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OPINIÓN

Inteligencia o espionaje, una sutil diferencia

Su sutil diferencia permite caer en la tentación del uso con fines personales y de partido políticos

Facundo Rosas Rosas

Ingeniero por la UAM donde obtuvo la Medalla al Mérito Universitario. Estudió maestrías en Administración, así como en Seguridad Pública y Derechos Humanos. Fue capacitado en inteligencia y análisis en EU, Colombia e Iraq. A lo largo de 25 años fue funcionario público en dependencias estatales y federales en materia de Seguridad Pública y Seguridad Nacional.

Miércoles, Noviembre 15, 2023

Lo prematuro de las campañas políticas de quienes ni siquiera se consideran candidatos a la presidencia de la República, gubernaturas, presidencias municipales y alcaldías de la Ciudad de México, así como otras coyunturas como la eventual ratificación de la Fiscal General de Justicia de la Ciudad de México para permanecer otros cuatro años en el cargo, han generado tal efervescencia que han vuelto a sacar a flote dos temas que parecían haber sido superados: la inteligencia y el espionaje.

No olvidemos que fue el Presidente de la República, quien a principios de octubre del año en curso, trató de deslindar a su gobierno de las labores de espionaje en contra de periodistas y activistas, realizadas con el software “Pegasus”, argumentando que esas prácticas ya no se realizan en su gobierno sino únicamente labores de inteligencia para combatir la delincuencia, pero sin aclarar la diferencia conceptual y de fondo entre ambas figuras.

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Cuando todo parecía indicar que el espionaje era cosa del pasado y de otros gobiernos, el periódico estadounidense The New York Times publicó un reportaje sobre este tipo de prácticas presumiblemente realizadas por agentes del Ministerio Público de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México en contra de  un alcalde que desde 2021 se perfilaba como posible candidato opositor a la jefatura de Gobierno, una activista y exmilitante del Partido Verde Ecologista de México y varios políticos más, incluidos algunos del propio partido en el poder (Morena); en total diez en una primera fase.

De acuerdo con lo publicado por el diario estadounidense y lo poco que algunos columnistas mexicanos han logrado conseguir, la solicitud de información a los proveedores del servicio de telefonía celular (Telcel), incluidas sus conversaciones, mensajes, geolocalización y conexiones a internet sin la intervención del juez, fue ilegal, pero para no levantar sospecha, dichos números telefónicos fueron incluidos en una lista de presuntos secuestradores, lo cual está permitido por la ley en la materia siempre y cuando se justifique que una víctima en cautiverio corre el riesgo de ser privada de la vida o que sus captores pudieran sustraerse de la acción de la justicia, lo cual en los hechos jamás sucedió y la investigación de los opositores al gobierno se prolongó desde 2021 hasta 2023.

En respuesta a la publicación en The New York Times, la Fiscalía trató de deslindarse, primero a través de su vocero diciendo que dicha institución no realiza labores de espionaje y que tampoco existían investigaciones en contra de los políticos y funcionarios mencionados en el reporte. En un segundo momento la propia Fiscal salió a decir que los oficios y documentos a los que se refirió el periódico estadounidense son apócrifos por lo que abrió una carpeta de investigación cuyo fin identificar y sancionar a los servidores públicos (Ministerios públicos) que hayan realizado la solicitud a la proveedora del servicio de telefonía, la cual en los hechos sí contestó los requerimientos.

Cabe aclarar que el término inteligencia se refiere al proceso mediante el cual se recopila, analiza e interpreta información sustantiva para la toma de decisiones que garanticen la viabilidad del Estado; pero si se hace con fines políticos y personales o de partido cae en la hipótesis del espionaje, como todo parece indicar que aconteció en la Ciudad de México.

También es necesario subrayar que la diferencia entre inteligencia y espionaje es tan sutil que es muy fácil caer en la tentación de hacer uso de la información con fines personales y de partido político, es decir espionaje, aprovechando esa delgada línea que lo separa de la inteligencia.

Por esa razón los verdaderos hombres y mujeres de inteligencia tienen muy claro su rol en las decisiones de Estado y no claudicarían nunca ante cualquier presión u ofrecimiento económico, a diferencia de los principiantes, maleables y faltos de carácter; ellos sí serían capaces hacer uso de la información con fines personales o de grupo, cayendo en lo que es el espionaje, el cual solo es bien visto en las películas, porque en la vida real es de lo más deleznable.

Otra característica de la inteligencia es que es clandestina más no ilegal, ya que si llegara a legalizarse perdería ese sutil encanto que ha atraído a tantos escritores y directores de cine, en cuyas obras lo que predomina es el suspenso y el drama, no así el concepto.

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