Durante la transición a la democracia y la instauración de un sistema pluripartidista (1988-2012), que básicamente centró la disputa en tres fuerzas políticas, se estableció una alianza de facto entre las fuerzas conservadoras para impedir que la izquierda pudiera ocupar espacios de poder. Esta alianza la conocimos como PRIAN.
Luego de la descomposición por la inoperatividad y ambición burocrática del PRD, las fuerzas de izquierda se aglutinaron en torno a un proyecto político novedoso y articulado por el hoy presidente Andrés Manuel López Obrador, mismo que llegó al poder y desde 2018, el régimen político inició una transformación paulatina, pacífica y democratizadora.
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En este sexenio se ha repetido tanto por Morena, como por los partidos del viejo régimen PRIANRD, que la lucha política se disputa entre dos visiones, dos proyectos, sin embargo, la trama política cambió cuando Xóchitl Gálvez quedó abanderada por la coalición conservadora, pues nunca surgió el efecto Xóchitl y contrario a los pronósticos, la coalición, incluso decreció en preferencia electoral.
Ante este escenario, Samuel García, gobernador constitucional del estado de Nuevo León, en una semana como precandidato de Movimiento Ciudadano (MC) logró arrebatar la preferencia de la ciudadanía desencantada con la política, impregnar entre la población de 18 a 35 años e incluso con algunos sectores progresistas del país.
El efecto no fue Xóchitl, el efecto fue Samuel, lo que puso a temblar a la coalición del viejo régimen, pues su participación ponía en riesgo no la elección –misma que la saben pérdida–, sino cientos de espacios de poder en todo el país, e incluso hasta el registro del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD).
Para impedir su continuidad como precandidato, las fuerzas del viejo régimen obligaron a reasumir su encargo como gobernador de Nuevo León a Samuel, en una lucha de poderes constitucionales del estado fronterizo y ante la omisión del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) y de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).
Lo anterior conlleva varias lecciones, reflexiones y tareas urgentes, no solo para la oposición, sino también para Morena, pues el factor Samuel también tiene implícito un alejamiento de nuestro partido de las clases medias, las y los jóvenes, sectores universitarios, artistas y también con activistas y colectivas de derechos humanos.
Aunque no todo es sustantivo, hay que analizar a conciencia la fuerza que siguen teniendo las redes sociales y la relevancia que tiene contar con innovaciones comunicativas, crear nuestros propios medios, contenidos, y narrativas.
En síntesis, si bien frenaron a Samuel, no lograrán frenar esos sentimientos, percepciones y descontentos que capitalizó de manera hábil en tan solo una semana.
@ACarvajal06