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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

#TodosSomosUCA: Las universidades y el poder

La confiscación de la UCA de Nicaragua es un hecho grave de intolerancia a la crítica

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Agosto 28, 2023

Primero vinieron por los socialistas,
y yo no dije nada, porque yo no era socialista.
Luego vinieron por los sindicalistas,
y yo no dije nada, porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los judíos,
y yo no dije nada, porque yo no era judío.
Luego vinieron por mí,
y no quedó nadie para hablar por mí.

Martin Niemöller (1892-1984), pastor luterano alemán 

El pasado 16 de agosto, el gobierno dictatorial de Daniel Ortega y Rosario Murillo, que ha ido convirtiendo a este país centroamericano en una propiedad familiar que actúa al margen de todo estado de derecho, asestó un golpe más en contra de las personas e instituciones que han intentado ejercer el pensamiento crítico y la resistencia a este gobierno discrecional y absolutista. Se trata de la confiscación de la Universidad Centroamericana de Nicaragua.

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Como todos sabemos, Ortega fue líder del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que derrocó a la dictadura de Anastasio Somoza Debayle, tercer y último miembro de la dictadura somocista que inició con su padre en el período de 1937 a 1947 y tuvo un segundo período de 1950 a 1956, continuando con su hermano Luis Somoza Debayle que gobernó de 1956 a 1963.

Tachito, como se conoció a Anastasio Somoza hijo, fue electo presidente de Nicaragua a la muerte de su hermano Luis, asumiendo el cargo por primera vez el 5 de febrero de 1967. Entregó el cargo a una junta de gobierno y a través de un pacto conocido como Kupia Kumi (un solo corazón) en idioma miskito (1) fue reelecto en 1974, ejerciendo despóticamente el poder hasta 1979, año en el que fue derrocado por la revolución sandinista.

A la caída de Somoza, Ortega formó parte de la Junta de Reconstrucción Nacional que tomó el poder para instaurar un régimen que prometía ser distinto, democrático y constructor de la anhelada justicia que llevó al pueblo nicaragüense y a muchos sectores, incluyendo a intelectuales y miembros de la iglesia católica -y a la misma comunidad de la UCA- a participar en la revolución que derrocó a la dictadura.

Posteriormente, Daniel Ortega fue presidente de 1985 a 1990, entregando el poder al perder las elecciones ante Violeta Barrios de Chamorro. Fue derrotado en las elecciones de 1996 y de 2001, pero volvió a ser elegido presidente en 2006 y reelecto por tres ocasiones más en 2011, 2016 y 2021, sumando en total veintiséis años en el poder.

En estos últimos diecisiete años en el poder, Ortega ha ido construyendo progresivamente una dictadura cada vez más autoritaria y represiva que se potenció con su matrimonio con Rosario Murillo, actual vicepresidenta del gobierno. En este tiempo fue apoderándose progresivamente del poder legislativo y judicial y controlando a la prensa y a todas la instituciones, ejerciendo la violencia en contra de cualquier tipo de personas, grupos u organizaciones que se han atrevido a criticar su forma de ejercer el poder, llegando al extremo de encarcelar a los candidatos opositores en las elecciones del 2021 y a muchos líderes críticos de su gobierno y enviar al exilio a cientos de nicaragüenses, despojando a muchos de su nacionalidad.

La más reciente decisión autoritaria e ilegal ha sido la ya mencionada confiscación de la UCA, institución de educación superior jesuita que era la más antigua universidad privada de Centroamérica, fundada en el año de 1961. Las razones esgrimidas por el gobierno de Ortega y avaladas por el poder judicial fueron las acusaciones de ser un centro formador de terroristas y un peligro para la seguridad nacional. Al mismo tiempo que fueron requisadas las instalaciones y el patrimonio universitario, se expulsó a la comunidad jesuita de esta institución de su casa, argumentando que era parte de la universidad, a pesar de que se demostró con escrituras y documentos que era totalmente independiente de ella.

Las universidades, por su propia naturaleza, son comunidades de búsqueda de la verdad y por lo tanto son instituciones que tienen entre sus tareas de docencia, investigación, difusión y vinculación social, el desarrollo del pensamiento crítico, la generación de conocimiento y crítica a los poderes dominantes en lo económico, político o cultural sean del signo que sean y la búsqueda de la transformación social hacia el bien común desde su tarea intelectual.

Se trata, en el caso de las universidades fieles a su origen, historia y misión, de instancias públicas independientemente de que sus fuentes de financiamiento, sea público o privado. Por lo tanto, todas las instituciones universitarias resultan normalmente incómodas para los gobiernos y los sectores dominantes de la sociedad y en el extremo resultan intolerables para los regímenes autoritarios, tanto de extrema izquierda como de derecha radical, como en el caso que hablo hoy, de la UCA de Nicaragua o la de El Salvador -José Simeón Cañas- en la que durante el período de la guerra civil ocasionó en 1989, el asesinato de Ignacio Ellacuría S.J. rector en ese entonces de dicha universidad, junto con cinco sacerdotes más -cuatro españoles y un salvadoreño- y de la persona que apoyaba en el servicio de su casa y su hija.

La confiscación de la UCA de Nicaragua para crear en sus instalaciones y con sus recursos una universidad estatal alineada al régimen dictatorial de Ortega y Murillo es un hecho grave de intolerancia a la crítica y de ataque a la libertad de pensamiento, docencia, investigación, difusión y compromiso social. Un hecho que debería generar la indignación y el posicionamiento de las universidades y asociaciones de universidades tanto en Latinoamérica como en el resto del mundo.

Vivimos en una época anti-intelectual y anti-científica en la que se están multiplicando los regímenes populistas y también los gobiernos dictatoriales. En México, si bien estamos lejos de tener un régimen dictatorial y tenemos instituciones más sólidas que hacen contrapeso a las tendencias de descalificación y ataque a las universidades, hemos vivido y seguimos viviendo situaciones de acoso y destrucción de los apoyos e instituciones dedicadas al ejercicio de formación de ciudadanos pensantes y de generación de conocimiento crítico y autónomo sobre la realidad.

La expropiación de la UCA de Nicaragua debe hacernos reflexionar y mirarnos en ese espejo. Porque si hoy no decimos nada, si los universitarios y las universidades no decimos hoy #TodosSomosUCA, es posible que cuando vengan por nosotros, no quede nadie que hable en nuestro favor.

[1] Datos históricos obtenidos de: https://es.wikipedia.org/wiki/Anastasio_Somoza_Debayle

 

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