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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Mi orgullo familiar

Angelina, mi abuela paterna, fue una visionaria para los negocios a principios de siglo XX

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Viernes, Septiembre 29, 2023

De mis cuatro abuelos, maternos y paternos, sólo conocí a mi abuela paterna, -Angelina-, Tita de cariño; mi abuela materna vivía cuando yo nací, pero murió siendo yo muy niña y no la recuerdo; ambos de mis abuelos fallecieron antes de que yo naciera, por lo que Tita fue la única abuela que traté.

Amén de su atractiva presencia física: tez blanca, cabello castaño claro, ojos verdes, labios delgados, nariz pequeña, complexión delgada, estatura mediana, vestimenta y caminar formal y elegante, de muy finos modales y visionaria para los negocios, ¡era todo un personaje!

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No sé exactamente de dónde era originaria mi familia paterna, conformada por mis abuelos y cuatro hijos: tres mujeres y un hombre; pero antes de la Revolución vivían en Tepeaca y eran dueños de la tienda más grande del lugar, donde en uno de los muros de Palacio Municipal todavía se lee en una placa de mármol, de 50x50 cm ‘Casa Villar’; además poseían varias hectáreas de canteras de mármol, donde mi abuelita y sus hermanos se echaban de resbaladilla. Al avanzar las tropas revolucionarias, mi bisabuelo vendió sus propiedades y emigró a la ciudad de Puebla donde compró una casa frente de la Catedral Metropolitana.

Tita se casó con un veracruzano hotelero y vivieron en Puebla; tuvieron cuatro hijos: dos hombres y dos mujeres, -mi padre el tercero-; mi abuelo murió muy joven por lo que mi bisabuelo materno le dio a ella su parte de la herencia para que mantuviera a sus hijos y con eso ella puso una zapatería en un local de la planta baja de la casa frente a la Catedral; tenían muy buenas ventas por el gusto tan exquisito de mi abuela. Así se inició de emprendedora, recién entrado el siglo veinte.

Ella escogía el zapato, lo compraba, lo exhibía y lo despachaba en su tienda, la ayudaban los hijos, principalmente mi padre. De ahí sacó para mandarlos a la escuela, y cuando mis dos tías siendo muy jóvenes se casaron, mandó a los hombres a instituciones de estudios superiores y ella siguió en el negocio zapatero hasta que mi padre se graduó, empezó a trabajar y se casó.

Por esos imponderables de la vida, mi abuela terminó viviendo con mis padres al año de recién casados. Y ella inauguró su segunda etapa de emprendedora. Salía de viaje en excursiones a diferentes países de   América, Europa y Asia; llevaba su dinerito para invertir en todo tipo de productos, -aún enseres de casa-, que se traía en maleta tras maleta tras maleta, -no había límite- para venderlos con todas sus amistades en Puebla. ¡Era fayuquera! ¡De las primeras en Puebla! ¡Orgullo familiar!

alefonse@hotmail.com

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