El trabajo es una de las actividades humanas fundamentales, no sólo por el aseguramiento económico para vivir en el mundo de manera digna, sino también porque permite que como sujetos nos sintamos valiosos, representados y útiles ante la sociedad. Pero, ¿alguna vez has pensado que tu género podría marcar tu carrera profesional? ¿Has considerado que algunas profesiones resultan más fáciles para ejercer si eres mujer, por las creencias arraigadas en la sociedad? Esto es una realidad, especialmente cuando se refiere a labores relacionadas con el cuidado del hogar y con la educación infantil. Sólo por un momento, regresa tu memoria a tu época de educación preescolar e intenta evocar los rostros de tus profesores. En tus recuerdos, probablemente encuentres más mujeres. Si es así, la estadística te respalda.
En México, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo para finales del año 2022, un total de 2.5 millones de personas estaban ocupadas en el trabajo doméstico remunerado, de esta cifra 90.2% eran mujeres y sólo 9.8% hombres. Esta misma encuesta, reportó que 228.086 personas estaban ocupadas en educación preescolar, de las cuales el 95.9% son mujeres y 4.1% son hombres, es decir, existen más hombres trabajando de manera remunerada en el hogar, que en la educación preescolar.
La enseñanza en educación preescolar es una profesión que es ejercida primordialmente por mujeres alrededor del mundo, labor en parte sustentada por las creencias que se tienen de la mujer, que a pesar de la diversidad de culturas, suelen coincidir en considerar la ternura, la docilidad y la capacidad de ser maternales como atributos que representan a las mujeres. Este motivo hace que culturalmente hace que sean vistas como las encargadas ideales de la educación en los primeros años, ya que la sociedad tiende a contemplar este nivel educativo como una continuación del proceso de crianza iniciado en el hogar, donde el niño pasa de estar dentro de una maternidad privada, en el seno del hogar, a una maternidad pública, en la institución educativa.
Por otra parte, la misma cultura que le atribuye a la mujer características acordes a la maternidad, generalmente le atribuye al hombre ser quien encarna la autoridad, la agresividad, la norma y el poder, por lo que en general, no son vistos desde la cultura como quienes deben encargarse de labores de cuidado o enseñanza en los primeros años de edad.
Este imaginario social es reforzado cuando hombres y mujeres escogen carreras o trabajos dentro del ámbito de la educación. Es frecuente observar mayor cantidad de mujeres en educación preescolar y primaria, mientras que es más común ver a los hombres laborando en educación secundaria, media y superior; o ejerciendo labores directivas. Esto hace que cuando un hombre desafía los estereotipos de género y decide incorporarse a la enseñanza en educación preescolar, es común que genere sospecha para su círculo social y la comunidad educativa, quienes probablemente lleguen a considerarlo como un potencial perpetrador y pongan en duda su masculinidad, según las ideas hegemónicas de lo que implica ser hombre, es decir, las normas de género propias de una sociedad.
Dentro de mi investigación doctoral que me encuentro desarrollando en la Ibero Puebla, he tenido la oportunidad de dialogar con algunos maestros de educación preescolar y un aspecto común de su experiencia es reconocer que no ha sido fácil trabajar en ese nivel, a pesar de que aman su labor. Algunos profesores sienten temores al ver los prejuicios respecto a los hombres y consideran que complejiza su labor de enseñanza. Reconocen que se han enfrentado a retos y han debido desarrollar estrategias para que la comunidad educativa, especialmente los padres de familia eviten considerarlos como una potencial amenaza a sus hijos. Una de ellas es estar siempre acompañado por las asistentes de educación preescolar, que, al ser mujeres, permiten que algunas familias se sientan más seguras.
Estos profesores ven su actividad docente como una manera de romper estereotipos y creencias relacionadas con la masculinidad, tomando un rol activo en el desafío a estas. Algunos consideran su rol como profesores de educación preescolar con un gran potencial de transformación social, al enseñarle a las infancias a ver el mundo sin tantas limitaciones asociadas al género, e incluso sintiendo temor de perpetuar estereotipos.
Cuando consideramos que la educación es la herramienta más poderosa para la transformación social, como educadores tenemos gran responsabilidad a la hora de construir una sociedad más justa, equitativa, que permita que sus miembros puedan hacer un digno aporte a su construcción dentro de la labor que les apasione realizar, sin importar su género. Es importante que podamos comprender que los hombres también pueden enseñar con amor a los niños y que a través de la educación ayudemos a construir una idea diferente de lo que es ser hombre dentro de nuestra sociedad.