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Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Armenta y Mier, ¿víctimas del nuevo centralismo?

Las candidaturas regionales y locales se deciden en el Centro, con buenas y malas consecuencias

Ociel Mora

Es vicepresidente de Perspectivas Interdisciplinarias, A. C. (www.pired.org), organización civil con trabajo académico y de desarrollo económico de grupos vulnerables; y promotora de acciones vinculadas con la cultura comunitaria indígena y popular. Su línea de interés es la Huasteca y la Sierra Norte de Puebla.

Miércoles, Septiembre 6, 2023

Las candidaturas locales se han rezagado en el nuevo calendario electoral, respecto del avance de la presidencial. No obstante que en un primer momento ambas se movían en paralelo; viento en popa.

Hace un par de meses la entidad se tapizó con la leyenda: “En la encuesta es Claudia…”, y no se qué cosa de un tal Julio. Incluso en los lugares más remotos y marginados se hallan bardas con la indicación. El titular de Gobernación estatal en ese entonces se careaba con Mier, y prometía rebasarlo al menor descuido.

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La muerte de Miguel Barbosa soltó las amarras de los más ansiosos por la contienda local, Alejandro Armenta y Nacho Mier. Malquerientes del finado. Sin embargo, ya sin su presencia, y en plena carrera sin freno, repentinamente, una fuerza poderosa los congeló de golpe, y sacó a Huerta de la contienda.

La explicación más obvia tiene que ver con los cambios que se han suscitado en este sexenio. Entre ellos el nuevo calendario electoral y la resucitación del centralismo en la designación de candidatos. Pero no sólo.

El nuevo calendario electoral, hay que precisarlo, es ilegal. Para burlarlo, el presidente ha tenido que recurrir a una red de argucias extrañas en las que la oposición actúa en consonancia. De no hacerlo, se retrasa.

De nuevo las candidaturas regionales y locales se deciden en el Centro, con sus buenas y malas consecuencias.

Miguel Barbosa, en la primera y segunda candidatura, y muchos presidentes municipales de la primera parte del sexenio, los designó el dedo del entonces candidato presidencial de Morena (2018).

En el breve periodo de democracia partidista, los gobernadores se arrogaron el derecho de elegir en todos los puestos de elección popular. Esa facultad se encuentra devuelta en las puertas de Palacio Nacional. Como en los buenos tiempos de partido único.

Melquiades Morales Flores favoreció la candidatura de Mario Marín, quedándose de brazos caídos. Mario Marín impuso a Javier López Zavala, y por lo bajo negoció con la señora Gordillo para favorecer al PAN, con Rafael Moreno Valle Rosas.

Moreno Valle, mucho más ortodoxo, y con un proyecto que tenía como fin la Presidencia de la República, primero impuso de gobernador al señor Tony Gali, por un breve periodo para homogeneizar las elecciones locales con las federales, y enseguida a su consorte, la señora Marta Erika Alonso.

No satisfecho con dos gobernadores al hilo, se reservó para él la candidatura al Senado.

En los seis años que gobernó formalmente y en el año y ocho meses que lo hizo a través del señor Tony Gali, Moreno Valle Rosas tejió una poderosa red nacional de complicidades, políticas y económicas, al amparo del bienestar de Puebla.

En política las lealtades de partido cuestan; y cuestan caro. Se pagan altos precios a costa del bienestar de la población.

Se decía, por ejemplo, que sólo en la Cámara de Diputados conformó una bancada de sesenta legisladores de todo el país que obedecían a su persona.

El cacicazgo político del exgobernador lo rompió de golpe la muerte repentina de la para entonces ya gobernadora, la señora Alonso, y la del propio Moreno Valle, senador de la República.

Una muerte tan misteriosa como la de Maximino Ávila Camacho, de quien el finado se declaraba admirador y para quien sufragó varios libros con la finalidad, supongo, de reivindicar su nombre.

