La disputa por la Presidencia de la República, las nueve gubernaturas y los más de 2 mil 500 municipios en México ha llevado a una contienda política de gran intensidad, sobre todo en Morena. La competencia inició prácticamente el 7 junio de 2021, es decir, al día siguiente de las elecciones intermedias. Un proceso largo en el que fueron protagonistas las y los interesados en incrementar su nivel de conocimiento, intención del voto y confianza de la ciudadanía.
Esa etapa sui generis en la democracia electoral de México se aceleró cuando Morena inició formalmente su procedimiento interno de selección de perfiles para la Coordinación de Defensa de la Cuarta Transformación para la Presidencia, luego para las gubernaturas, y finalmente para los espacios legislativos, así como los ayuntamientos. Es decir, la disputa por las coordinaciones fue toda una hazaña y continúa siéndolo, aunque también ha sido un momentum de reflexión, enojo y para mucha frustración. En la primera campaña el desplazamiento de las bases es quizá el mayor malestar.
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En una precampaña con precandidatos únicos, prácticamente se hizo un proceso rutinario, de trámite, oneroso para el erario y solo fructífero para la opinión pública, la realidad es que esta segunda campaña fue completamente innecesaria. La oposición y Morena tenían dichos ya sus precandidatos y solo se reafirmó el discurso ante los simpatizantes o militantes de las dos fuerzas políticas existentes en México.
En el caso de los municipios, diputaciones locales y federales no es así; la precampaña no ha iniciado y ninguna fuerza tiene claro a quiénes postulará, salvo en Puebla capital, donde Morena va retrasado y aún no define quién será su abanderado, situación que ha sido aprovechada por la oposición y que tiene entrampada a Morena. La disputa es por una auténtica continuidad, o una “vuelta en U” en nuestro propio movimiento.
Llegamos finalmente a la tercera campaña, la de adeveras, en la que se dejará atrás el eufemismo de coordinador y se usará el candidato, sin miedo a una sanción por parte de la autoridad electoral. No sin antes una etapa intermedia, preparativa, otro requisito: la intercampaña, misma que tiene la finalidad de dar oportunidad para la resolución de controversias jurisdiccionales y que va desde el final de la precampaña, hasta el inicio de la campaña en forma, es decir: la tercera y última campaña.
Este proceso electoral será recordado como el más largo, intenso y decisivo para la defensa, continuidad y consolidación de la Cuarta Transformación. Morena ha crecido demasiado, sin embargo, su crecimiento debe ser bien administrado; no se trata de ganar por ganar, y el fin, no necesariamente justifica los medios.
@ACarvajal06