En tiempos en los que la catarsis de las acciones humanas configura y perpetúan un aparente estado de cosas ineludible e imprescriptible, la educación ha de ser el último recóndito en el que el pensamiento libertario se anime constantemente al plantarse la semilla para que el educando desarrolle y potencie su propia reflexión transgresora en oposición a la actual educación bancarizada. En ese sentido, el día en que la educación renuncie a construir la base de un pensamiento liberador, crítico y reflexivo como insumo base para el desarrollo de las naciones del mundo, ese día, el sinsentido será una constante y, por ende, un aliciente para perpetuar el precarismo de la actual sociedad que se debacle entre resilir o extinguir.
En el siglo XXI ser educador se ha convertido en un desafío mayor en el que la pugna entre lo tradicional y lo moderno crea enormes distancias entre los sectores sociales diferenciados. No es lo mismo tener acceso a herramientas tecnológicas y de la comunicación que no tenerlas, aunque el analfabetismo tecnológico también sea un nuevo déficit con el cual ha de cargar el educador y el educando en un mundo en el que abunda la información y, a la par, la desinformación, no es este objeto central que me convoca.
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Retomando palabras sabias del profesor Paulo Freire, la misión fundamental del educando ha de ser el propiciar la libertad de pensamiento del ser humano; “ser educador es cambiar la visión fatalista del perdedor, de aquel que no puede pensar por sí mismo.” (1). De forma que, el pensar y repensarse la educación en un escenario en que no se limite lo aprehendido al imaginario social instituido, se ha convertido en una necesidad en un mundo harto hastiado del frenesí del mercado, al tiempo que se la potencialidad creadora del individuo se confina.
Sin duda, los argumentos de Freire retumban en la educación intramural o tradicional que se resiste al cambio, a la curiosidad, a la apertura, ¡cambiar o resilir, obediencia o desobediencia!
La reflexión transgresora de los educandos se hace necesaria en tanto se adolece de ideas no alineadas, mas no innovadoras tal como lo publicita el mercado; la educación bancarizada es cómoda y garantiza estabilidad en un mundo de turbulencia, en la sociedad del riesgo a la que se refiere Ulrich Beck (2) que se transforma, transmuta y en su afán de adaptación a la vertiginosa sucesión de cambios sociales, económicos planta al individuo en un escenario de “depauperación civilizatoria”, misma de la que la educación libertaria será la barca salvadora.
La relación aprehensora que se sucede educando- educador, más allá de ser antagónica debe cultivar y maximizar la potenciación de las capacidades del individuo- en el entendido de la tensa relación entre “potestas” y “potentia” al que se refiere Baruch Spinoza en su muy conocida obra Sobre la Potencia de la Acción (3)- una reflexión transgresora constante e inmanente del educador hacia el educando, recurso último en contraposición a la educación bancarizada, a la educación del rendimiento y del consumo, a la educación tradicional que hoy empieza a mostrar su cara oculta a través de sus constantes vacíos y contradicciones.
Así las cosas, mientras aun persistan entes humanos susceptibles de pensar, repensar - es decir, de rumiar en el entendido de la devoción activa característica del pensador que no teme a embarcarse a la incertidumbre de un mar de conocimientos, tal como lo sostuvo Wittgenstein, la labor del educador será la de plantar el germen de la acción libertaria -
Entonces, la educación como un ejercicio claro de desobediencia a reproducir cánones de conocimientos aparentemente irremovibles debe ser, ante todo un proceso de constante demostración y experimentación, de duda y de respuesta, de antagonismo y de convergencia, de construcción y deconstrucción y viceversa.
En últimas, la educación ha de ser constante subversión donde el educando se hace de herramientas para comprender lo instituido en su historicidad y sus múltiples consecuencias, y, ante todo, para deconstruir una estructura alienante e ineludible, y construir un estadio en el cual confluyan las diversas pluri y multidiversidades de esos “otros” mundos posibles, a unir lo desunido desde las orillas del conocimiento a lo mejor menos catárticos que hoy día. Sin duda, ese es el llamado, el sello original de quien cree en la educación como potentia transformadora y transgresora de aquel velo impuesto por el cogito ergo sum. ¡Hoy día se requieren con urgencia y emergencia, educandos y educadores sentipensantes!
Notas:
Freire, P (1987) Pedagogía del oprimido (36 Edición) Montevideo, Siglo XXI Editores S,A.
Beck, U (1998) La sociedad de riesgo: hacia una nueva modernidad. Paidós Básica
Wittgenstein, L (1970) Tractatus lógico -Philosphicus.
Negri, A (2019) Spinoza: Otra potencia de la acción. Circulo spinoziano.