Cuando uno tiene oportunidad de recorrer las ciudades del país, también tiene la posibilidad de compararlas, de ponderar su riqueza cultural, su patrimonio, sus alcances urbanísticos.
Me llama la atención los casos de Puebla y Mérida, dos ciudades patrimonio y emblemáticas que caminan de la mano en términos de embellecimiento arquitectónico. Hay que andarlas de punta a punta para admirar su hermosura y su grandeza.
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Ahora que el gobierno de Eduardo Rivera decidió peatonalizar la calle 16 de Septiembre, se puede corroborar como cientos de personas, de familias, de turistas, tomaron las calles del Centro Histórico para disfrutarlas.
Fue un gran acierto político haber asumido esa decisión, porque esta administración dejó ver lo importante que es vincular la figura del patrimonio histórico y cultural con el factor ciudadano.
Es aquí donde se refleja, fuerte y directamente, el concepto de “tejido social”, de “cohesión social”, donde la “polis” (la ciudad) representa los intereses de la gente que la habita.
La ciudad pertenece a todos, a los niños, a los jóvenes, a los estudiantes, a los universitarios, a los adultos mayores, a las mujeres y hombres, a los obreros, a los profesionistas, a la gente del interior del estado. Pertenece a todos, sin distingos partidistas, sin ideologías ni doctrinas.
Hoy, la 16 de Septiembre luce preciosa con banquetas más amplias, más caminables, más seguras. Uno se puede sentar tranquilamente en las nuevas bancas porfirianas a descansar, a disfrutar las fachadas de las casonas, a leer un libro, a saborear un helado, a conversar.
El gobierno municipal debería hacer lo mismo con otras calles del Centro Histórico como las que están próximas a Los Sapos; la 3 Oriente; la calle frente a Palacio Municipal y la del Portal Morelos, incluyendo la que está a un costado de la Catedral (2 sur).
Sería un “hitazo” conectar o ampliar la calle del Barrio del Artista con la plazuela del Teatro de la Ciudad y el Parque de Dolores, convirtiéndolo en un corredor artístico de primer nivel.
Considero que la ciudad de Puebla debería incrementar, por ejemplo, el número de parklets (espacios de descanso) en las principales calles del Centro Histórico, donde los estudiantes y viajeros, gente de la ciudad, puedan sentarse a disfrutar de sus almuerzos, a tomar café.
Sería estupendo ver Puebla transitada por modernos y vistosos autobuses de transporte público como los tiene Mérida, el famoso “Va y Ven”, el Sistema de Movilidad Amable y Sostenible también conocido como “transporte del futuro”, que embellece las principales vías de la ciudad.
Esto no es algo inalcanzable o un sueño, es algo que se ha hecho, de forma acertada, en otras ciudades de México y del mundo; los gobernantes que toman este tipo de decisiones son valorados y calificados por la ciudadanía de manera insospechable.
Si los gobiernos quieren que en sus ciudades haya mayor participación ciudadana deberán realizar más acciones de esta naturaleza porque eso es lo que quiere la gente, los comerciantes establecidos, los turistas.
En fin, Puebla no debe estancarse, conformarse con tener una arquitectura de primer mundo si sus habitantes y los turistas no la disfrutan al cien por ciento, con mayor tranquilidad.
Puebla da para más, y para eso se tienen que sentar a platicar las autoridades de los tres órdenes de gobierno y hacer a un lado las diferencias que los caracteriza.
Bien por Eduardo Rivera, presidente municipal de este hermoso municipio que tiene un caudal de sitios y espacios con valor inapreciable; bien por los poblanos que saben aprovechar la enorme riqueza que tienen, más allá de sus diferencias. Bien por todos los servidores públicos, por construir una auténtica Ciudad de Diez.
@elmerando