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OPINIÓN

Los hijos y los enemigos

Si el Estado de Israel responde a la brutalidad de Hamás habrá mayores enfrentamientos en el futuro

Víctor Reynoso

Sociólogo por la UNAM, maestro en Ciencia Política por la FLACSO y doctor en Ciencias Sociales por El Colegio de México. Profesor jubilado de la UDLAP. Sus líneas de trabajo como investigador son sistemas electorales y sistemas de partidos en México, democracia y cultura política. Autor de diversos libros y artículos especializados.

Lunes, Octubre 16, 2023

No se trata de poner la otra mejilla, sino de calcular las consecuencias. Si el Estado de Israel responde a la brutalidad de Hamás con una brutalidad desproporcionada, estará dando lugar a mayores enfrentamientos en el futuro. Dos males no significan un bien, en ningún sentido.

Dicen que la frase es de Golda Meir: “Solo habrá paz en Medio Oriente cuando el amor por nuestros hijos sea mayor al odio a nuestros enemigos”. Judíos y palestinos (algunos de ellos) parecen estar lejos de esa situación. Están hipotecando el futuro de sus hijos. El odio por el adversario supera el amor por lo que debería ser lo más importante para ellos.

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De ambos lados es claro el fanatismo. Recordemos a Amós Oz: “El fanático no sabe sumar hasta dos. Dos es un número demasiado grande para él”. ¿Es sensato pedirle que piense en el futuro de sus hijos?

Escribió Oz que en Jerusalén había mucha gente buscando una de dos cosas: crucificar o ser crucificados. La acción de Hamás coincide con esto: asesinó a centenares de inocentes, sabiendo que las consecuencias serían el asesinato de centenares de palestinos. Crucificó buscando la crucifixión.

Y el Estado de Israel parece avanzar en la misma lógica. Masacrar el norte de Gaza para castigar a los líderes de Hamás, sin importar el daño que pueda hacer a víctimas inocentes. Un fanatismo de Estado que amenaza el futuro de judíos y palestinos.

El fanatismo interno se apoya en fanatismos externos. Se habla del apoyo de diversos países a alguna de las partes en disputa. Se habla poco de intentos de crear condiciones de convivencia pacífica y armónica entre los pueblos que ocupan la región.

Lo que se vive en esa región es una de las formas de la irracionalidad humana. Los medios contradicen a los fines. Nadie desea para su pueblo, para sus hijos, un infierno. Pero están haciendo cosas para hacer realidad situaciones de muerte, miedo, opresión.

No es, obviamente, el único caso. Haremos bien en tratar de ver nuestras formas de irracionalidad, la manera como generamos condiciones de vida contrarias a las que supuestamente buscamos.

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