¿Golpear o violentar al rival?, es que así es la política
I
Quedé como candidata a la presidencia municipal en 2018. Se comenzaron a hacer las mesas políticas. Todos mis compañeros y compañeras que estaban en esas mesas venían de otros partidos políticos, llevaban años haciéndolo.
Y yo los observaba.
En algunas cosas me parecía interesante la manera en la que planteaban las estrategias, algunas otras no me gustaban. Y escuchaba, analizaba, y cuando sentía oportuno, comentaba mis opiniones.
II
Estábamos próximos a salir a la campaña. Y yo quería salir con estrategias, con propuestas, pero ahí no se estaba hablando de propuestas, se estaba hablando, en todas las mesas políticas, prácticamente, de cómo se iba a movilizar, de qué persona se iban a sumar, de qué personajes de otros partidos políticos se iban a venir a morena y eso iban a ser “golpes atinados en la percepción de la gente”.
Y yo no me sentía cómoda con ese formato, aunque lo estaba entendiendo. Estaba comprendiendo cómo lo hacían; cómo ellos estaban acostumbrados a hacerlo, pero yo quería que saliéramos con propuestas; yo quería que saliéramos con algo más construido y no sólo una movilización y sumatoria sin pies ni cabeza.
III
Morena nace con un Consejo Consultivo. Tiene, dentro de sus bases, la instalación de un Consejo Consultivo que es la parte que analiza, que inspira, que escribe, que desarrolla cómo es ese caminar, de cómo vamos a ir defendiendo esta cuarta transformación; de cómo la vamos a iniciar. De cómo la vamos a ir materializando.
Y entonces les propongo, a mis compañeros y compañeras, que hagamos, con el Consejo Consultivo, unas propuestas para que salgamos el primer día de campaña con nuestras estrategias y acciones de lo que serán acciones de gobierno en el ámbito estatal, en el ámbito federal y, por supuesto, en el ámbito municipal. Propongo que hagamos una lectura de los principios.
A mí me tocó leer la parte de los municipios, de lo municipal. Los ejes rectores que iban a estar considerados, las tareas con las que íbamos a trabajar e implementar. Lo hicimos en Museo San Pedro de Arte, ahí, en la excancha; ahí fue el primer evento.
IV
Y arrancamos la campaña y la mayoría de la crítica fue positiva. Nos llegaron algunas muy buenas críticas, sobre todo de morena, que decían que habíamos salido con técnica y propuestas, y eso me hacía sentir muy bien, porque yo había sido parte fundamental de esa estrategia.
V
Habían pasado solamente unos cuantos días, y la candidata a la gubernatura, pues, era una mujer.
Tenemos una mesa política, en donde me dicen: “Claudia, tú tendrás que salir a contestarle y a pegarle a esa candidata.” Yo utilicé la misma estrategia de las propuestas, dije: “Ya traigo una propuesta aquí. Leí y ya revisé las propuestas de campaña que traen. Ya tengo el análisis y hay datos estadísticos de cómo han fallado, de cómo esas acciones que han implementado han sido sesgadas. Es un enfoque que excluye a la población y sólo beneficia a los mismos de siempre, etcétera. Y, con las que nosotros salimos, en las propuestas que estamos trabajando en morena, entonces, tengo el cómo hacer el contraste. Ya tengo estas ideas -presente algunas-.” Y me dice Miguel, parándome en seco: “No, no, no, a ver, a ver, que alguien le explique, alguien explíquele. Nos referimos a que tienes que salir a pegarle. A ver, el equipo de ahí ya está preparando algunas cartas que hay que ir a presentar en forma de denuncia de alguna documentación.”
Cuando me las estaban describiendo, así, yo percibía que, probablemente, algunas de esas denuncias podrían tener información real o verdadera, y algunas otras eran falsas.
Lo que me estaban pidiendo en ese momento -y no sólo la voz que me lo pedía-, sino también mis demás compañeras y compañeros que no decían lo contrario, sino que, de cierta manera, asentían en que tenía que ir a denunciarla; denunciar a la candidata, aunque algunas de esas cosas fueran falsas.
El chiste era tenerla en un golpeteo político.
Y dije: “Es que no estoy de acuerdo en esas estrategias, a mí no me hace sentir cómoda ese formato. Yo prefiero el de las estrategias y contrastes técnicos, y creo que puedo hacer muy buena confrontación y puedo hacer muy buen contraste con datos duros.”
Terminó esa reunión hablando ya de otro tema. Y ahí mismo, pareció molestarles mi respuesta.
Y después hablaron conmigo otros compañeros representantes del partido a nivel estatal, diciéndome uno, de nombre Gabriel: “Es que entiéndelo, entiende al coordinador, así es la política, es que así se hace la política y mira lo que te está pidiendo.”
Y yo: “Sí, lo que me están pidiendo es que vaya y que afirme cosas, que le invente, y que salga y que la ofenda, que ofenda a la persona. Y que salga yo, porque ella es una mujer y, entonces, otra mujer le va a ir a pegar a esta mujer, eso es lo que me están diciendo, eso lo entendí y eso es lo que estoy diciendo que no quiero hacer.”
Y me dice: “A ver. Es que entiende que así es la política. Así se hace la política y si te está proponiendo eso, es porque te ve potencial y porque, además, tú eres muy joven, tienes una carrera por delante. Esta sería la mejor estrategia para demostrarlo.”
No ocurrió, por supuesto.
Y sí se enojaron.
Y sí empezó una animadversión hacia mí, pero esa fue una manera en la que, en mi persona, en mi carne, en mi pensamiento, en mi sentimiento, me di cuenta de que la política la hacemos las personas, la ejercemos las personas. Y mi posición me había generado que se enojaran conmigo y que, probablemente, no quisieran confiar en mí o apoyarme, pero yo no iba hacer algo de lo que no estaba convencida y de lo que yo sentía que causaba daño a la sociedad, porque así nos decían que así era la política, y yo me rehúso a creer que así lo era.
La hacemos las personas; y hay personas que haciendo política hacen violencia, hacen juego sucio o inventan, contratan a otras personas para que inventen calumnias, construyan falsedades, se denuesten unas contra otras, contratan medios y plumas y jamás juegan limpio. Porque bajo su lógica, así es la política, pero a mí me ha tocado confirmar y demostrar que hay otra manera de hacerla.
También se puede uno conducir con la verdad.
No permitirse el inventar, el infamar, el calumniar a nadie más, sino hacer juego limpio.
Dar la cara, aunque eso genere que a veces tus propios compañeros, o algunos de tus compañeros o compañeras, se molesten contigo, pero ese es el reto, también, de la transformación en la que estamos viviendo, en la que yo creo y en la que yo estoy inspirada.
Ese es el proyecto colectivo.
Eso es una parte profunda del proyecto colectivo.