Después de tres años de estar prácticamente encerrada en casa por la pandemia, al regresar en marzo del 2023 a una vida activa sin cubrebocas y sin sana distancia -con gran desconfianza-, fue complicado al no poder tener certeza alguna si estábamos o no protegidos contra el virus, -se creyera en él o no-; fue alucinante porque el encierro nos cambió la vida, pero nos abrió el magnífico universo digital con sus múltiples herramientas con las que pudimos conocer nuevas personas, nuevas formas y nuevos proyectos para relacionarnos personal y profesionalmente, y continuar con nuestras vidas de forma diferente con, quizá, cierta incertidumbre del futuro, pero creado una manera de seguir adelante.
Fue extraño volver a tratar de frente, en vivo y a todo color a las personas; volver a vestirse y arreglarse para salir a la calle, donde los zapatos de tacón ya no te acomodaron y, además, la moda cambió; y ese tiempo que la pasaste en casa fue de una manera muy cómoda, en pants o pijama ¡y engordaste!
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Este fin de año me doy cuenta de que mil días fueron muchos días, muchas horas, minutos y segundos que me cambiaron irremediablemente; me metieron en otra dinámica, otra mentalidad y otro universo con nuevos proyectos y planes, porque yo, también, ya no soy la misma.
Lo más importante y relevante de este 2023 que termina, para mí fue la boda de mi hijo por lo feliz que lo veo desde hace algunos años que vive en pareja con su ahora esposa.
Y porque la vida continúa, pero de alguna manera, empieza.
Que este 2024 nos traiga ante todo salud; que nuestra alegría de vivir se expanda, y que la única certeza que tenemos, el aquí y el ahora, ¡la vivamos plenamente!
alefonse@hotmail.com