La gran preocupación que se tiene en los diversos comités de Voz Ciudadana que se han construido a lo largo y ancho del estado de Puebla, es la identificación de un incremento de violencia que se vive de manera vertiginosa en nuestra entidad. Por un lado, la violencia por el control de la plaza de los grupos delictivos y por el otro lado, la disgregación social que estamos viviendo, factores que motivan una acelerada descomposición social que poco a poco está generando una mayor y más intensa violencia, criminalidad e inseguridad en el estado.
En el primero de los casos, se trata de la macro-criminalidad que se ha asentado por la recién creada industria poblana del fentanilo, incentivando un guerra por el control de la criminalidad local, de bajo y alto impacto, sumado a las desapariciones de personas, la trata de personas y una amplia gama de delitos del fuero local, motiva un coctel de violencia que da como resultado que de junio a noviembre del presente año se hayan registrado la ejecución de 42 personas, donde varios cuerpos fueron desmembrados, embolsados y encobijado.
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El pasado mes de octubre se le identifica como el más violento del 2023 con 79 asesinatos, recordando nuestro antecedente inmediato tampoco es de celebrarse pues en el año 2022 hubo mil 89 muertes por asesinato; es decir, que el año pasado en Puebla mataron diariamente a una persona cada 8 horas. Hemos pasado de casos aislados a sistematización de la violencia en el Estado y lo más grave es que no existen sanciones, a los detenidos los liberan sin castigo, las venganzas a quienes denuncian no se castigan tampoco, la corrupción, la colusión y la impunidad están más vigente que nunca en el Poder Judicial y en los órganos de procuración de justicia, prevención de la delincuencia, investigación y sanción de los delitos cometidos.
Invariablemente esta situación que se esta viviendo en el estado, afecta y modifica conductas sociales, generando en la sociedad frustración, desesperación, enojo, violencia por miedo, lo cual trae como consecuencia diversas conductas colectivas e individuales, riesgos colectivos (son los linchamientos) y los individuales como hacer justicia por su propia mano, conductas ambas que motivarán el incremento de la violencia como son las agresiones entre vecinos que han llevado a la muerte de alguno de ellos, de agresiones graves derivado de algún percance de tránsito, la brutalidad de los crímenes cometidos entre parejas, hijos, abuelos, etcétera, la emancipación de conductas sin restricción de quien piensa o se siente impune frente a la cifra negra que existe en el estado cometiendo actos de barbarie como violaciones, homicidios, torturas, incremento de crímenes cometidos por discriminación, hechos generados por el solo hecho de ser mujer, pertenecer a la diversidad o ser integrante de algún pueblo originario.
Urge hacer cosas diferentes para lograr resultados diferentes, no solo para evitar o detener la violencia, sino lograr una verdadera cultura de paz, entendiendo esta como: “no sólo la ausencia de conflictos, sino… un proceso positivo, dinámico y participativo en que se promueva el diálogo y se solucionen los conflictos en un espíritu de entendimiento y cooperación mutuos” (Declaración sobre una Cultura de Paz, resolución A RES/53/243 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, 1999). No podemos continuar caminando en la ruta de seguir haciendo lo mismo, pensando que en algún momento los resultados serán otros, por lo mismo dentro de la batería de acciones que como Voz Ciudadana identificamos:
Desde lo administrativo y el Poder Ejecutivo. Hemos propuesto desde hace varios años ya, la creación del Sistema Estatal de Derechos Humanos y Paz que se debe implementar a efecto de promover, alinear y coordinar los esfuerzos en el Estado de dignificación de derechos humanos, de procesos de paz, pero también de prevención de las violencias.
Desde el Poder Judicial del Estado. Se requieren de acciones de justicia transicional que rompan con la impunidad de los crímenes que se cometen y que motivan una puerta giratoria sin responsabilidad del culpable. Recuerden que los derechos humanos deben ver primero por las víctimas de delitos, por lo mismo es necesario que desde el Poder Judicial y órganos de justicia del estado se establezcan acciones de justicia, pero también que se cumpla con la verdad, la no repetición y la reparación del daño causado y todo esto no se podrá lograr si no existe la armonización de leyes en favor de la justicia transicional.
El Poder Legislativo debe velar por que se tenga un sistema estatal sólido y jurídicamente fortalecido, debiendo enfocarse a seguir impulsando normativas que dignifiquen los derechos de todas y todos, pero también armonizando la normativa existente e implementando las herramientas necesarias para que los tres poderes puedan actuar de acuerdo con un marco normativo moderno, accesible y viable para romper con la violencia.
Nada de lo antes mencionado se podrá hacer si no partimos de la consciencia de que urge para el estado de Puebla la creación de una Ley de Cultura de Paz que nos permita construir todo lo antes descrito. Esta propuesta de ley que se elaboró por Voz Ciudadana, la hicimos llegar al Ciudadano Gobernador del Estado porque es una normativa que requiere por principio la construcción de procesos administrativos para que sea viable en su funcionamiento, por lo mismo se propone y se presenta al Ejecutivo del Estado y no directamente al Poder Legislativo. Con esta ley lo que se pretende es contar con mayores herramientas que nos permitan construir procesos de deconstrucción en la sociedad civil para romper con la violencia sistematizada que hoy se encuentra en nuestro estado.
Romper con la violencia desde la sociedad civil será parte fundamental para romper con la macro criminalidad, pues la complicidad del pueblo no debe de favorecer al criminal; la complicidad de las personas debe de estar del lado de quienes buscan la justicia y la solidaridad de la gente mediante el principio pro persona y eso lo vamos a poder lograr deconstruyendo una sociedad para que sea más empática, armónica, comunitaria, preparada, sensible con un alto nivel de conocimiento de los derechos humanos, de los procesos de paz y de la cultura de la no discriminación.