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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Colores

Esta reflexión en mi vida da cuenta que el único color que no tengo es el transparente

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Viernes, Septiembre 22, 2023

Al romper el alba a las cinco de la mañana de cada día, abro los ojos y me alisto para sacar a mis fieras a su paseo obligado; es una hora sagrada para nosotros porque no hay coches ni gente por lo que mis perros corren a sus anchas y mi gatita, que se asusta con la gente y los vehículos, puede pasear con alegría por donde se le ocurra.

Cuando pongo un pie en la calle al empezar a caminar, miro al cielo, todavía estrellado, y doy gracias al Principio Creador por estar viva, sana, con alegría de vivir, con mi maravilloso séquito, acompañándonos. Con profunda gratitud y ojos cerrados, respiro el aire fresco y húmedo por la brizna del amanecer y bendigo lo que nace desde mi corazón: a mi familia, a mis acompañantes, a los colores, los aromas, los números, la luz y la oscuridad, los sonidos, las estaciones del año, las flores, los árboles, las aves y todos los demás animales, ¡la Naturaleza y el Universo todo!

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Desde niña los colores y los números han llenado mi alma; hoy voy a hablar de los colores, desde los que se encuentran en la naturaleza, hasta los artificiales que el ser humano crea en todo lo que produce. Un gusto especial desde infante lo tengo en la ropa de colores y diseños novedosos, de tonos alegres y vistosos, combinaciones innovadoras y arriesgadas y, entre más contrastantes, mejor. En algún momento los colores lisos se combinaban con rayitas, cuadritos, cubos o flores, entre otros diseños, pero no era común combinar rayitas con flores, como se hizo después, que también usé por ser audaces.

Mi gusto y aprecio por los colores no sólo es en la ropa, accesorios y zapatos. Desde chiquilla veía a las personas según el color que emitían. Recuerdo que a un amigo de mí papá lo veía amarillo, no por ser mayor o tuviera hepatitis; a una amiga de mi mamá la veía verde, no por inmadura; a una amiga la veía rosa, no porque fuera bonita; a un amigo lo veía blanco con puntitos café, no porque hubiera tenido viruela, sino por su carácter voluble; percibía a las personas por los colores que remitían; igual me pasaba con las palabras que decían: las veía del tono que exponían.

Esta reflexión de los colores en mi vida, da cuenta que el único color que no tengo en mi repertorio es el transparente, la ausencia de color.

¡Benditos colores!

alefonse@hotmail.com

 

 

 

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