A finales de esta semana, el 13 de enero, conmemoraremos el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, una fecha crucial para concientizar sobre este trastorno mental que afecta a millones de personas en todo el mundo y a la que incluso se ha considerado como uno de los grandes males del siglo XXI.
La depresión es más que simplemente sentirse triste. Es una enfermedad mental que impacta la vida diaria de quienes la padecen, afectando su capacidad para trabajar, estudiar y disfrutar de las actividades cotidianas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en el 5% de la población de adultos en el mundo viven con depresión, lo que destaca la necesidad urgente de abordar este problema de manera integral.
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Aunado a ello, esta cifra repuntó en gran medida tras la pandemia de Covid-19 e incluso se dice que tan solo durante el primer año de la contingencia sanitaria la prevalencia de la ansiedad y la depresión registró un incremento del 25%.
La propia OMS ha informado que este aumento afectó más a las mujeres que a los hombres, así como a los jóvenes, especialmente a los que tenían entre 20 y 24 años, incluso más que a los adultos mayores.
En México la situación no es diferente. La Secretaría de Salud Federal estima que la prevalencia anual de estos trastornos se da en casi una quinta parte de la población total. No obstante, las personas afectadas no presentan esos padecimientos en la misma intensidad, sino que van de trastornos leves en 33.9% de los casos, a moderados en 40.5%, hasta llegar a los trastornos graves o severos en el 25.7%.
Pero en este escenario lo más grave es que se prevé que para 2030, la depresión sea la primera causa de discapacidad mental en jóvenes y adultos, alentada muy probablemente por los mitos alrededor de este padecimiento que derivan en una atención inadecuada de la enfermedad.
Uno de estos mitos es pensar que la depresión es solo sentir tristeza o tener un mal día, ya que ésta se caracteriza por un bajo estado de ánimo, sentimientos de tristeza y desesperanza, asociados con alteraciones de comportamiento, grado de actividad y pensamiento.
Sin embargo, debemos tener presente que la depresión no sólo se afecta el ámbito funcional de la persona, sino que es uno de los factores que más aumenta el riesgo de presentar una conducta suicida.
Es por ello que resulta prioritario que las personas que la padecen tengan acceso a atención especializada, ya que es una enfermedad y por tanto sí tiene cura.
Desafortunadamente, la ignorancia y el estigma son barreras significativas en su lucha, por lo que es fundamental educar a la sociedad sobre los síntomas, las causas y los tratamientos disponibles.
Asimismo, se debe considerar que la soledad puede exacerbarla, por lo que fomentar la conexión social y construir redes de apoyo son estrategias clave. Amigos, familiares y comunidades pueden desempeñar un papel esencial al brindar apoyo emocional y práctico a quienes luchan contra este mal.
Al respecto, en países como Japón y el Reino Unido ya se han creado Ministerios de la Soledad, lo que en México conocemos como Secretarias de Estado, para aplicar estrategias y políticas públicas que promuevan los lazos entre los ciudadanos y disminuyan el aislamiento social al que muchos sectores de la sociedad se han visto relajado.
De igual manera es esencial garantizar un acceso fácil y asequible a recursos de salud mental, por lo que la inversión en la salud mental debe ser una prioridad en las políticas públicas y en la planificación de los sistemas de salud; esto incluye servicios de atención psicológica, terapia y medicamentos cuando sea necesario.
Un estudio realizado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) asegura que los países pertenecientes a éste sólo destinan el 4% de su PIB en políticas de tratamiento de salud mental.
En la lista, los países con mejor presupuesto son Francia y Noruega, con una inversión respectivamente de 15% y 13%. Por otro lado, Estonia y Chile son los países con las cifras más alarmantes, pues solo invierten 2,9% y 2,1% del total del presupuesto.
Tampoco podemos dejar de lado la conexión entre la salud física y mental, ante ello establecer hábitos saludables, como una dieta equilibrada, ejercicio regular y suficiente descanso, puede tener un impacto positivo en el estado de ánimo y ayudar en la prevención y tratamiento de la enfermedad.
Una de las alternativas que en los últimos años ha cobrado gran fuerza para su atención es la de la Psicología Positiva, la cual, mediante ejercicios y técnicas de reeducación cognitiva, ayuda a fortalecer la autoestima de los pacientes y a hacer frente de forma efectiva al estado depresivo.
Son muchas las alternativas que tenemos en nuestras manos para combatir este mal, iniciando por el que como sociedad debemos coadyuvar en tratar con empatía a todas y todos quienes nos rodean, porque muchas veces la depresión viene disfrazada de enojo y arrebato.
La Dra. Brené Brown lo ilustró muy bien en esta frase: “La empatía no tiene guion. No existe una forma correcta o incorrecta de practicarla. Es simplemente escuchar, respetar el espacio, retener el juicio, conectarse emocionalmente y comunicar ese mensaje increíblemente sanador de que ‘No estás solo’”.