exclusiva responsabilidad de quien las emite y no representan necesariamente la línea editorial de e-consulta.

 

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