En cada relato se abren posibilidades, surgen variables de tiempo, mezcladas con los intereses del lector, sus sueños, deseos, amores, celos, etc. de lo que fue formado durante años, por sus fieles artesanos, padres, hermanos, tíos, amigos, maestros, artistas: gritos lejanos que le hacen volver a la infancia, a los miedos, alegrías y aventuras.
Dos hermanos siempre son diferentes, aunque vivan en la misma casa, con las mismas personas, sus perspectivas de vida serán diferentes, lo que los hace felices, o les entristece: la propia música, si ellos aprenden un instrumento, los ritmos que les gusten serán diferentes; es decir, no hay un manual para el ciudadano ideal a pesar de que se piense en pro de la colectividad.
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Cada ser humano es diferente y cada uno debe ser tratado de manera especial, aun existiendo grandes ordenamientos y tratando de entrar en la intimidad de ellos, por medio del radio en sus casas, panfletos o televisiones como lo sugirió Orwell y Huxley.
Nada es aleatorio, porque entonces podría surgir un ser humano que busque acabar con toda la humanidad y se ha visto que buscan la superioridad de una raza o de un grupo para compartir el poder, aunque repriman a todo el pueblo, para ello se valen de la mentira, el odio y el cinismo.
La búsqueda del yo es algo que tenemos como consigna desde pequeños, desde hace milenios buscando ¿en un personaje de películas extranjeras?, ¿en un cantante?, ¿en la revista mensual y pensar que alguien adivinó por medio de las estrellas o las líneas de una mano?
No hay una búsqueda del nosotros, del mundo nuestro; eso es lejano y ajeno a la paz fraterna es algo tan elaborado que ni se medita, se piensa en la figura central, el machismo estructurado como la solución perpetua.