Como ya se anticipaba, en este 2024 se presente el reto político-electoral más grande en la historia moderna del país, no solo por quienes simbolizan el retroceso, los beneficios personales, la corrupción y los acuerdos de privilegios, ellos cada día se exhiben más como lo que realmente son: un grupo cerrado, alejado y desinteresado de la realidad del pueblo, pero que vive a costa de él, solo dejan la duda de si es por torpeza o cinismo, porque en sus anuncios y discursos es muy clara su clara hipocresía.
El verdadero reto lo tenemos las y los mexicanos que luchamos durante casi todo lo que va del nuevo milenio para que México cambiara el rumbo hacia una verdadera alternancia; hoy más que nunca nos toca cuidar nuestro movimiento, pues en nuestro camino no hemos estado exentos de confiar en personas que traicionaron, no al partido, sino al pueblo mexicano.
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Si bien el Plan C para el futuro de México requiere de la suma de mujeres y hombres de todos los sectores sin distingo del poder adquisitivo que se tenga, también exige que los ideales sean genuinamente los mismos que comparte la corriente obradorista, es decir, que se ponga siempre por delante al pueblo, y que los más pobres tengan la prioridad. De ello depende que nuestra meta del país que merecemos sea alcanzada, o se desvirtúe en el camino.
Es cierto que diversos actores de distintos partidos políticos pueden realmente comulgar con esta convicción, pero también es posible que existen aún más oportunistas que sin importarles, o sin entender lo que significa este movimiento, pretenden engañar al pueblo para conseguir un cargo o posición que les sea de utilidad personal, desprendiéndose del compromiso social una vez alcanzado su objetivo.
Casos así, desafortunadamente ya hemos tenido, confiamos colectivamente en ciertos perfiles, que una vez en el poder tiran sus máscaras y traicionan el bienestar de las familias mexicanas, dañando, además, la gobernabilidad trazada estratégicamente de la mano de un plan sexenal, un plan estatal de desarrollo, o un plan municipal de desarrollo.
No podemos dejar del foco también a todos aquellos que buscan en un cargo de representación, un fuero que les permita seguir viviendo en la impunidad, sabedores de su ilícito actuar, se confunden y se marean, pues tarde o temprano, todo sale, y si algo hemos aprendido las mexicanas y los mexicanos, es que la justicia tarda, pero siempre llega.
De ese tamaño es el reto que como partido movimiento debemos asumir cuidadosamente: cerrarle las puertas a todas aquellas personas que se enriquecen con el dinero del pueblo, que engañan a la gente, que no recorren sus comunidades, y mucho menos sus distritos, y que por tal motivo se engañan al creer que conocen cuáles son los problemas del día a día.
Debemos tener cuidado de los cacicazgos, los pactos escondidos, y sobre todo, de todo aquel lobo disfrazado de cordero, porque esos son los que más dañan al partido, al movimiento, a la esperanza y a México.
Memoria de Regeneración
El 2006 fue un semillero de nuevos actores políticos, y corrientes que encabezaba Andrés Manuel López Obrador, al que los años le trajo grandes aprendizajes, pero no fue hasta 2012, que se aprendió la grandeza de todas esas lecciones. Solos no podíamos lograr el objetivo.
Para 2018, el movimiento regeneracional aplicó toda la experiencia acumulada, con el distintivo de haber permeado en las clases altas, con diversos empresarios, intelectuales, asociaciones y por supuesto, el músculo de siempre: amas de casa, campesinos, maestros, artistas, jóvenes, simpatizantes de todas partes, incluso fuera de territorio nacional.
Las derrotas de 2006 y 2012 nos hicieron un movimiento de fuertes convicciones, de experiencia y que se tradujo en la victoria de 2018, pero con este triunfo también nos tocó aprender que la confianza no es digna en todas y en todos, pues hay personas que viven engañadas, que se enferman de poder y enloquecen, o que simplemente son expertas en el engaño y las mentiras, y que en su hipocresía son verdaderos artistas, a ellos debemos cerrarles el paso.
Los años 2006 y 2012 nos hicieron fuertes, pero no esperábamos que 2018 nos enseñara que no podemos dejar de luchar, y que es responsabilidad de todas y todos cuidar los valores, ideología y convicciones de este movimiento, porque el objetivo no es alcanzar un cargo, la meta verdadera es ser el bienestar de todas las familias mexicanas, y el progreso del país que todos merecemos, por lo que el único camino siempre será la alianza verdadera con el pueblo de México.