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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Abbie Lathrop, “Piedra de Rosetta”

Su trabajo fue determinante para descifrar la genética animal y humana a principios de siglo XX

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Viernes, Enero 12, 2024

“Rosetta” es un arete o zarcillo adornado con una piedra preciosa a la que rodean otras pequeñas; “Piedra de Rosetta” se le llama al fragmento de una estela egipcia antigua con un decreto publicado en Menfis, en el año 196aC, que facilitó la clave para el desciframiento moderno de los jeroglíficos egipcio.

A Abbie Lathrop, maestra norteamericana del siglo pasado, la llaman “La Piedra Rosetta” ya que ella facilitó la clave para descifrar la genética animal y humana. A finales del siglo XIX Abbie tuvo el primer criadero de ratas y ratones para venta como mascotas y surtir laboratorios de investigadores. Era muy hábil para su crianza y venta y desarrolló una habilidad encomiable para cruzarlos creando diferentes, cepas que ubicaba en distintas colonias en su granja, donde en pocos años llegó a tener once mil ejemplares que identificaba y potenciaba sus rasgos -cuerpos más esbeltos, colores más interesantes o pelajes más suaves-, para hacerlos más atractivos ante los compradores. Para ello llevaba minuciosos registros en bitácora con todas sus acciones, observaciones y resultados. Los apuntes que realizó Abbie en su granja de ratones sirvieron de guía para interpretar en el laboratorio lo que a la genética animal corresponde -aplicable a los humanos. De ahí ser llamada Piedra Rosetta.

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¿Por qué ratones? Según el genetista William Ernest Castle, quien en 1902 compró sus primeros ratones a Abbie para experimentos en laboratorio, los rápidos ciclos de vida de los ratones los convertía en los animales ideales a observar para aprender sobre los traspasos genéticos entre generaciones. Otra razón por la que se utilizan como modelo en los estudios médicos es que sus características genéticas, biológica y de comportamiento son muy similares a las de los humanos, y muchos de los síntomas de las afecciones humanas son reproducible en ratones y ratas.

Abbie no se limitó a ser una proveedora logística de otros científicos, sino que llevó a cabo sus propias observaciones e investigación. En 1908 se dio cuenta de los problemas en la piel de algunos de sus ratones y escribió a sus clientes para preguntarles si los ratones que les había vendido mostraban el mismo problema. El patólogo Leo Loeb de la Universidad de Pensilvania, contestó diciéndole que había llegado a la conclusión de que se trataba de lesiones cancerosas. Estas cartas resultaron en una provechosa colaboración en la investigación contra el cáncer.

Abbie empezó a realizar experimentos con sus líneas de ratones en 1910, y el trabajo conjunto entre ambos es “el primer trabajo que establece una conexión entre determinadas líneas de ratones y el cáncer hereditario”, asegura la historiadora científica norteamericana Karen Rader. 

Los resultados mostraron que la incidencia de cáncer variaba de unas familias de ratones a otras, y que al cruzar a un ratón de una familia con una alta incidencia con otro de una familia de baja incidencia, los descendientes mostrarían la alta incidencia, y no la baja. Abbie y Loeb también descubrieron la conexión entre hormonas y cáncer: observaron que los tumores mamarios eran menos frecuentes en las ratonas que habían sido sometidas a una extracción de ovarios, y eran más frecuentes en las embarazadas.

El genetista William Ernest Castle entrenó a C.C. Little del Instituto Bussey, de la Universidad de Harvard, encargado de cuidar la colonia de ratones, para experimentar con las distintas líneas genéticas, que demostró que al cruzar ratones de la misma línea se podían preservar las variedades genéticas relevantes para una investigación. Little crió a C57BL/6J ("Black 6” o “Negro 6") a partir del ratón número 57 de Abbie que se convirtió en la cepa de ratón de laboratorio más utilizada a la fecha. Esto es relevante en la investigación oncológica, ya que significó la creación de líneas genéticas estables en las que estudiar las características biológicas y genéticas del cáncer, sin que las variaciones aleatorias o no controladas interfiriesen en los resultados, algo que sigue en la base de la investigación con ratones hasta hoy. Karin Knorr Cetina, socióloga australiana, escribió en 2009 de que al menos cinco de las principales cepas de ratones de laboratorio en uso pueden derivar de una sola hembra de Abbie.

Entre 1913 y 1919, Abbie y Loeb, basados en sus experimentos, fueron coautores de diez artículos publicados en revistas científicas de prestigio, como el Journal of Experimental Medicine y el Journal of Cancer Research. Sin embargo, Little fue el científico reconocido por sentar las bases de la experimentación con ratones híbridos, herencia y cáncer omitiendo el gran y significativo aporte e influencia de Abbie en la Historia de la Ciencia, en Genética en particular, a quien él, condescendientemente se refería como “una talentosa dueña de una tienda de mascotas”. A la fecha no hay investigación ni estudios serios sobre la vida ni los aportes de Abbie Lathrop a la Genética.

En 1929, Little fundó el Jackson Laboratory, que al día de hoy es el principal proveedor de ratones de laboratorio que surgieron de una hembra del criadero de Abbie, donde se conservan sus cuadernos, observaciones y registros de reproducción. A Abbie Lathrop se le llama también “Madre de ratones”. Murió en 1918 por una anemia perniciosa.

Referencias
Pérez Benavente, R. Abbie Lathrop, la «madre de ratones». Portal Mujeres con ciencia.
https://en.wikipedia.org/wiki/Abbie_Lathrop

alefonse@hotmail.com

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