La descentralización del presidencialismo a los estados, en el caso de Puebla, ha resultado catastrófico. Puebla se encuentra entre las cinco o cuatro entidades que concentra el mayor rezago nacional y con pobreza y pobreza extrema. En un breve periodo de cinco años ha contado hasta seis gobernadores.

El nuevo centralismo es la razón por la que aún no se decide nada respecto de quien encabezará las aspiraciones a gobernador en Puebla por el partido oficialista, Morena. A pesar de la presencia de dos candidaturas metidas con bisturí en los ojos de los transeúntes.

Esa condición ha inhibido también a la oposición panista, priista y perredista. La alianza de Va por Puebla. El alcalde capitalino, el más visible de los aspirantes, a ratos pareciera que el tema le disgusta.

Le falta vigor y audacia a su gobierno. Como el de la administración pasada, es un gobierno ineficaz e incompetente. Distante del sentir popular. Es una de las razones de la alta popularidad del presidente López Obrador.

Otra razón poderosa de la inacción en Morena la encontramos en la repentina irrupción de la señora Xóchitl Gálvez. Su presencia ha descompuesto los escenarios previsto por Morena a nivel nacional y regional.

Por primera vez en cinco años, la agenda nacional la marca Xóchitl (incluyendo el uno de septiembre, el llamado Día del Presidente, en la liturgia presidencialista), y por primera vez alguien, una mujer, le para los tacos a López Obrador.

El 2024 ya no será el día de campo que Morena había presumido, confiado en las desavenencias internas de los partidos de oposición y la falta de cuadros medianamente competitivos, que salieran a desafiar al presidente López Obrador.

Porque eso será la elección del año entrante. Un desafío al mismísimo Presidente de la República. No será una elección ordinaria más, como las últimas cuatro, regida por un órgano electoral confiable e independiente. 

Como se ha dicho por acá: en política lo único seguro es que no hay nada seguro. Cuando menos se lo esperaba el Presidente y Morena, se toparon con la horma de su zapato y eso los está obligando a cambiarlo todo. Entre Santiago Creel y Xóchitl hay una brecha de popularidad larga.

La señora Sheinbaum ha seguido religiosamente el ritual sucesorio. Ninguno de sus correligionarios ha seguido como ella el mantra cetemista de que “el que se mueve no sale”. No se ha movido un ápice de ese guion. Ahora, para ganar la presidencia le faltará mucho más que eso.

Queda claro que la eficiencia en Morena se mide por el grado de pleitesía que se rinda al presidente López Obrador. Sin embargo, esos son valores internos de Morena que no rifan fuera de él.

La señora Sheinbaum, en Puebla, requerirá de compañero de fórmula un candidato que la remolque ante los vientos de adversidad, y no que sea ella quien tenga que venir a sacar del pozo al ungido.

Por lo demás, no queda claro qué fórmula es mejor: que las designaciones de gobernador y alcaldes importantes se hagan desde la Ciudad de México, lista en mano, o en Puebla, toda vez que en ambos casos los electores son constreñidos al papel de mera escenografía.

Los partidos los sacan a la calle para legitimar decisiones previamente tomadas y, las más de las veces, contrarias al interés general.

Chayo News

Según su propio dicho, será hoy cuando el presidente López Obrador entregué el bastón de mando a quién resulte ganador en la encuesta para encabezar una esotérica coordinación de no sé qué comités del partido Morena; también entregará la coordinación del movimiento político llamado “partido Morena”. Muchos estábamos en el entendido que el Presidente estaba concentrado en las tareas de gobierno que protestó cumplir y hacer cumplir. Pero ahora nos enteramos que no. Pero nunca es tarde. Espero que ahora sí, ya sin la responsabilidad del “movimiento de transformación”, se concentre en el desempeño de los grandes problemas que prometió resolver, nomás sentarse en la silla, a cambio de que México le confiara el voto. México ya cumplió haciéndole presidente. Toca su turno.

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